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A más de 60 años de la Crisis de los Misiles de 1962, uno de los episodios más tensos de la Guerra Fría, nuevos testimonios familiares han arrojado luz sobre el papel que jugaron los pilotos estadounidenses encargados de las misiones de espionaje aéreo sobre Cuba.
Robert Primrose Jr., hijo de uno de los 11 hombres que volaron aviones U-2 en operaciones de alto secreto sobre la isla, ha revelado al medio ABC 27 detalles desconocidos sobre la experiencia de su padre en aquellos días críticos.
El mayor Robert Primrose Sr., piloto de la Fuerza Aérea de EE.UU., participó en la llamada "Operación Brass Knob", un conjunto de misiones de reconocimiento realizadas con aviones U-2 que sobrevolaron el espacio aéreo cubano a más de 21,000 metros de altura.
Desde esa altitud, lograron captar las primeras imágenes que confirmaban la presencia de misiles nucleares soviéticos en territorio cubano, lo que desató una confrontación diplomática que llevó al mundo al borde de la guerra nuclear.
Aunque Primrose Sr. sobrevivió a su misión sobre Cuba, falleció en 1964 en un accidente aéreo al aterrizar en Arizona, cuando su hijo tenía apenas seis años. “Creo que los vientos simplemente volcaron el U-2”, relató Robert Jr., quien también se convirtió en piloto y músico profesional.
Los pilotos de la Operación Brass Knob fueron condecorados con la Cruz de Vuelo Distinguido, aunque su sacrificio permaneció oculto durante décadas. "Como esto era tan secreto en ese momento, los pilotos nunca recibieron mucho reconocimiento por su servicio", afirmó Primrose Jr.
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Aunque por décadas fue objeto de mitos y teorías de conspiración, la CIA reconoció oficialmente en 2013 que el Área 51 —ubicada en el desierto de Nevada— fue el lugar donde se desarrollaron y probaron los aviones U-2 y OXCART, tecnologías claves en la estrategia de inteligencia estadounidense durante la Guerra Fría.
El U-2, diseñado por Lockheed Skunk Works, era capaz de volar a más de 72,000 pies (unos 22 kilómetros de altitud) y capturar imágenes de 125 millas de ancho mediante siete cámaras.
Desde esa base secreta salieron los vuelos de reconocimiento que, entre el 14 y 15 de octubre de 1962, detectaron los misiles soviéticos en Cuba, provocando una crisis diplomática de escala global.
Por tanto, el trabajo de Primrose Sr. no solo permitió identificar los misiles soviéticos en Cuba, incluso después de que Fidel Castro negara su existencia, sino que también fue clave para que el presidente John F. Kennedy enfrentara a Moscú con pruebas contundentes.
El 27 de octubre de 1962, durante un vuelo sobre la provincia de Oriente, un U-2 fue derribado por una batería antiaérea soviética. El piloto, el mayor Rudolph Anderson Jr., murió al estrellarse el aparato cerca de los cañaverales de Veguitas Tres.
Su cuerpo fue recuperado por las autoridades cubanas, preparado por médicos locales y posteriormente entregado al gobierno de EE.UU. en una ceremonia oficial en el aeropuerto de Rancho Boyeros, en La Habana.
Este hecho marcó el punto más álgido de la crisis. Castro, en conversaciones posteriores con el periodista Ignacio Ramonet, explicó que los vuelos espía U-2 eran una amenaza real para la seguridad de la isla y justificó el derribo como medida defensiva ante un posible ataque por sorpresa.
En medio de esa tensión, Castro envió una carta al entonces presidente del Consejo de Ministros de la Unión Soviética Nikita Jruschov, el 26 de octubre, advirtiendo que el pueblo cubano estaba listo para enfrentar al agresor “heroicamente”. La respuesta soviética del 28 reconocía el derribo y llamaba a la prudencia.
Finalmente, el líder soviético accedió a retirar los misiles a cambio de garantías de no invasión a Cuba por parte de EE.UU., sellando así el fin de la crisis.
Además de sus misiones sobre Cuba, Primrose Sr. voló 101 misiones de combate durante la Guerra de Corea, enfrentándose a cazas MIG soviéticos y salvando a otros pilotos de ser derribados, según registros de la Fuerza Aérea.
La historia del mayor Primrose y su familia reaviva la memoria de un capítulo clave en la historia de Cuba y el mundo. A medida que se desclasifican documentos y se comparten testimonios, se reconoce cada vez más el papel que jugaron estos pilotos invisibles, cuya misión contribuyó a evitar una catástrofe nuclear.
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