Entrevista al corredor cubano Joel Lamela Luaces | Foto © Cortesía del entrevistado
Entrevista al corredor cubano Joel Lamela Luaces | Foto © Cortesía del entrevistado

Joel Lamela: "Antes competíamos con dolor, ahora ante la menor molestia se retiran"


Publicado el Miércoles, 12 Junio, 2019 - 04:11 (GMT-4)


Los años han transcurrido pero aquel joven locuaz, alegre, espontáneo, familiar, no ha cambiado. Joel Lamela, integrante del mejor relevo corto del atletismo cubano, sigue siendo, con unas pocas libritas de más, aquel que subió al podio de la gloria en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.

Nacido en Nuevitas, Camagüey, en enero de 1971, uno de los cinco hijos del matrimonio de Manuel y Catalina, nació para correr.

“Fue a los 10 años que piso por vez primera una pista, jamás practiqué otro deporte. Lo mío era correr”.

Cortesía del entrevistado

¿Cómo llegaste a la pista?

“Sabes que por aquellos tiempos se hacían captaciones para áreas especiales, algo que ahora escasea bastante, y me vio un entrenador, Mauricio Maure, quien se me acercó y me dijo: '¿niño, no te gustaría correr?'

“Me dio por la vena del gusto y super encantado di mis primeros pasos en el atletismo. ¿Recuerdas el programa A Jugar que trasmitía la Televisión Cubana? Pues, esos programas se hacían a todos los niveles, y en Camagüey estuve dos años seguidos en ellos”.

Por cierto, hago un aparte para decir que ese programa fue ideado por el talentoso Reader Ojeda, por aquellos tiempos de la Dirección de Recreación del INDER.

“Yo le agradezco mucho a A Jugar, pues todas mis aptitudes se desarrollaron y pude convertirme en un buen sprinter. Fíjate que a los dos años, o sea, con 12, me incorporo a la EIDE agramontina Cerro Pelado. Eso fue en 1982, estudiando yo el séptimo grado”.

¿Quién fue tu primer entrenador? ¿Qué recuerdas de él?

“Fue Orosmán Pérez Peralta, quien me enseñó el ABC del campo y pista porque la gente piensa que es corre y ya, y de eso nada. El atletismo conlleva mucho esfuerzo y dedicación y eso me lo inculcó Orosmán, al que por cierto, con mucha alegría, volví a ver hace unos días en el mitin Fortún que se realiza en la capital camagüeyana.

“Él me enseñó a amar al deporte, era mi segundo padre. Muchos de los valores que hoy día poseo como ser humano los aprendí con Orosmán. Imagínate que pasaba más tiempo con él que con mi familia.

“Cuando tú empiezas a practicar el deporte rey realizas un exatlón que comprende mil metros, 60 y 80 con vallas, garrocha y saltos de altura y longitud”.

Cortesía del entrevistado

¿Algunos compañeros de esa época se mantienen en el atletismo junto a ti?

“Pues sí, por ejemplo, Daniel Osorio, extriplista y que hoy entrena a ese fenómeno mundial que es el saltador de longitud Juan Miguel Echevarría, una de nuestras máximas figuras rumbo a Perú 2019 y Tokío 2020”.

¿Cómo llegas al alto rendimiento?

“Ay muchacha, si te cuento que yo fui captado para la ESPA nacional que entonces estaba en el municipio capitalino de Playa en 1985, nada menos que en la pértiga, ¿te lo crees? Yo había ganado con ese implemento los Juegos Escolares (en total me impuse en dos Nacionales Escolares y otros dos Juveniles, los primeros con la garrocha y los otros en la velocidad.)

“Practicando la pértiga estuve los cursos 1988 y 1989 hasta que 'la Manta', Augusto Perdomo, decide que yo no tenía rendimiento en esa especialidad y me devuelve para mi natal Camagüey, algo que a la postre le agradezco pues descubrí que lo verdaderamente mío era la velocidad y en mi tierra conté con el apoyo del entrenador Reynaldo Pulido, para enfocarme en mi vocación.

