Dentista cubano residente en Guyana | Foto © Cortesía del entrevistado
Dentista cubano residente en Guyana | Foto © Cortesía del entrevistado

"En Venezuela los especialistas cubanos contribuimos a la mentira perfecta" (ENTREVISTA)


Publicado el Jueves, 17 Octubre, 2019 - 10:26 (GMT-4)


Ernesto Naranjo Corrales (Santiago de Cuba, 1980) tuvo que reinventarse en su Cuba natal y, sin abandonar su profesión de Estomatólogo, se dedicó a hacer pequeños negocios ilegales para costear los viajes de un hijo enfermo crónico de Distrofia Muscular de Duchenne* (DMD) a La Habana, donde consiguió que fuera atendido en el hospital pediátrico William Soler, tras hablar con el Doctor Omar López, pediatra y Jefe del Grupo de Enfermedades Raras de ese centro hospitalario, que dirige un tratamiento experimental para esa enfermedad degenerativa e incurable.

Pese a sus esfuerzos junto a su esposa, la familia no conseguía mejorar económicamente y viajó a Venezuela como parte de la misión médica de Cuba allí, donde vivió experiencias amargas como el tener que inventarse pacientes con historias clínicas falsas para que el Gobierno cubano cobrara esos servicios inexistentes, desechar a escondidas parte del material clínico recibido para atender a esos supuestos pacientes y la deserción casi en masa de un grupo de médicos cubanos represaliados con la suspensión de su trabajo allí, incluida la pérdida de su remuneración salarial, por haber asistido a una fiesta de un matrimonio cubano que se fugó de la misión.

De vuelta en Cuba, comprendió que carecía de futuro profesional en la isla, y organizó un viaje a Guayana para comprar pacotilla y revenderla en Santiago de Cuba, pero la operación resultó insostenible económicamente; sin embargo, en Georgetown conoció a un colega cubano que lo puso en contacto con una clínica estomatológica, donde trabaja desde hace un año.

¿Por qué y desde cuándo vives en Guyana?

Vivo en Guyana hace un año y salí de Cuba asfixiado por la situación económica, pues con mi salario de estomatólogo apenas podía dar de comer a mis tres hijos, y además costear los viajes a La Habana con mi hijo mayor, diagnosticado desde los seis años con una Distrofia Muscular de Duchenne (DMD), una enfermedad para lo que aún no existe cura y es degenerativa progresiva, causando invalidez y muerte prematuras.

Salí de Cuba asfixiado por la situación económica, pues con mi salario de estomatólogo apenas podía dar de comer a mis tres hijos

La enfermedad de nuestro hijo mayor fue un palo y caí en una profunda depresión, de la cual me sacó un artículo que leí en el periódico Granma sobre un equipo médico que estaba realizando en el hospital William Soler (La Habana) un tratamiento experimental para retardar la progresión de la enfermedad, esta fue la respuesta a mis oraciones e, inmediatamente, me di a la tarea de localizar al jefe de ese equipo, el doctor Omar López Medina e implorarle que incluyera a mi hijo y, gracias a Dios lo hizo. El tratamiento, experimentado primero por el Profesor Porfirio Hernández, consiste en extraer de la propia médula ósea del paciente mediante un proceso de filtrado solo las células madres que se separan del resto, y estas luego se infiltran en el torrente sanguíneo del niño mediante un abordaje venoso profundo y también se infiltran en los músculos de brazos y piernas.

El tratamiento debe realizarse cada seis meses para que el paciente se mantenga estable, en el caso de mi hijo el tratamiento ha sido efectivo pues se ha mantenido caminando, que es lo primero que afecta esta enfermedad.

Al principio, comencé pidiendo préstamos de dinero a nuestra propia familia, que colaboraron todo lo posible a sufragar los gastos de pasaje y alimentación mientras duraba el tratamiento en La Habana pero, con el paso de los años, la situación económica se fue poniendo más y más dura, por lo que aparte de mi trabajo como estomatólogo, cocinaba y vendía almuerzos por encargo a varios centros de trabajo, vendía cigarros al menudeo, vendí botellas de refresco gaseado, que me daban productores caseros a siete pesos, y en la moto de mi padre hacía también de mototaxi, que en Santiago (de Cuba) es el principal medio de transporte privado.

