
Un jubilado habanero visitó esta semana el restaurante El Mandarín, en La Rampa del Vedado, y encontró un salón vacío, sin comensales y el bar del entresuelo clausurado. Lo que antes era un almuerzo cotidiano al alcance de cualquier trabajador cuesta ahora hasta 2,200 pesos cubanos por un solo plato, según el menú fotografiado en el propio local.
«En aquellos años de los noventas y primera década de este siglo los precios de la bebida y comida estaban al alcance de cualquier bolsillo y nos podíamos dar el gusto, en el horario del almuerzo —no tenía que ser día de cumpleaños— de entrar y disfrutar de las maripositas chinas, ravioles, arroz frito o simplemente tomarnos una sopa china o degustar un cerdo agridulce», escribió en Facebook Cesareo Navas y Morlanes, ex productor audiovisual del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).
«Ahora, por culpa de los de la 'continuidad', ya nada es igual: la mariposita cuesta 750.00 pesos, el cerdo agridulce 1,400.00 y así las cosas, de espanto», señaló Navas, usando el término con el que el régimen cubano denominó la gestión de Miguel Díaz-Canel como continuación de Raúl y Fidel Castro.
En la pizarra de El Mandarín aparecen, entre otros, la masa de cerdo llega a 2,200 pesos (145 gramos) y la picadera se ofrece a 1,300 pesos (188 gramos). Con la pensión mínima en Cuba de 4,000 pesos mensuales, un plato de cerdo agridulce en El Mandarín representa el 35% de esa pensión.
«Por la galopante e incontenible inflación más otros perversos daños que sufrimos el cubano de a pie y, entre ellos, los jubilados, no podemos disfrutar de ningún restaurante ni de otros centros turísticos. Estamos vetados. 'Hay pero no te toca'», lamentó Navas. Los precios del sector de restaurantes y hoteles en Cuba subieron un 39,11% interanual en septiembre de 2026, por encima de la inflación general oficial del 28,44%, según datos del organismo estatal de estadísticas.
Navas recuerda que el bar del entresuelo del Mandarín —conocido entre los trabajadores del ICRT como «el despacho del mezzanine»— era punto de encuentro de directores, camarógrafos, sonidistas, actores y productores. Allí, entre cigarros, rones y cervezas, se armaban equipos de trabajo y se fraguaban proyectos artísticos. Esa vida gastronómica y cultural de La Rampa pertenece hoy a otra era.
«Me decidí subir al Mandarín, no para comer o beber —mi billetera está y no está—, simplemente para volver a ver el lugar: ¡Qué desastre, arrastraron un muerto!, el salón vacío, sin comensales y, lo más triste, es ver el bar sin prestar servicio. CLAUSURADO», escribió el jubilado.
El Mandarín es un restaurante histórico de La Habana que aparece incluso en la película Memorias del subdesarrollo (1968), de Tomás Gutiérrez Alea. Navas cerró su publicación con una frase que resume el sentir de muchos cubanos: «¡Qué pena de país tenemos! Este mal no puede durar más.»
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