“Así las cosas, por mis marcas en las carreras (fui campeón del Nacional Juvenil y un torneo especial de esa categoría), fui llamado desde la capital para intervenir en el conocido CREA, donde competían atletas juveniles del área centrocaribeña.

“Mi primera justa internacional fue en 1988, a los 17 años, en Guadalajara, México. Fui plata en los 200, bronce en 100 y oro en la estafeta corta. Era la primera vez que corría competitivamente en el doble hectómetro”.

¿Quién te entrenaba en ese momento?

“El talentoso Raúl Barrera, el mismo que llevó a la cima a la mexicana Ana Gabriela Guevara. Después de Guadalajara asisto al Mundial Juvenil de Sudbury, Canadá. Allí nos fuimos en blanco”.

¿En qué año formas parte del equipo nacional?

“Precisamente, al regresar de ese Mundial. Fue en enero de 1989. El atletismo radicaba en el Cerro Pelado y ahí, siendo aún juvenil, pasé a ser discípulo del prestigioso Irolán Echevarría, una cátedra, una escuela, una universidad de lo que es correr la velocidad.

“Todo lo que sé de la velocidad puedo afirmarte que lo aprendí con él; si algún día yo fuera entrenador utilizaría sus métodos. ¿Cómo crees que entrena Mirriam Ferrer, la preparadora de Yunidis Castillo y Omara Durán y tantos otros corredores discapacitados?... ¡Pues con el librito de Irolán!”

Jajaja. Sí, recuerdo eso: arrancada, pasos transitorios, sprint final, cómo respirar -pues en los 100 metros se respira una sola vez-, entre otros muchos aspectos. Interesante y muy productivo el método de Irolán, lamentablemente fallecido.

Los años precedentes a los Juegos de Barcelona, Joel Lamela estuvo muy activo: Panamericanos Juveniles de Santa Fe, Argentina en el 89, donde ganó dos medallas de plata en los 200, solo superado por el representante de Estados Unidos y el relevo largo de ese país y en el 4x400.

¿Cómo es que corriste el relevo largo?

“En esa época, con la preparación física que poseíamos, podíamos correr hasta los 800. No nos lesionábamos apenas, ni por asomo como ahora que todos los días alguno tiene una molestia y ahí mismo se detiene la preparación”.

¿A qué se debe esto?

“No sé, la verdad. En aquella época, todos los entrenadores, de cualquier disciplina, te ayudaban. Recuerdo específicamente a Bernal, el de la jabalina, y a Riverí, que entrenaba a los discóbolos, dándonos consejos en el bloque de arrancada. Ahora no es así.

“Además, el alto rendimiento es dolor, es esfuerzo, es molestia. Si no puedes asumir eso, deja el deporte. Los chicos de hoy no saben o no quieren saber de esto”.

“1990 marcó un evento muy importante para el campo y pista cubanos pues al Mundial Juvenil de Plovdiv acudieron varias figuras que luego trazarían una pauta: Iván Pedroso, Yoelvis Quesada, Norberto Téllez, Julia Duporty. Salimos unos cuantos que, al decursar del tiempo, ocupamos podios olímpicos y mundiales”.

Y un año después, los Panamericanos Habana 91 y las grandes alegrías que recibimos con la velocidad.

“Sí, en efecto, pero antes, en la Copa Cuba materialicé un gran momento al imponerme en los 200 al super favorito Félix Stevens y quedar segundo en los 100, detrás de Joel Isasi. Estaba en plenitud de forma. Por eso integré en el relevo que a la postre ganaría la cita continental”.

Háblame de ese triunfo.

“Imagínate, yo el novato y con el reto que presupone cerrar la estafeta que integraban también Jorge Luis Aguilera, Leandro Peñalver y Félix Stevens. Aquel estadio abarrotado, miles de gargantas en tu tierra apoyándote, tú corriendo detrás de nosotros buscando nuestras palabras.

“Para mí fue hasta esa fecha, el evento más duro de mi vida, primero que corría con edad adulta. Llegar a la meta, subir a lo más alto del podio, ver de cerca a grandes del continente, con la presencia de Fidel en las gradas…Uff. ¡Inolvidable sensación!

