
La activista española Ana Hurtado, conocida por su defensa de los regímenes de Cuba y Venezuela, ha reaccionado con evidente desconcierto al anuncio de una «transformación democrática» realizado por la presidenta encargada venezolana, Delcy Rodríguez, una de las principales figuras del chavismo durante los gobiernos de Nicolás Maduro.
«No estoy entendiendo. ¿Cómo que transformación democrática? ¿De qué se está hablando?», escribió Hurtado en Facebook el 29 de octubre, acompañando sus preguntas con un emoticono de sorpresa.
Horas después volvió a expresar su perplejidad al compartir una publicación del comunicador venezolano Miguel Ángel Pérez Pirela que anunciaba el discurso de Rodríguez sobre las transformaciones democráticas en Venezuela. Esta vez se limitó a colocar tres emoticonos de asombro.
La reacción resulta especialmente llamativa porque no responde a una propuesta de la oposición venezolana ni a una exigencia formulada por Washington, sino a las palabras de una dirigente que ha ocupado algunos de los cargos más importantes del chavismo y que ahora promete reformar el sistema político del que ha formado parte durante años.
Cuando el chavismo habla de democratizarse
En su intervención del jueves, Rodríguez anunció una transformación política e institucional, prometió elecciones organizadas por una autoridad electoral renovada y defendió reformas judiciales, garantías para la participación política y la protección de la propiedad privada.
También planteó la posibilidad de devolver bienes expropiados durante los gobiernos chavistas y reconoció abusos en la aplicación de la llamada Ley contra el Odio, utilizada durante años para perseguir expresiones críticas.
«Vengo del sistema que estamos transformando y cambiando, y no lo escondo», afirmó la presidenta encargada, quien se presentó como la persona indicada para conducir ese proceso precisamente por su experiencia dentro del Estado venezolano.
Los anuncios todavía deben traducirse en medidas verificables. Rodríguez no fijó una fecha para las elecciones ni explicó cómo se garantizará la independencia de las instituciones que promete reformar. Sin embargo, su discurso supone un cambio significativo respecto a la retórica tradicional del chavismo.
Y ahí aparece la contradicción que parece haber desconcertado a Hurtado.
Durante años, la española ha defendido los sistemas políticos de Cuba y Venezuela como alternativas democráticas y socialmente justas frente a las democracias occidentales, cuestionando las denuncias sobre la ausencia de libertades y el carácter autoritario de esos gobiernos.
En abril de este año publicó en Cubadebate el artículo «Cuba, ¿una dictadura?», en el que negó que el sistema cubano pudiera calificarse como dictatorial y sostuvo que la existencia de un partido único no implicaba necesariamente una dictadura.
Según Hurtado, en Cuba existe participación política y no se priva a los ciudadanos de libertad de pensamiento. Llegó incluso a presentar a las Fuerzas Armadas y al Ministerio del Interior como expresiones del pueblo uniformado.
Años antes había defendido que el proyecto socialista era «sagrado» y cuestionado que las críticas al gobierno cubano se expresaran públicamente en las redes sociales.
Ahora es una de las principales dirigentes del chavismo quien reconoce la necesidad de reformar instituciones, ampliar garantías políticas, revisar expropiaciones y corregir abusos cometidos bajo el propio sistema que Hurtado ha defendido a capa y espada como paradigma del «Socialismo del Siglo XXI».
Si el modelo revolucionario ofrecía ya las garantías democráticas que sus propagandistas proclamaban, ¿por qué necesita una transformación democrática de semejante alcance?
Una contradicción que también alcanza a La Habana
La perplejidad de Hurtado permite observar una tensión política más amplia entre el nuevo discurso de Caracas y las posiciones tradicionales del régimen cubano, que continúa defendiendo el papel rector del Partido Comunista y rechaza el pluralismo político.
La española, residente en Cuba y casada con Senén Casas Más, hijo del fallecido general Senén Casas Regueiro, mantiene una estrecha identificación pública con la dirigencia cubana y su proyecto político.
En fechas recientes volvió a reivindicar la figura de Raúl Castro y recuperó la consigna «Lío con Raúl, lío conmigo», popularizada por el artista oficialista Kcho.
Sus publicaciones no constituyen una posición oficial de La Habana, pero muestran el desconcierto que puede provocar entre defensores de la continuidad revolucionaria el lenguaje reformista adoptado aqhora por una de las antaño principales aliadas políticas del régimen cubano.
Rodríguez ha pedido que su gestión sea juzgada por los hechos. Por ahora, sus promesas no equivalen a una democratización consumada. Pero basta con que una dirigente histórica del chavismo hable de transformar democráticamente el sistema para que algunas de las certezas defendidas durante años por sus partidarios empiecen a quedar en entredicho.
Vídeos relacionados:
Archivado en: