
Jason Reding Quiñones, fiscal federal del Distrito Sur de Florida y artífice de la acusación formal contra el exdictador cubano Raúl Castro, presentó su renuncia este viernes al presidente Donald Trump con efecto inmediato, convirtiéndose en el tercer alto funcionario del Departamento de Justicia en abandonar su cargo en apenas dos días tras la derrota republicana en las elecciones de medio término.
La salida de Quiñones no fue voluntaria, según fuentes citadas por CNN. El fiscal fue presionado a renunciar por el liderazgo del Departamento de Justicia, a pesar de haber impulsado algunas de las investigaciones más controvertidas que el presidente Trump deseaba.
En una publicación en X, Quiñones no ofreció razones para su partida y se limitó a agradecer la confianza del mandatario. «El servicio público ha sido el honor de mi vida. Pero liderar la Oficina del Fiscal Federal en mi distrito natal ha sido especialmente significativo», escribió. «Me voy con un inmenso orgullo por lo que logramos juntos y con profunda gratitud por la oportunidad de servir a nuestra gran nación».
El fiscal general Todd Blanche reconoció públicamente la trayectoria de Quiñones al anunciar su salida. «Estamos agradecidos por el liderazgo de Jason en la lucha contra el crimen violento, el narcotráfico, la trata de personas y el crimen transnacional, incluida la acusación de Raúl Castro», escribió Blanche en X.
El mayor logro de Quiñones al frente de la fiscalía del sur de Florida fue precisamente esa acusación histórica: la imputación federal contra Raúl Castro por el derribo de dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate el 24 de febrero de 1996, en el que murieron cuatro personas.
Los cargos incluyen conspiración para asesinar ciudadanos estadounidenses, destrucción de aeronaves y cuatro cargos de homicidio. En octubre, una jueza de Miami firmó además una orden de arresto estatal contra Castro por conspiración para cometer asesinato en primer grado, sin derecho a fianza.
Sin embargo, la otra gran apuesta de Quiñones terminó en fracaso. Según un reportaje de CNN, el fiscal lideró la investigación de la llamada «gran conspiración», que utilizaba un gran jurado en Fort Pierce, Florida, para perseguir a exfuncionarios de las administraciones Obama y Biden por supuestamente haber conspirado contra Trump.
Quiñones prometió presentar cargos en cuestión de meses, pero nunca lo logró, lo que erosionó la confianza del liderazgo del Departamento de Justicia en él.
Sus frecuentes viajes a Washington fuera de su distrito solo recordaban a sus superiores ese fracaso, y el anuncio de su salida tomó por sorpresa a muchos en la propia oficina del fiscal federal de Miami.
Quiñones, nativo de Miami y graduado de la Facultad de Derecho de la Universidad Internacional de Florida en 2008, había sido nominado para el cargo por Trump en febrero de 2025, cuando ejercía como juez de primera instancia en el condado Miami-Dade.
El Departamento de Justicia lo describía como un «veterano condecorado con más de 23 años de servicio militar» en la Fuerza Aérea y el Ejército de Estados Unidos.
Su renuncia se suma a las de Harmeet Dhillon, jefa de la División de Derechos Civiles, quien dejó el cargo el jueves, y John Eisenberg, jefe de la División de Seguridad Nacional, que también anunció su salida este viernes.
Las tres dimisiones se producen días después de que los demócratas recuperaran el control del Senado —con al menos 54 escaños— y de la Cámara de Representantes en las elecciones del martes.
La salida simultánea de estos tres funcionarios complica seriamente la capacidad de la administración Trump para cubrir esos puestos mediante el proceso de confirmación, dado que el Senado quedó en manos de la oposición.
La Casa Blanca podría recurrir al nombramiento de líderes interinos para el tiempo que resta del mandato presidencial.
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