Aeropuerto José Martí, Terminal 3 Foto © CiberCuba

Desgano, lentitud e irresponsabilidad en la Terminal 3 del Aeropuerto José Martí

Este artículo es de hace 2 años

Insuficientemente señalizado, con escasa o nula información, y un servicio insoportablemente lento, la Terminal 3 es la “mejor” del Aeropuerto.

Para salir del avión y llegar a las ventanillas de los oficiales de inmigración el pasajero solo tiene la opción de seguir la corriente, pues el recorrido, que por suerte no es demasiado largo, está poblado de personal regularmente conversando entre ellos y nunca jamás dispuesto a ayudar a niños, personas mayores o, simplemente, a quienes desconozcan el modo de operación del lugar.

Una vez que se bajan las escaleras y se llega al gran salón donde están las ventanillas de los oficiales de inmigración se forman larguísimas colas, aunque haya solo tres vuelos arribando, como ocurre muchísimas veces. De todos modos, hay que reconocer que, si está trabajando el personal completo (cosa que no siempre ocurre) el trámite es bastante rápido, salvo que toque un oficial moroso, de esos que tiene que preguntarle todo a un jefe superior.

Al final usted termina pasando a la sala de equipajes, un lugar caótico, bullicioso y desagradable, donde nadie sabe nada ni orienta nada, sobre todo si usted es un turista canadiense o mexicano, desacostumbrado al “sálvese quien pueda cubano”, y está habituado a la proverbial amabilidad de quienes prestan servicio en tales países, incluso, en los aeropuertos.

La sala de equipajes, un lugar caótico, bullicioso y desagradable, donde nadie sabe ni orienta nada

En Cuba la actitud de la mayoría de los trabajadores del aeropuerto oscila entre la grosería y la displicencia, como si no tuvieran la obligación de informar, hablar en buena forma, explicar las razones de cada una de las muchas demoras.

El primer paso para acceder a la sala, es pasar su equipaje de mano por el escáner y pasar usted mismo por el arco de seguridad. Por supuesto que le van a explicar de mala gana lo que tiene que colocar en las bandejas y si puede pasar o no, y si tiene mala suerte, el compañero que revisa el escáner se quedará intrigado diez o veinte minutos, con la cola esperando, porque le pareció “sospechoso” algo que contiene su equipaje, que puede ser un disco duro o un teléfono celular.

Si consigue pasar con rapidez por el escáner, mejor, porque necesitará acopiar fuerzas para lo que viene: la odisea de tratar de atrapar un carrito donde colocar los equipajes, y la espera peor que la de Penélope por un maleta que puede demorarse 45 minutos o una hora en ser colocada en la estera.

Los carritos son gratis y hay que ir a buscarlos en una especie de cueva, o de hueco en la pared, por donde los colocan quienes debieran traerlos del exterior. Usted puede estar esperando media hora o más por ellos y cuando logre salir, mucho después, comprobar que el parqueo está lleno de carritos tirados por dondequiera. Simplemente el personal destinado a ello no tenía deseos de trabajar.

También hay muchísimos trabajadores del aeropuerto a la caza de los turistas desprevenidos, o los cubanos enemigos de las colas, que por un precio entre uno y cinco CUC recogen el equipaje, buscan el carrito de donde sea, y sacan la paquetería del Aeropuerto. Ignoro si este manejo es oficial o extraoficial.

Hay dos esteras, pero esta Terminal se destaca por la lentísima entrega del equipaje, de modo que usted puede perder 45 minutos o una hora aguardando por sus maletas. En ambas esteras las maletas suben y luego caen en picada dándose un buen trastazo contra el borde. Pueden perder una rueda, rajarse si son de tela, o cualquier otra cosa puede pasar, como romperse algún objeto frágil que tenga dentro. La Terminal 3 no cree en fragilidades ni en lágrimas.

Si a usted le ocurre algún accidente por la pésima manipulación del equipaje, no pierda el tiempo tratando de reclamar algo. Usted está en Cuba, y puede ser que alguien le responda simplemente que 'quién lo mandó a poner objetos frágiles en el equipaje'. Por ello, puede darse con un canto en el pecho si su equipaje regresó completo a sus manos, aunque sea estropeado por la pésima manipulación y después de la interminable e inexplicable espera.

Si en algún momento usted piensa que alguien puede llevarse su maleta, sepa que ello puede ocurrir con la mayor tranquilidad del mundo. Porque la muchacha de la puerta solo revisa si los que examinaron el equipaje adentro le pusieron marca a la maleta que usted lleva, es decir, si detectaron algún equipo eléctrico “sospechoso”, entiéndase microwave o algo por el estilo, para que usted lo pague de nuevo, en CUCs o en moneda nacional.

No hace falta cotejar el ticket de constancia de que usted se lleva su maleta y no la de otro, porque a nadie en el Aeropuerto le importa mucho ni poco si alguien le hurta su equipaje. Ese es su problema. Lo de ellos es hacerle pagar, tratarle como si fuera su enemigo, recibirle con toda la grosería y la desconfianza, aunque el oficial de inmigración le haya dado, con bastante cordialidad, la bienvenida a la Isla.

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