La antigüedad, patente de corso del exilio

En Cuba nos unía la pobreza y el desaliento; en USA nos separa el dinero, la política y el tiempo de exilio acumulado. La antigüedad vale muchos puntos.

Cuban Day Parade/Wikimedia-Nightscream
Foto © Cuban Day Parade/Wikimedia-Nightscream

Este artículo es de hace 4 años

Mi tío paterno se fue a Estados Unidos a buscarse la vida en el 52, cuando Fidel ni pensaba que sería el dueño de nuestros destinos. Se instaló en Puerto Rico con otros tíos suyos que habían emigrado en los 40s y que le dieron apoyo logístico, económico y moral.

Me acuerdo que cuando mi padre leía sus cartas, decía, “Esta gente solo vive para trabajar; tienen tres empleos y hace años no cogen vacaciones. A veces se ponen bravos cuando les digo que descansen, y me dicen que nosotros los jóvenes recién llegados somos unos vagos”.

Mi padre siguió a mi tío en el 68. Sus cartas tenían idéntico tono a las de su hermano en su momento. Nos contaba la “incomodidad” de mi tío cuando se peleaba con él porque solo tenía dos trabajos y descansaba los fines de semana, pudiendo buscarse una tercera pincha. Además siempre criticaba a mi padre porque no se había apuntado a clases de inglés. “Los cubanos exiliados de ahora quieren que se les dé todo hecho”, decía mi tío.

Tengo amigos aquí que llegaron como mi padre, en los años 60 y seguro están leyendo esto. La mayoría están hartos de quejarse de la poca disposición para el trabajo de los cubanos que llegaron después, en los años 70, y han lamentado siempre el enganche “interesado” de esos nuevos inmigrantes a las políticas de ayudas sociales del gobierno y sus pocas ganas de pinchar.

Los cubanos que emigraron antes del Mariel, se han quejado toda la vida de los que llegaron con el éxodo marítimo, y los han estigmatizado hasta el paroxismo. Históricamente los "marielitos" han sido considerados delincuentes y vagos por lo que les precedieron. Pero los marielitos también han machacado a la hornada siguiente, los inmigrantes de los 90, a los que califican en su mayoría como espías y comunistas infiltrados.

Históricamente los "marielitos" han sido considerados delincuentes y vagos por lo que les precedieron. Pero los marielitos también han machacado a la hornada siguiente, los inmigrantes de los 90, a los que califican en su mayoría como espías y comunistas infiltrados

Esos cubanos "noventeros" que han sido vilipendiados hasta la saciedad, considerados por sus paisanos más antiguos como “agentes dobles” o simplemente “aprovechados”, que se beneficiaron de la ley de “Pies Secos, Pies mojados”, a su vez profesan un odio y desafecto profundos hacia los que llegaron en los primeros años del siglo XXI, porque los consideran “la vulgaridad misma” según he leído mil veces en las redes sociales.

Sin embargo esos “vulgares” de los 90 rápidamente han encontrado una presa fácil en los que han llegado en los últimos años. Veo por aquí gente que hace apenas 10 años que vive en USA, que trata a los recién llegados como piltrafa y los considera a todos basura social, aunque muchos de ellos ni siquiera se han sentado a estudiar el idioma del país que los ha acogido, ni de integrarse en su cultura.

Veo por aquí gente que hace apenas 10 años que vive en USA, que trata a los recién llegados como piltrafa y los considera a todos basura social

Debe quedar claro que estos son criterios generalistas. Ni todos los antiguos inmigrantes han sido intolerantes e insolidarios, ni todos los recientes son lumpen. Pero las etiquetas antes mencionadas sí que son una tendencia general.

En todas las épocas ha habido inmigración, de todos y hacia todos los países del mundo. La vagancia, el acomodamiento y la amoralidad no son patrimonio exclusivo de la nueva Cuba que exporta su mierda en balsas o a golpe de visas-bombo.

Pero los cubanos por lo general miran por encima del hombro a todo el que haya llegado después, aunque solo sean 6 meses más tarde. Eres el último y eres el peor.

Y en esta larga cadena de culpabilizadores y culpables, los últimos y los “más peores” siempre serán los cubanos que aún están allí. Todo cubano que lleve 5 minutos en el exilio ya mira al que se quedó como si fuera el demonio. Olvidan siempre que ellos mismos vivieron aquella circunstancia durante años, pero se niegan a hacer autocrítica y cargan contra los que se quedaron, como si todos los que permanecen en la Isla, lo hagan por comodidad o amor al comunismo. ¿Mala memoria o recochineo? Las dos cosas están mal.

Todo cubano que lleve 5 minutos en el exilio ya mira al que se quedó como si fuera el demonio

Veo a los chinos, que en cuanto llegan a cualquier lugar se ponen a trabajar en lo que sea, consiguen préstamos de sus amigos o parientes, levantan sus negocios, devuelven el dinero prestado y hacen sus vidas al margen del estado y de los bancos, porque se ayudan entre ellos. Es verdad que también se matan entre ellos cuando no cumplen con el pago de sus deudas, pero esa ya es otra historia; los cubanos delincuentes también mueren a manos de otros cubanos.

En general los chinos son un ejemplo de solidaridad paisana que no es posible encontrar en los cubanos de hoy. Tenemos varios handicaps que parecen insalvables: no nos tenemos confianza, nos odiamos por sistema y nos pisoteamos por deporte. Si a eso añadimos el estigma del racismo que algunos ya traían incubado en la Isla, y el bipartidismo político, que ha abierto una zanja ideológica abismal en la diáspora cubana en USA, entonces ya la cosa parece que no tiene arreglo.

Tenemos varios handicaps que parecen insalvables: no nos tenemos confianza, nos odiamos por sistema y nos pisoteamos por deporte

En Cuba nos unía la pobreza y el desaliento; en USA nos separa el dinero, la política y el tiempo de exilio acumulado. La antigüedad vale muchos puntos. Pero ya podemos caernos de culo machacando a los que se quedaron y a los recién llegados. Es solo un inútil intento de escamotear nuestro propio pasado.

Necesitamos memoria. Quizás cuando la recuperemos, recuperemos también la libertad.

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Carlos Ferrera Torres

Arquitecto, escritor y guionista nacido en La Habana, reside en España desde 1993, donde ha desempeñado su labor profesional como guionista de ficción y realitys en productoras de televisión como Magnolia y Zeppelin TV. Ha escrito varias piezas teatrales estrenadas en USA, Grecia, Argentina y España

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