“De ahí, sin respirar, partimos hacia Tokío, sede del Mundial, y el regalo fue correr mi primera eliminatoria con, nada menos, que Ato Boldon de Trinidad Tobago y Dennis Mitchell, de Estados Unidos. Jajá. Imagínate que la final de los 100 de Japón fue la más rápida del siglo XX: todos los corredores bajaron de 10 flat excepto el brasileño Robson Caetano Da Silva.

“No obstante correr sólo la eliminatoria, estar rodeado de esos monstruos me dio un bagaje muy necesario para enfrentar lo que se nos venía encima en 1992: los Olímpicos de Barcelona”.

Ahí Lamela se detiene. Sus ojos brillan rememorando aquella epopeya del deporte cubano.

Después de dos ciclos olímpicos ausentes, Cuba regresaba para realizar su mejor actuación histórica.

“Nos concentramos en el relevo. Ninguno de nosotros tenía individualmente los cronos mínimos para aspirar a una final olímpica ni mundial. Por eso, nuestros entrenadores nos pautaron una serie de competencias en el Caribe para practicar los cambios y mejorar los tiempos”.

¿Quiénes estaban a cargo de ustedes en ese propósito?

“Irolán Echeverría, Tomás Pedroso y Silvia Chivás. El relevo lo abría Andrés Simón, seguía yo que le pasaba a Isasi y cerraba Aguilera. El suplente era Stevens. Claro, todo muy bonito, pero sin marca mínima no se podía asistir y pasaba el tiempo y no la lográbamos.

“Así, en ese 1992, competimos en mítines en Barbados, México y Venezuela con el objetivo de cronometrar los 38 segundos 60 centésimas que como marca mínima exigía la IAFF”.

¿Cuándo lo lograron?

“En el último chance, en la justa venezolana. Ese día nos tiramos los cinco en los 100 metros e Irolán dijo: 'los cuatro primeros que lleguen integran la posta olímpica' y así fue: Isasi, yo, Simón y Aguilera fuimos esos cuatro hombres. Corrimos el relevo en 38, 63 y nos aceptaron el crono. ¡Ya estábamos en Barcelona!

“Por cierto, como se hizo recurrente cada vez que corríamos el relevo, a la hora buena trataban de quitar a Aguilera; esta vez, se planteó sustituirlo por Iván García, pero nosotros no lo aceptamos.

“Así partimos hacia el Viejo Continente, y muchos tenían la duda de nuestro crono en Venezuela pues el comisario técnico de la competencia había sido el cubano Juan Morales, planteaban que habíamos sido favorecidos.

“Llegamos a Salamanca, España, y por el agotamiento del viaje, optamos por no correr las pruebas individuales y así detuvimos los relojes en 38 segundos 56 centésimas, reafirmando nuestra clasificación. En ese momento, Santiaguito Antúnez, prestigioso entrenador de las vallas cubanas, resumió en una frase el pensamiento de muchos: 'ahora sí les creemos'”.

Después los integrantes de la posta cubana compitieron individual y colectivamente en la Feria Mundial de Sevilla. Nuestro entrevistado fue segundo en los 200 detrás del brasileño Caetano da Silva, y primero formando el relevo que se vio afectado en un posible mejor crono por la ausencia de Isasi, que estaba lesionado.

“Al poner a Stevens por Isasi subimos el tiempo a 39,19, lo que corroboraba que Aguilera era indispensable en el buen funcionamiento de la estafeta”.

Chico, ¿crees que hubo un problema racial?

“No, de veras que no; el problema era que Irolán quería que el relevo lo formáramos con la mayoría de sus discípulos y él, al igual que Isasi, eran de Tomás Pedroso. Isasi era el mejor de nosotros, entonces el eslabón débil era Jorge Luis. Nada, eso pasa siempre, los entrenadores defienden a los suyos, máxime cuando la calidad era pareja. Pero, olvídate nosotros cuatro éramos una máquina.