Al final, todo el dinero ganado se me iba en mantener a mi familia y se me hacía cada vez más difícil dar los viajes al hospital William Soler con el niño, que era para mí lo principal.

En uno de mis intentos por mejorar mi economía, vine a Guyana en 2016 a comprar pacotilla y aquí conocí a un colega al cual le hablé de mi situación y él me pidió un curriculum. Y en 2018 me avisó de que había una clínica interesada en contratarme, que me preparara porque me iban a llamar para entrevistarme. Y bueno aquí estoy, todo por seguir costeando los viajes de mi hijo enfermo a La Habana y que mi familia no pase necesidades.

¿Cómo es tu vida en Guyana?

La vida en Guyana se hace más difícil en mi caso por la separación de la familia, sobre todo mis hijos.

El dentista cubano Ernesto Naranjo junto a sus tres hijos / Cortesía del entrevistado

Por suerte para mí desde muy joven me sentí atraído por la lengua inglesa y su dominio, y aparte del inglés -por cierto bastante mediocre- que se imparte en las escuelas en Cuba yo me matriculaba en cuanto curso de inglés pudiera, luego con el paso de los años me di cuenta de cuántas puertas esto me abriría.

En Guyana, tuve que hacer la transición de una odontología pública y socialista a la privada y capitalista. La primera es muy humanista y de acceso universal, pero plagada de carencias que no te permiten muchas veces resolver el problema al paciente y te van generando frustración, porque como profesional sabes que estarás condenado a la mediocridad por no tener acceso a materiales y equipos, que solo ves en los libros de texto.

Aquí tuve que cambiar muchas cosas que en Cuba ni notaba, desde mi manera de hablar, pues los cubanos hablamos muy alto y aquí a los pacientes hay que hablarles casi en susurro, hasta usar un gel anestésico antes de puncionar al paciente para anestesiarlo, y aprender a retirarte al mínimo gesto del paciente al sentir dolor, en Cuba se insta al paciente a soportar el dolor porque solo le puedes poner una cantidad de anestesia establecida o porque simplemente no hay. Y los pobres pacientes se tiene que hacer la mayoría de los tratamientos sin anestesia.

En Cuba se insta al paciente a soportar el dolor porque solo le puedes poner una cantidad de anestesia establecida o porque simplemente no hay. Y los pobres pacientes se tiene que hacer la mayoría de los tratamientos sin anestesia

Por otra parte, ya yo había estado viviendo fuera de Cuba durante cuatro años mientras estuve de misión en Venezuela, pero no sabía lo que era vivir en el capitalismo con los deberes y derechos que esto acarrea, digo esto pues en los años que estuve en Venezuela no tenía que pagar alquiler, luz, agua, etcétera.

Una de las cosas que más me gusta de mi vida en Guyana es sentir que puedo vivir modestamente de mi profesión, pues puedo cubrir mis necesidades básicas, y cuando quiero comprarme un par de zapatos no es el fin del mundo, lo otro que le agradeceré siempre a este sistema es que te educa y te da más sentido común, aquí no puedo ver una luz encendida ni una llave botando agua innecesariamente, pues sé que al final esto repercutirá directamente en mi economía.

Una de las cosas que más me gusta de mi vida en Guyana es sentir que puedo vivir modestamente de mi profesión, pues puedo cubrir mis necesidades básicas

Una cosa que no me gusta de Guyana es la falta de playas de calidad, pues como en sus costas desembocan ríos de caudales gigantescos, como el Amazonas, arrastran tal cantidad de sedimentos mar afuera que las playas son de color fango y no tienen ese olor a mar tan rico que tienen muchas playas en Cuba. Con los ríos pasa algo parecido, hay tanta vegetación que las raíces de muchos árboles tiñen las aguas subterráneas y todos los ríos son negros, desagradables a la vista. Esto para un isleño como yo, acostumbrado a mis playas de arena blanca y mar azul, son cosas que te deprimen un poco, pues ni siquiera cuando busco al mar en mis momentos de ocio, me sirve para levantar el ánimo, esto es algo que afecta a todos los cubanos que vivimos en este país.

La comida es otro aspecto al que me cuesta adaptarme. Cualquiera pensaría que el picante es típico de la comida mexicana, pero en Guyana es parte de su cultura también. Eso lo aprendí de la peor manera, pues cuando iba a restaurantes o me invitaban a comer en casa de un amigo guyanés, si olvidaba decirle las palabras mágicas “no pepper”, muchas veces tenía que comer poco y otras, por no hacerles desaires a mis anfitriones, comérmela a expensas de luego sufrir las consecuencias.

