En una escena que rápidamente se viralizó y reavivó el debate sobre su salud, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pareció quedarse dormido este martes durante una maratónica reunión de gabinete en la Casa Blanca.
Las imágenes muestran al mandatario de 79 años cerrando los ojos durante largos lapsos, inclinándose en su silla y dando la impresión de luchar abiertamente contra el sueño, todo mientras sus funcionarios lo elogiaban efusivamente.
El momento más viralizado fue captado en un momento en que el secretario de Estado, Marco Rubio, tenía la palabra.
El episodio, que tuvo lugar frente a las cámaras de prensa, se ha convertido en un boomerang mediático para un líder que durante años ridiculizó a su predecesor, Joe Biden, por incidentes similares.
Y aunque la Casa Blanca niega rotundamente que Trump se haya dormido, la escena ha levantado nuevas preguntas sobre el estado físico del presidente más longevo en ocupar el cargo.
Una contradicción incómoda: de la burla a la siesta involuntaria
La reunión comenzó con una arremetida predecible de Trump contra la prensa y contra “Sleepy Joe”, su mote preferido para referirse a Biden.
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En un tono desafiante, proclamó: “Estoy más agudo que hace 25 años”.
A los pocos minutos, sin embargo, las cámaras captaron lo contrario: un mandatario visiblemente fatigado, con párpados pesados y una postura desganada.
Mientras Brooke Rollins, secretaria de Agricultura, exponía su informe, Trump se inclinó hacia adelante y hacia atrás en su silla, esforzándose por mantener los ojos abiertos.
Durante la intervención de Linda McMahon, secretaria de Educación, el presidente cerró los ojos durante cinco segundos, reclinó la cabeza y dirigió la vista al techo.
La escena se repitió durante la intervención del secretario de Estado, Marco Rubio, cuando Trump volvió a cerrar los ojos frente a las cámaras.
Una escena especialmente reveladora se produjo durante la intervención del secretario del Tesoro, Scott Bessent, y de la secretaria de Trabajo, Lori Chavez-DeRemer, cuando Trump permaneció con los ojos cerrados durante intervalos de entre 10 y 15 segundos.
La respuesta oficial: “Estaba escuchando atentamente”
La Casa Blanca reaccionó rápidamente.
Karoline Leavitt, secretaria de prensa, emitió un comunicado en el que afirmó que el presidente estaba “escuchando atentamente y dirigiendo toda” la reunión.
A modo de prueba, destacó que Trump intervino activamente al final del encuentro, lanzando una diatriba contra los migrantes somalíes y atacando nuevamente a los medios de comunicación.
Leavitt describió el evento como “la novena reunión del gabinete del presidente Trump en su segundo mandato, todas ellas totalmente abiertas a la prensa para que las viera todo el mundo”.
Subrayó que Trump “responde preguntas mucho más a menudo que su predecesor”, y que sigue siendo una figura pública activa y combativa.
Fatiga presidencial: ¿problema de salud o de ritmo?
Lo cierto es que esta no es la primera vez que Trump parece dormitar en público.
El pasado 6 de noviembre, durante un acto en el Despacho Oval, se le vio con los ojos cerrados durante varios segundos. En ese momento, también se justificó la escena como un simple momento de “descanso visual”.
Trump es conocido por tener hábitos poco comunes: duerme apenas cuatro horas por noche y comienza su jornada antes del amanecer, sintonizando Fox News y publicando activamente en su red social Truth Social.
Solo la noche anterior a la reunión, compartió 93 publicaciones en menos de una hora, algunas pasadas las 11:30 pm.
Según The New York Times, asesores cercanos habrían sugerido suavizar su agenda y permitirle más descanso, una idea que enfureció al presidente.
Trump considera cualquier insinuación sobre su salud como una agresión política y, hasta el momento, ha rechazado modificar su rutina.
“No me comparen con Biden”, ha exigido.
Y en tono irónico, comentó en la reunión: “Ya les avisaré cuando haya algo malo. Algún día lo habrá. Pero ahora mismo creo que soy más listo que hace 25 años. Pero ¿quién demonios lo sabe?”.
Transparencia bajo sospecha: la salud presidencial en la mira
En medio de la polémica, la Casa Blanca divulgó una carta médica del doctor Sean Barbabella asegurando que el presidente “sigue gozando de una excelente salud general”, basándose en estudios cardiovasculares y abdominales.
Sin embargo, varios especialistas consultados por la prensa han cuestionado la falta de detalles sobre qué tipo de pruebas se realizaron y por qué.
La opacidad en torno al estado físico de Trump ha sido una constante desde su primer mandato.
En 2020, causó revuelo una carta de su entonces médico, Harold Bornstein, en la que afirmaba que Trump sería “el individuo más saludable jamás elegido”.
En esta ocasión, se repite el patrón: se publican datos vagos que generan más preguntas que respuestas.
La cuestión de fondo no es si un hombre de 79 años cabecea ocasionalmente durante una reunión larga, sino la frecuencia con la que esto ocurre y el contexto en el que se da.
Trump ha hecho del ataque personal una herramienta política, y se ha reído insistentemente de los lapsos de concentración de su rival. Ahora, esas mismas imágenes lo persiguen.
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