“Mira, después de Sevilla fuimos a Osuna, última parada antes de la Ciudad Condal. Ahí dimos los toques finales de una soberbia preparación: cambiábamos cual maquinaria de relojería suiza, con los ojos cerrados, exactitud de pasos en los cambios”.

Barcelona 92 fue la primera de mis seis experiencias olímpicas; enamorada como siempre estuve de mi atletismo, discutía con los experimentados sobre las posibilidades de nuestro relevo en los Juegos.

“Así es. Nadie nos miraba, nadie hablaba de nosotros, ni la prensa internacional ni la cubana. Creo que la única que confiaba eras tú, que batallabas con nosotros en el estadio.

“Te puedes imaginar la que se armó cuando, en la primera clasificatoria del relevo en la mañana, le ganamos a Estados Unidos, al que sólo le faltaba Carl Lewis. En la semi final de la tarde, ya la estafeta norteña cerró con el Hijo del Viento y fuimos segundos. ¡Todo el mundo con la boca abierta!

“¿Recuerdas cómo todas las cámaras, los periodistas nos seguían por doquier? Puedo asegurarte que los cuatro pigmeos cubanos atrajeron más que los norteamericanos. Éramos la sensación”.

¡Cuántos recuerdos, cuántas anécdotas, cuántos buenos momentos vividos en aquellos juegos catalanes!

“La final, al siguiente día por la tarde. Como siempre, el estadio Montjuic repleto. En el calentamiento sólo nos mirábamos, todo estaba dicho. Éramos cuatro hermanos, éramos cuartro miembros de un mismo cuerpo, éramos indivisibles, éramos UNO.

“En el bloque, por el carril 3, Andrés Simón, quien hizo la arrancada de su vida, frente a Mike Marsh que abría por Estados Unidos; seguí yo en la recta norte con Leroy Burrell, ambos entregamos juntos a Isasi y Dennis Mitchel, y juntos entregaron a Aguilera y Lewis.

“Ahí, Carl Lewis se fue por delante del nuestro al igual que el hombre que cerraba por Nigeria, Davidson Ezinwa, que para que entiendan aquellos que hablan por hablar, poseían cronos que bajaban de los 9 segundos 91 centésimas mientras Joge Luis Aguilera nunca hizo 10 flat.

“O sea, Aguilera completó una posta histórica, de leyenda, pues nuestros 38 flat han sido lo mejor que hemos hecho los cubanos, es el actual récord nacional. Es más, la posta de Gran Bretaña la cerraba el campeón olímpico de los 100 metros en Barcelona, Linford Christie, quien no pudo con Aguilera y tuvo que conformarse con el cuarto escaño.

“Fue una fiesta, fue apoteósico, nos besábamos, nos cargábamos, nos abrazábamos; la gente en la villa olímpica nos felicitaba. Al llegar a La Habana, Fidel al recibirnos pregunta: '¿dónde están los cuatro enanos?', y al vernos afirmó: 'esta es la medalla más valiosa de los Juegos Olímpicos'.

El 1992 lo cerró la Copa del Mundo en La Habana con otra inspiradora actuación.

“Pues sí, pero no creyeron en que los cuatro éramos un team y casi al salir a la pista, nos dicen que a última hora se había decidido que el brasileño da Silva, sin dudas un excelente sprinter, sustituyera a Aguilera en el relevo; así fue que quedamos segundos detrás de un Estados Unidos que contaba con Dennis Mitchell y Calvin Smith”.

La Copa del Mundo comprendía a equipos por continentes, con Estados Unidos, en el masculino, con escuadra propia, por eso es que insertan al brasileño en la posta cubana. Pero, al pasar de los años, yo sigo preguntándome ¿por qué sustituir a Aguilera?

“No te puedes imaginar con el disgusto que fuimos para la pista. Nunca habíamos corrido junto al sudamericano aunque como él cerraba, la técnica no era fundamental pues sólo recibía el batón, pero era destruir a un corredor por gusto. Su esposa, sus padres, estaban allí para verlo correr. Nunca lo entenderemos. ¿Cómo quitar a un sprinter que te había dado un bronce olímpico, por qué romper ese relevo histórico?”

