
Roxana Calzadilla, una joven de 16 años que practicaba nado sincronizado en la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE) «Mártires de Barbados», en el municipio habanero del Cotorro, tomó este septiembre una decisión que marcará su futuro deportivo: no regresar al internado para el tercer año de enseñanza media.
Calzadilla, oriunda de Villa Clara, explicó a IPS Cuba las razones de su abandono con una frase que resume la crisis que atraviesan los internados deportivos cubanos: «El curso pasado enfermé y en el área de salud de la escuela no había ni tan siquiera una pastilla para bajarme la fiebre. No quiero volver a pasar tanto trabajo, prefiero estar en casa con mi familia».
La atleta reconoció que su decisión perjudica su carrera, pero consideró que las condiciones del internado —conocido localmente como «beca»— hacen imposible la permanencia.
El caso de Calzadilla no es aislado. La EIDE «Mártires de Barbados» integra una red de escuelas internas capitalinas de alto rendimiento que incluye también el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) «Vladimir Ilich Lenin» y la Escuela Nacional de Arte, todas golpeadas por la misma crisis estructural.
En la Lenin, que arrancó el curso 2026-2027 sin desayuno y con apagones que se extienden la mayor parte del día, la situación es igualmente grave.
Con más de 1,200 alumnos matriculados, el comedor solo ofrece almuerzo y cena, con un menú que se reduce a arroz, chícharos y puré de viandas; las familias deben aportar proteínas y cubrir el desayuno por su cuenta.
El agua no llega a los pisos segundo, tercero y cuarto de los albergues. La estudiante de décimo grado Claudia Alcántara describió la situación nocturna: «Solo hay corriente unas pocas horas al día. Cuando se acaba el horario docente y subimos a los albergues, se hace muy difícil estar todo el tiempo a oscuras».
Las cafeterías del plantel fueron arrendadas a negocios privados con precios que los propios estudiantes califican de prohibitivos. El gimnasio, el tabloncillo y el cine llevan más de cinco años fuera de servicio.
La atención médica depende en parte de donaciones externas, como las del proyecto «A Cuba hay que quererla», coordinado por el médico Amado Riol.
La propia ministra de Educación, Naima Trujillo, anticipó el panorama el 27 de agosto al presentar las directrices del curso: «Vamos a comenzar el curso con todas las dificultades».
Dailin Santana, madre de un interno de la Lenin, resumió el sentir de muchas familias en un mensaje dirigido a las autoridades: «Que sirva para que todos los directivos de Educación, la Unión Eléctrica, el Partido Comunista de Cuba, Aguas de La Habana y todo el que se sienta comprometido con el buen desarrollo de esta escuela, haga lo que tenga que hacer para que los futuros hombres de ciencias no carguen más agua, que su alimentación sea adecuada y que el fluido eléctrico no sea un alumbrón».
La crisis de combustible obliga además a que las salidas del internado se produzcan cada 15 días, lo que prolonga la estancia y eleva el gasto que deben asumir las familias.
El deterioro no se limita a la capital. La EIDE Lino Salabarría, de Sancti Spíritus, redujo su internado de unos 300 a apenas 100 alumnos para este curso, y en mayo pasado sus estudiantes debieron regresar de vacaciones por sus propios medios ante la falta de combustible.
La EIDE Julio Díaz, de Artemisa, inició el año con filtraciones en el albergue, ventanales rotos e instalaciones deportivas deterioradas.
A nivel nacional, el Instituto Nacional de Deportes (INDER) reportó una matrícula de 13,350 estudiantes en régimen de beca en las EIDE del país para el curso 2026-2027, con los Juegos Panamericanos de Lima 2027 como principal objetivo.
Sin embargo, el comunicador deportivo Carlos Hernández Luján advirtió que «se ha perdido mucho de la pirámide deportiva en Cuba» por la emigración de atletas y las limitaciones económicas.
Vídeos relacionados:
Archivado en: