¿Un cuentapropismo de bajo perfil para Cuba?

Se especula en la Isla sobre las rigurosas medidas que podrían llegar para los cuentapropistas, ya sea para castigar más severamente a los evasores de impuestos o recortarle los ingresos a los que más ganan.

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Trabajadora por cuenta propia en un agromercado. Foto © CiberCuba

Este artículo es de hace 3 años

Desde que en agosto de 2017 el Gobierno cubano aprobara una serie de medidas para el “perfeccionamiento sistemático” del sector privado, encaminado a “corregir deficiencias” y acabar con la ilegalidad, el cuentapropismo de la Isla ha estado en una especie de stand by.

Cierto es que de entonces (cuando se detuvo temporal o definitivamente la autorización de algunas actividades para ejercer por cuenta propia) a hoy, se ha fortalecido el control sobre la rama privada, pero la anunciada restructuración de la misma sigue sin ser un hecho.

Aunque muchos pensaron que al concluir la presidencia de Raúl Castro habría un pronunciamiento oficial al respecto, la incertidumbre continúa empañando la evolución de los emprendedores cubanos, quienes aportan casi el 18% de los ingresos brutos de la economía nacional.

Informaciones filtradas y comentarios que han hecho ola en la opinión pública han permitido especular sobre las rigurosas medidas que podrían llegar para los cuentapropistas, ya sea para castigar más severamente a los evasores de impuestos o recortarle los ingresos a los que más ganan.

Si bien se ha reconocido la “incuestionable” validez del cuentapropismo como suministrador de empleo, bienes y servicios, Gilberto, taxista particular de La Habana, piensa que el recrudecimiento de las regulaciones confirmaría que a los ojos del Gobierno la apertura no estatal ha ido demasiado lejos.

De acuerdo con un trabajador privado de Viñales (llamémoslo Martínez), “sigue existiendo el tabú de que el desarrollo del sector no estatal puede afectar al país. No hacen falta patentes más específicas. Que abran. Que tenga un negocio todo el que pueda tenerlo. No importa cuánto se ingrese, sino pagar el impuesto que corresponda”.

Martínez, un trabajador privado de Pinar del Río: Sigue existiendo el tabú de que el desarrollo del sector no estatal puede afectar al país. No hacen falta patentes más específicas. Que abran. Que tenga un negocio todo el que pueda tenerlo. No importa cuánto se ingrese, sino pagar el impuesto que corresponda.

Martínez considera que hacer mucho dinero no significa que se esté haciendo algo ilícito. Dice que “muchos cuentapropistas tienen miedo a declarar y evaden los pagos no para buscarse dos o tres pesos más, sino por temor a que les limiten sus ganancias. Es mejor no marcarse y mantener un low profile (perfil bajo) hasta ver qué pasa”.

“Los cuentapropistas no tenemos confianza en el banco y eso debe cambiar para que haya un verdadero avance económico. Podríamos incluso invertir en el país. Las inversiones en Cuba no tienen que provenir solo del extranjero”, asegura quien ha sido por más de una década arrendador de habitaciones en uno de los principales destinos turísticos de la Isla.

A tenor con Martínez se comenta que “van a dejar arrendar un máximo de dos habitaciones, cuando hasta ahora permiten cinco. Y yo no creo que haya que limitar la cantidad, sino pagar más en la medida en que se renten más cuartos. Lo mismo pasa con los restaurantes. Si tú quieres tener 20 sillas, pagas por 20; pero también hay que darle la posibilidad al que quiere tener 150 de que las tenga”.

No obstante, explica Eduardo, propietario de una pequeña paladar habanera, los rumores indican que se permitirá solo una licencia por casa para operar un restaurante, cafetería o bar, lo que limitaría a 50 el número de asientos por establecimiento. “Eso afectaría grandemente a restaurantes que tienen capacidades para 100 personas o más porque funcionan con varias licencias”.

Los rumores indican que se permitirá solo una licencia por casa para operar un restaurante, cafetería o bar, lo que limitaría a 50 el número de asientos por establecimiento

Por otra parte, la agente de telecomunicaciones Yeny está disgustadísima porque “se supone que quien trabaje más es el que más fruto obtiene, pero aquí todo es al revés. Vendo mucho porque prácticamente no me muevo de la casa. Tengo una clientela amplia porque trato bien a la gente y siempre tengo todo tipo de tarjetas”.

Cuenta Yeny que estaba muy bien como cuentapropista hasta que hace unos meses rebajaron sus ganancias por la venta de tarjetas en divisa. "La moneda nacional se mantuvo igual. Antes por cada 100 tarjetas de recarga móvil que vendiera yo ganaba 50 CUC; ahora, 15”.

Para esta joven “no está bien que el por ciento no sea parejo para todo el mundo. Tomaron la decisión de diferenciar los por cientos de venta (diez, siete, cinco o tres) sin consultárnoslo primero. Contradictoriamente, ahora quien más vende es quien menos obtiene (3%) y al que vende poquito, le dan el diez. Eso hizo que muchos entregaran su licencia.

“He oído que pondrán fijo el 7% como ganancia. Eso sí nos beneficiaría. Yo pago mi licencia puntualmente y apoyo que el impuesto sea mayor para el que más venda. Solo quisiera que nos dejaran hacer”, resalta.

En otras palabras, el cuentapropismo cubano abogaría por darle mayor libertad a su empresa y un mejor uso a su capital, sin prescindir de un marco jurídico justo.

Un estudio del Havana Consulting Group demuestra que, al ponerse en pausa el desarrollo del sector privado antillano hace 11 meses, el poder adquisitivo de los cuentapropistas había aumentado diez veces más que el de los trabajadores estatales.

No sin la ayuda de las remesas enviadas desde el exterior, el cuentapropismo generaba entre 2.5 y 3.8 billones de CUC anuales, según demuestra el artículo. El mismo coloca a los restaurantes, servicios de belleza (masajistas, peluqueros, barberos, manicura, maquillistas), casas de renta, las telecomunicaciones y el transporte entre las actividades más lucrativas de la rama privada cubana.

A mediados de 2017, eran 567.982 los cuentapropistas en el país, un 12% de la fuerza de trabajo. Se plantea que otro medio millón de cubanos trabaja por cuenta propia de manera informal.

Actualmente tienen trabajo en Cuba 4.474.800 personas. La mayoría (alrededor de 3 millones) está contratada por el Estado y 1,3 millones son cuentapropistas. En este dato se incluyen las cooperativas agropecuarias y no agropecuarias. Según el Gobierno, el número de trabajadores por cuenta propia ha aumentado pese a la paralización de las licencias hace ya casi un año.

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