El rostro de Lamela se contrae al pensar en aquello, máxime porque la amistad de aquellos tiempos se mantiene en la actualidad, incluso, él y Jorge son compañeros de trabajo.

Dejemos eso, ¿qué te trajo el 1993?

“Nada bueno, estábamos en el entrenamiento en la altura azteca cuando me lesiono el cuádriceps femoral de la pierna izquierda; me atienden, mejoro, regresamos a La Habana y nos dicen que partíamos hacia Búfalo para correr en los Juegos Mundiales Universitarios.

“Yo, antes de lesionarme, estaba en impecable forma, incluso para correr los 200 pero por lo sucedido en México me limitan solamente al relevo”.

Ustedes quedaron terceros ante estafetas de primer nivel en el planeta. ¿No te molestó la lesión?

“¿Que qué? Imagínate que hubo que alterar el orden y así abrió Aguilera seguido por Leonardo Prevot (Andrés Simón estaba pasado de la edad exigida), Joel Isasi y cerré yo, que lo finalicé donde lo cogí, en el tercer puesto. Yo corrí por el excelente trabajo del fisio con mentol , una venda ajustada y una muslera”.

Al mirar el rostro de mi interlocutor pienso en las diferencias de épocas entre ellos y los actuales atletas, que en su mayoría detienen su preparación por el menor síntoma de dolor o molestia.

“¿Diferencias entre nosotros y la actual generación? Mira, primero que todo, antes corríamos por amor al pueblo, por el incalculable valor de una medalla, por defender la camiseta, muchas veces sin recibir dinero alguno.

“Estos muchachos ahora obtienen los beneficios económicos de sus actuaciones, antes competíamos con dolor, ahora ante la menor molestia, se retiran; es cierto, ponlo ahí”.

¿A qué o a quiénes atribuyes esto?

“Yo creo que el entrenador desempeña un papel fundamental en la educación de sus pupilos, no es sólo técnica sino pedagógicamente. Mis maestros me inculcaron valores, los que conservo y respeto. Nos enseñaron el valor de una medalla, lo que hay que trabajar para conseguirla.

“Competíamos con pasión, los dolores pasaban a un segundo plano. Como te dije ya, el que no entienda esto que se dedique a otra cosa, porque el alto rendimiento es sinónimo de dolor, en cualquier deporte, en cualquier país.

“Ahora los ves que terminando de entrenar, se ponen a escuchar música, siempre están pensando en fiestas, no ponen sus cinco sentidos en la pista o el campo, no dan el 100 % de ellos. Por supuesto, todos no son iguales, incluso, existen talentos que van a serlo escuchando reguetón, corriendo o saltando. De eso no hay dudas”.

Joel, ¿observas esto en otros atletas del planeta?

“¡No! Atletas con menos posibilidades y, en algunos casos, con menos recursos para entrenar (por ejemplo, conozco en España a corredores que trabajan para poder pagar su preparación) nos ganan y eso se debe a que no pierden tiempo en su entrenamiento, son dedicados, trabajadores… inteligentes.”

Volvamos a tu carrera. ¿Mundial de Stuttgart en 1993?

“No. Compitiendo en el mitin de Mónaco, con los mejores postas del mundo: el club Santa Mónica que contaba con Carl Lewis, Leroy Burrell, Mike Marsh; otro elenco estadounidense también estelar, Rusia, Francia, Nigeria, sólo perdimos con las estafetas norteñas, quedamos terceros. Ahí se me agudizó la vieja lesión del cuádriceps que me impidió asistir a Stuttgart.

“Tuve que ver a mis compañeros Prevot, Iván García, Isasi y Aguilera correr. Puedo decirte que es lo más triste que le puede pasar a un deportista: ver desde las gradas una competencia. Al regresar, tampoco pude ir a los Centrocaribes de Ponce”.

¿Pensaste en ese momento en el adiós a las pistas?

“No, estaba fuerte. Si lograba recuperarme podía volver, y así lo hice. En 1994 comencé bien, fuimos a Jamaica a su tradicional Festival de Relevos Mutual Games, muy conocido internacionalmente.

