«El precio de los precios»: fotógrafo pinareño medita sobre el ascenso imparable del dólar

Billetes de dólar y euros (imagen de referencia) © CiberCuba
Billetes de dólar y euros (imagen de referencia) Foto © CiberCuba

Un fotógrafo y emprendedor de Pinar del Río puso en palabras este viernes lo que millones de cubanos viven en silencio: la brecha insalvable entre lo que se gana y lo que cuesta vivir en la isla, con el dólar superando los 900 pesos y sin señales de freno.

Mikely Arencibia Pantoja publicó en Facebook una reflexión titulada «El precio de los precios», en la que describe con precisión el impacto de la crisis cambiaria sobre la economía doméstica de los cubanos.

Captura de Facebook / Mikely Arencibia Pantoja

«El dólar sube sin control, supera los 900 pesos y amenaza con acercarse a los mil. Y aunque la mayoría de los cubanos no cobra en esa moneda, termina pagando las consecuencias de su cotización. Todo parece moverse a su ritmo: los alimentos, los artículos de primera necesidad, los servicios... todo», escribió Arencibia.

El dato que respalda esa percepción es contundente: este viernes el dólar se cotizaba en el mercado informal a 935 pesos cubanos como valor medio, mientras el euro planeaba en los 1.000. En apenas una semana, el billete verde subió 57,5 pesos, lo que equivale a un alza del 6,6% frente a los 878 CUP de siete días atrás.

El tipo de cambio oficial del Banco Central se mantenía en 793 CUP por dólar y 890 CUP por euro, muy por debajo de los valores que rigen en el mercado informal.

Para ilustrar el abismo entre salarios y precios, Arencibia propone un ejercicio aritmético: «Un profesional que recibe un salario de 6,000 pesos mensuales tiene hoy un ingreso equivalente a unos 6.60 dólares, tomando como referencia una tasa de 900 pesos por dólar. Es bien difícil imaginar cómo se organiza una economía familiar con semejante (in)capacidad de compra».

El contraste con la realidad es brutal. El salario medio estatal cubano se situó en 7,354 pesos mensuales en agosto de 2026, lo que al cambio informal equivale a unos nueve dólares. Estimaciones independientes calculan que el costo mensual de las necesidades básicas por persona oscila entre 50,000 y 96,060 pesos, entre siete y 13 veces ese salario promedio.

La inflación interanual oficial alcanzó el 28.4% en septiembre, con los alimentos y bebidas disparados un 42.66% respecto al año anterior.

Arencibia también apunta a los pequeños negocios privados, que muchos ven como tabla de salvación pero que tampoco escapan a la espiral: «Comprar mercancías, reponer inventarios y mantener una actividad comercial se convierte cada vez más en una carrera de obstáculos. Los costos suben y terminan trasladándose al consumidor».

Desde esa constatación, el fotógrafo lanza la pregunta que vertebra toda su reflexión: «¿De dónde saca realmente el cubano el dinero para vivir? ¿De los salarios? ¿De los pequeños negocios? ¿De las remesas? ¿De los familiares que ayudan? ¿De actividades informales, de varios trabajos o de una combinación de todo lo anterior?». Una encuesta de Cubadata registró que el 43% de los participantes afirmó no recibir nunca remesas, lo que deja a ese segmento de la población sin ese colchón externo.

La reflexión de Arencibia no es un hecho aislado, sino parte de una serie de textos que ha publicado a lo largo de 2026 y que han ganado amplia resonancia en redes sociales. En julio describió la pérdida del horizonte de futuro como fenómeno colectivo —«en Cuba hoy se vive mejor que mañana»—; en agosto denunció el «negocio de la miseria» que alimenta a especuladores; y en octubre analizó la paradoja de que quien necesita un producto vive en Cuba pero quien puede pagarlo está en el extranjero.

El marco macroeconómico respalda su diagnóstico. La CEPAL proyecta una caída del PIB cubano del 10.3% en 2026, la mayor contracción prevista entre las economías de América Latina y el Caribe. Entre 1.6 y 2.75 millones de cubanos habrían abandonado la isla desde 2020, según el Council on Foreign Relations, y lgran parte de los emigrados tendría menos de 35 años.

«El 'precio de los precios' no se mide solamente en pesos. Se mide en calidad de vida, en oportunidades perdidas y en el desgaste cotidiano de millones de personas», concluye Arencibia, antes de dejar abierta la pregunta que ningún funcionario del régimen ha respondido: «¿Hasta dónde puede sostenerse una economía doméstica cuando el costo de vivir crece mucho más rápido que la capacidad de ganarse la vida?».

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