
Meliá Hotels International cerró los nueve primeros meses de 2026 con un beneficio neto consolidado de 93,5 millones de euros, un 47,4% menos que en el mismo período del año anterior, según los resultados remitidos a la Comisión Nacional del Mercado de Valores el martes.
El golpe es aún más pronunciado en el beneficio neto atribuido a los accionistas: 67,1 millones de euros, frente a los 150,9 millones del mismo período de 2025, lo que supone una caída del 55,5%.
El factor determinante fue el cese de operaciones en Cuba, cuyo impacto financiero la compañía cuantificó en 79,8 millones de euros bajo el epígrafe de «actividades interrumpidas».
Los 34 hoteles y 14,053 habitaciones que la cadena mallorquina gestionaba en la isla figuran en sus cuentas como operación discontinuada, tras completar su salida el 24 de julio, poniendo fin a 36 años de presencia ininterrumpida desde mayo de 1990.
La salida fue consecuencia directa de las sanciones estadounidenses. Trump firmó el 1 de mayo la Orden Ejecutiva 14404, bajo cuya autoridad GAESA fue sancionada el 7 de mayo. Washington estableció un período de transición hasta el 5 de junio para que las empresas extranjeras cortaran vínculos con el conglomerado militar cubano.
En julio, la administración Trump amplió las sanciones al Ministerio de Turismo cubano y a otras nueve entidades estatales, eliminando cualquier margen legal para continuar.
El presidente y consejero delegado de Meliá, Gabriel Escarrer Jaume, resumió la situación en julio con una frase que evidenciaba la presión recibida: «La verdad es que no sabemos qué va a pasar. Estamos siguiendo las instrucciones del Departamento de Estado norteamericano».
Pese al impacto de Cuba, el negocio operativo de la cadena mostró solidez. Los ingresos consolidados sin plusvalías crecieron un 7,3%, hasta 1,707 millones de euros, mientras que el EBITDA sin plusvalías aumentó un 3,2%, hasta 443 millones.
La propia compañía reconoció en su comunicado que «el negocio subyacente mantiene un crecimiento sólido, liderado por España y apoyado en fortaleza de tarifas, mix de clientes y demanda».
El ingreso por habitación disponible (RevPAR) registró un alza aparente del 16,5% en el acumulado hasta septiembre, aunque la cifra está distorsionada por la salida de Cuba: excluido ese efecto, el incremento real fue del 7,6% en moneda constante, impulsado por mercados como Baleares y Menorca.
Los mercados financieros ya habían celebrado la decisión de abandonar la isla. Deutsche Bank mantiene a Meliá como su única recomendación de compra entre las hoteleras europeas, con un precio objetivo de 13 euros por acción. Banco Sabadell, por su parte, había calificado la presencia cubana como «una fuente de incertidumbre que ha estado penalizando al grupo durante años».
La salida de Meliá no fue un caso aislado. Iberostar, Barceló y Blue Diamond Resorts también abandonaron la isla en el mismo período, dejando sin gestión internacional más de 30.000 de las 86.559 habitaciones disponibles en Cuba, el 35% del total. Las pérdidas conjuntas de las empresas españolas se estimaron entre 80 y 100 millones de euros.
El coste para el régimen cubano es devastador. Según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), Cuba recibió apenas 477.707 visitantes internacionales entre enero y septiembre de 2026, un desplome del 65,1% respecto al mismo período del año anterior.
El primer ministro Manuel Marrero Cruz reconoció en julio que el 73% de las instalaciones hoteleras estaba cerrado y unos 25.000 trabajadores en situación de disponibilidad, eufemismo oficial para referirse al desempleo encubierto.
Los 34 hoteles que Meliá dejó de gestionar están en manos de empresas estatales cubanas como Cubanacán, Gran Caribe y Gaviota, esta última perteneciente a GAESA, pero sin la comercialización internacional que aportaban las cadenas españolas durante más de tres décadas.
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