Mujer en tacones altos. Foto © Pixabay

Universitaria, oriental y prostituta comparte su vida con un proxeneta que conoció en la tumba de Yarini

Este artículo es de hace 2 años

Una joven universitaria, procedente del Oriente de Cuba, que desde hace dos años vive con su novio, proxeneta, en la capital de la Isla, asegura que el crecimiento de esos “males” en el país está asociado a la pobreza y la indigencia.

En una entrevista concedida a Cubanet, la muchacha, quien cursa una carrera de humanidades en la Universidad de La Habana, afirma que ninguno de sus compañeros sabe a qué se dedica. En dos años se graduará y hará su tesis sobre la prostitución en la Isla.

Conoció a su pareja de forma traumática. Ella caminaba por la calle de madrugada cuando un auto se detuvo a su lado y salieron dos jóvenes que la obligaron a entrar a la fuerza. Él era uno de ellos, pero ante sus gritos, desobedeció a los otros e impidió el abuso.

A los tres meses se volvieron a encontrar en la tumba de Yarini. Ella solo estaba interesada por un artículo que había leído en una revista; él en cambio, iba a ponerle ofrendas a quien un siglo atrás se había hecho famoso ejerciendo su misma “profesión”.

Se reconocieron, hablaron… y se enamoraron. Llevan dos años juntos, y ella afirma que entiende su modo de vida.

“Él es hijo de una prostituta y de un ‘yuma’ que jamás se enteró de su existencia. Su madre estuvo presa en dos ocasiones y su abuela, como ocurrió con su madre, no supo educarlo. La infeliz tuvo que ocuparse demasiado en procurar la comida del nieto”, dijo.

Hasta que un día ella decidió prostituirse, a escondidas. Cuando el joven lo supo se molestó, pero ella lo convenció: “Si tu trabajas, yo también”, fue el argumento.

“Ahora vivimos mejor, tenemos rentado un apartamentico y no pasamos hambre”, reveló.

“La figura del proxeneta no tiene por qué estar asociada al abuso. Él y yo existimos porque el país está repleto de miserias y de allí salen los vicios, los peores comportamientos”, aseguró.

En su opinión, la prostitución no es criminal, porque quien la ejerce no actúa con fuerza, llega a la cama por el deseo del cliente y de ella. Al proxeneta lo ve como alguien capaz de asegurar el bienestar de la prostituta, de auxiliarla y hasta de negociar juntos. En su tesis de grado planteará que puede ser considerado un “empresario”.

“Él ahorra el tiempo de búsqueda a la prostituta, le propicia los encuentros, y por eso debe cobrar, como el médico o el carpintero”, afirmó.

La muchacha está convencida de que su trabajo de fin de carrera abordará el tema del comercio sexual mejor que estudiantes anteriores. Parte del principio de que no hay consecuencias sin causas.

En su criterio, el país necesita tanto a unas como a otros. No obstante, si se llega a saber de alguien que lo hace, queda manchado para siempre, “tanto, que no se les permite acceder a un empleo bien remunerado”, asegura.

Demonizarlos a todos es ridículo”, afirma la chica, que se prostituye por una cuestión de sobrevivencia. “La moral depende también de la libertad”, concluyó.

Este artículo es de hace 2 años

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