¿Cómo fue tu experiencia como estomatólogo en Venezuela?

Estuve de misión en Venezuela de 2008 al 2012. Mi experiencia como estomatólogo fue muy traumática, allí estuve separado de mi familia por primera vez, y en aquellos años aun no existían las videollamadas, o sea, el contacto con mi familia era por llamadas telefónicas de manera esporádica pues el precio -como siempre en Cuba- era al más alto del mundo.

El estrés en el trabajo era constante, pues nuestros superiores nos forzaban a cumplir unos indicadores elevadísimos, los cuales teníamos que inventar muy a nuestro pesar. Imagínate el nivel de aquel forro que yo supuestamente debía reportar veinte nuevos ingresos todos los días, aparte de las reconsultas a las que, supuestamente, deben acudir a continuar tratamientos.

En Venezuela nuestros superiores nos forzaban a cumplir unos indicadores elevadísimos, los cuales teníamos que inventar muy a nuestro pesar

Aquello era la mentira perfecta porque nos veíamos forzados a tomar nombres de pacientes reales y hacer una historia clínica de mentira, pero con todos los requisitos para que pareciera real. Al tener que generar una cantidad exagerada de consultas y tratamientos ficticios fue que sobrevino lo peor de esa gran mentira, nos surtían con materiales para realizar grandes volúmenes de tratamientos los cuales no se hacían, lo que provocaba un excedente de materiales (amalgama, resinas, anestesias) que se iban acumulando semana tras semana.

Aquello era terrible, cada cual buscaba la forma de liberarse del excedente de material, pensando que todo aquello faltaba en Cuba para la atención estomatológica. Algunos enterraban los sobrantes, otros los quemaban, en mi caso el destino era la fosa séptica.

Cada cual buscaba la forma de liberarse del excedente de material, pensando que todo aquello faltaba en Cuba para la atención estomatológica

En caso de ser descubierto este excedente en alguna supervisión o de incumplir estos indicadores las medidas disciplinarias eran severas, la peor de ellas era la tristemente célebre revocación de la misión, muy conocida por todos los que hemos cumplido misión médica en el exterior, que consiste en enviarte de regreso a Cuba de manera inmediata y sin el derecho de cobrar el dinero devengado en el tiempo que estuviste de misión, el cual en aquella época se quedaba en una cuenta congelada en Cuba y solo se te permitía el acceso a esos fondos llevando una carta que le es entregada al colaborador al cumplir la misión y tenía que ser con evaluación de satisfactoria obligatoriamente, sino estos fondos eran automáticamente confiscados.

También eran confiscados en caso de que el médico decidiera abandonar la misión o sea desertar, término acuñado por el Gobierno que me niego a aceptar porque no somos militares ni estamos en guerra. El salario o estipendio, como los jefes de la misión decían, apenas alcanzaba para vivir, tenía que vivir buscando las opciones más económicas para comprar alimentos en MERCAL Y PDVAL que eran mercados creados por Hugo Chávez con alimentos subsidiados para personas de bajos ingresos.

El dinero que te depositaban en Cuba fue otra de las cosas con las que no estuve de acuerdo desde el principio, recuerdo que los primeros seis meses el pago en esa cuenta congelada hasta el regreso era de 125 CUC mensuales, más 50 CUC en una tarjeta magnética a un familiar que designáramos, pasados esos seis meses eran 225 CUC mensuales más 50 a la familia, hasta cumplir dos años. Pasado ese tiempo y al comenzar el tercer año, los depósitos eran de 325 CUC mensuales más 100 a la familia. Cuando comencé mi tercer año en Venezuela, comenzó una modalidad de que nos permitían coger una parte de nuestro exiguo estipendio y convertirla en CUC y depositarla también en esta cuenta; muy pocos pudimos hacerlo pues dicho estipendio no era ni siquiera la mitad del salario mínimo en Venezuela en ese momento.

Aparte de mal pagados y chantajeándolos con el dinero retenido en Cuba, sufrían amenazas de interrupción de misión y confiscación de la mayor parte de vuestro salario.