“Se compite desde las 8 de la mañana a las 11 de la noche, en infinidad de variantes de distancias, edades y hasta postas mixtas, incluyendo niños y discapacitados. Allí ganamos el relevo 4x200.

“Los Juegos de Buena Voluntad de San Petersburgo y el Iberoamericano de Mar del Plata en Argentina contaron con la presencia ganadora del relevo masculino cubano. En la cita rusa obtuvimos la plata con 38 segundos 76 centésimas: Prevot, yo, Isasi y Aguilera; en la sudamericana, el oro: Isasi, Aguilera, Iván García y yo”.

O sea, que después de una severa lesión volviste con nuevos bríos.

“Afirmativo. Mi universo era la pista. En ella yo me sentía realizado. Nunca fui un excepcional corredor, de esos que tú ves y te quitas el sombrero, pero siempre trabajé para el equipo, conocía mis posibilidades y las explotaba al máximo en bien del colectivo”.

Sensatas palabras que le vienen bien a algunos que se creen grandes figuras y que al paso que van, quejándose por cualquier molestia, nunca van a llegar a planos cimeros como sí hizo Joel Lamela.

¿1995?

“Se formó una buena posta para los Panamericanos de Mar del Plata, ayudada porque los buenos corredores estadounidenses prefirieron correr en Europa, aunque siempre una escuadra de ese país es de temer. Ganamos el oro con Isasi, yo, Iván y Aguilera cerrando. También nos impusimos en los Centroamericanos y del Caribe del deporte en Guatemala, aunque en el Mundial de Gotemburgo nos fuimos de zona y nos descalificaron”.

¿Y qué pasó en el año olímpico 1996?

“Si supieras que consideraron los técnicos que yo fui el responsable del fuera de zona de Gotemburgo y me dieron baja de la preselección nacional”.

¿Cómo, así, sin más ni más?

“Así mismo. Pero no me di por vencido y fui a entrenar para la calle con 'el blanco' Carlos Alonso. Entrenábamos como fieras en la pista del Fajardo y en la arcilla de la Ciudad Deportiva. Así gané el Fortún y quedé tercero en la Copa Cuba.

“Esto me proporcionó, fuera del equipo, asistir antes de Atlanta al Iberoamericano de Cali, Colombia, a donde fui junto a Robertico Hernández, 400 metros, y Joel Isasi, todos comandados por Tomás Pedroso a entrenar para Chile”.

Me lo cuentas y no lo creo. Eso no sucede ahora.

“Fue algo especial, quizás se dieron cuenta de lo injustos que fueron conmigo porque, suponiendo que hubiese hecho mal el pase a Isasi, no merecía mi trayectoria esa sanción.

“Pero además puedo asegurarte que la estancia en Chile nada agradable resultó. Me cogió el frío de allá abajo y apenas pude ser yo. Vine a adaptarme en la última competencia.

“Al regresar, logré clasificar en el Barrientos para integrar el relevo olímpico que, tras la fractura del cuádriceps femoral de Aguilera, quedaba integrado por Isasi, yo, Iván García y Luis Alberto Pérez Rionda. En semi finales hicimos 8 segundos 54 centésimas, entre los tres mejores tiempos, pero Iván se resintió de una lesión en la pierna e Irolán decidió sustituirlo por un Simón que ya con 36 años, no era el mismo.

“Me entregó el batón a la hora de apagar las luces. Jajá, Tú sabes lo que es Brasil derrotar a Cuba. Eso no existía en la historia de la velocidad. Quedamos sextos y yo me quedé con los deseos de poner en mis vitrinas otro bronce olímpico.

“Te voy a decir algo que siempre he pensado: Iván podía haber hecho un esfuerzo porque el 39,39 de la final nada tenía que ver con el 38,54 de la semi. Mira que han pasado años, sigo pensando igual”.

¿Competiste en Atlanta fuera o dentro de la preselección?

“Fuera; hasta septiembre del 96 no regresé y, prácticamente para retirarme. Cosas de la vida, ¿no? Pero, ¿sabes? Esa baja del seleccionado nacional fue una experiencia, una enseñanza que le trasmito ahora a los muchachos que causan baja por no tener el rendimiento adecuado y yo les muestro que, a mí, me resultó un estímulo.

“Ahora ves a muchos, como ya te dije con los audífonos y la musiquita, recibiendo sus 900 pesos, sus módulos de uniformes y tenis, y hasta los viajes. Por eso, a la hora de hacer un pronóstico, sobran los dedos de una mano para hablar de medallas de oro.

“El atletismo siempre ha sido profesional, nunca dejó de serlo, nunca competimos contra amateurs, y…¡compara los resultados de antes con los de ahora!”

Como dijiste 1997 marca tu despedida del deporte activo.

“Sí, con 28 años, 17 de ellos corriendo, 12 en el alto rendimiento, estaba muy lesionado. El talón de Aquiles me golpeaba mucho y después del Fortún en mi tierra camagüeyana, me despedí”.

Siempre me he preguntado por qué un muchacho tan inteligente como tú y tan preparado no entrenas a jóvenes figuras o las pocas que tenemos. No abundan los preparadores en la velocidad: los maestros se han retirado o fallecido.

“Mira, yo trabajo en la Federación Cubana de atletismo como vocal y además soy el representante de la PUMA para el atletismo”.

¿Y no te gustaría entrenar?

“Las plazas están copadas aunque tú no lo creas. Yo siempre he dicho que conmigo pueden contar. Por ejemplo, Tomás Pedroso, con toda su veteranía, está preparando a unos juveniles y siempre quiere tenerme a su lado”.

¿Estás realizado? ¿te consideras un hombre feliz?

“Sí, cómo no. Tengo mi familia, 19 años con mi esposa Alayune, madre de dos de mis tres hijas, Lauren y Lorena de 17 y 10 años, respectivamente. La mayor de mis hijas, Witney, con 25 años, vive en Estados Unidos. O sea, poseo un hogar consolidado, feliz. Trabajo en lo que me gusta, tengo casa, auto, mantengo mis amistades de toda la vida, mi hermano Aguilera, Osorio, Robertico, Norberto Téllez, Juantorena, Silvia Costa, el Soto, Ana Fidelia, María Caridad, y los que se me queden que son más, éramos y somos uno solo, una familia que se cuida unida y feliz.

“Sin coincidir en época considero una hermana pequeña a Yipsi Moreno, quien está haciendo un loable trabajo como comisionada, tratando de devolverles al campo y pista cubanos su colectivismo de antaño, su condición de familia.

“Retomando la escuela que comandaba Jesús Molina, sin discusión el padre de nuestro campo y pista, la escuela del profe Lázaro Betancourt, de Enrique Figuerola, Santiaguito Antúnez, Hermes Riverí y mi gran padre Irolán Echeverría, entre otros más, por supuesto”.

Dime para ti los mejores relevos del mundo.

“Dos: uno de Estados Unidos, el que se impuso en Barcelona 92 lidereado por Carl Lewis y Dennis Mitchell, y, por supuesto, el de Jamaica que ostenta el primado del orbe, ese fabuloso e increíble 36,84 con el fenómeno Usain Bolt a la cabeza”.

Hemos tenido en los últimos lustros campeones y medallistas en el campo, sobre todo con las mujeres de lanzamiento y los varones en los saltos, pero la velocidad está ausente al parte, como decimos en buen cubano. ¿Confías en las actuales figuras para los Juegos de Lima, bien cerca ya en el calendario?

“Tenemos a Reinier Mena, quien había cronometrado 10 segundos 4 centésimas que mucho nos alegró, pero que en el recientemente celebrado mitin de Guadalupe fue séptimo con un pésimo 10, 41 y al más experimentado Roberto Skyers, quien ha marcado 9, 98 en un encuentro en Camagüey. Ojalá y puedan, aunque sea, llegar a las finales del hectómetro y los 200”.

Tan alegre y comunicativo como llegó, se despidió Joel Lamela, un sprinter al que nunca se puede obviar en la historia del atletismo cubano.

Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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