Así era y fíjate si es una medida injusta que la Coordinación de la Misión Médica cubana en el estado Yaracuy (centro norte de Venezuela), que fue en donde realicé la misión, provocó una deserción masiva de médicos. La estampida ocurrió en el municipio Chivacoa, donde el Coordinador de la Brigada Médica y su esposa decidieron desertar y, antes de huir, hicieron una fiesta e invitaron a sus mejores amigos. A los pocos días de la fiesta, el entonces coordinador y su esposa desertaron de la misión, y los jefes cubanos allí no tuvieron peor ocurrencia que decretar el fin de misión a todos los que asistieron a la fiesta, alegando que todos sabían que el coordinador y su esposa iban a desertar y no lo informaron.

Imagínate lo que implica que te regresen a Cuba sin un centavo y sin la posibilidad de volver a salir de misión al extranjero, porque la revocación queda reflejada para siempre en el expediente del médico. ¿Qué consiguieron?, que otros doce colaboradores médicos prefirieron desertar antes que los regresaran a Cuba injustamente y despojados de sus salarios que –lógicamente– se lo apropió el gobierno, pese a que lo habían ganado con su trabajo profesional.

¿Qué opinión te merece que el Gobierno cubano se apropie del 75% del salario de los médicos cubanos que envía a trabajar al extranjero?

Solo puedo decir que debería darles vergüenza hacerle esto a su propio pueblo, expuesto a vivir en zonas de peligro, pasando necesidades, pues muchas veces el estipendio que les pagan en el país donde están trabajando es insuficiente para suplir todas las necesidades materiales y, para colmo, tienen que estar lejos de la familia, porque el gobierno impide que los acompañe, como si fueran rehenes.

Cuando terminas la misión y regresas a Cuba, te das cuenta que, al poco tiempo, vuelves a estar igual que antes de irte, pues la matemática no falla: de donde se saca y no se mete, se acaba, y es lo que ocurre en el 100% de los casos, porque lo ganado es siempre insuficiente, ni siquiera da para poder montar un pequeño negocio familiar, por supuesto, no relacionado con la salud, porque esa es la otra parte mala de ser un profesional de la salud en Cuba: jamás podrás ejercer tu profesión de manera privada. Solo el “Papá Estado” -a través la Comercializadora de Servicios Médicos- puede cobrar exorbitantes sumas de dinero a los países que soliciten sus servicios, pagando salarios de subsistencia a los profesionales y apropiándose de la mayor tajada.

Es la historia de nunca acabar, tengo amigos que han pasado la mitad de su vida de misión, han perdido sus matrimonios, no han visto crecer a sus hijos y, al final, tampoco han logrado nada significativamente desde el punto de vista económico.

Tengo amigos que han pasado la mitad de su vida de misión, han perdido sus matrimonios, no han visto crecer a sus hijos y, al final, tampoco han logrado nada significativamente desde el punto de vista económico

Antes de salir de Cuba, ¿dónde trabajaste y qué recuerdos tienes de esa etapa?

Trabajé en el policlínico 30 de noviembre, de esa etapa solo puedo decirte que me sentí muy frustrado, pues al menos en Santiago de Cuba, el volumen de estomatólogos supera varias veces el número de sillones dentales, y la mayoría de las clínicas solo trabajan ocho horas a la semana, un día cuatro horas en la mañana y otro día cuatro horas en la tarde, y esto es cuando no hay déficit de algún material como amalgama, anestesia, guantes.

El resto de la semana a cada estomatólogo le asignan un consultorio compuesto por varias manzanas, las cuales debe visitar casa a casa para, supuestamente, ver que no existan lesiones bucales pre cancerosas, pero al final cuando los pacientes saben que eres estomatólogo, la mayoría lo que quieren es arreglarse una muela o hacerse una prótesis y cuando les dices que eso no está en tus manos hay gente que hasta te maltrata.

Al final el objetivo de ese llamado “terreno” es justificar el salario que se nos paga, pues esta labor en la comunidad debe quedar registrada en hojas de cargo para que estadísticamente se refleje que esa jornada nuestro trabajo fue en la calle, o sea de las cuarenta horas de trabajo semanal, treinta y dos son en la calle haciendo “terreno”, aunque también te pueden enviar a llevar citaciones de multas de Salud Pública no pagadas, o con los fumigadores de la campaña anti vectorial. Te imaginaras lo frustrado que uno se siente como profesional.

*Distrofia Muscular de Duchenne. Es la distrofia muscular más común diagnosticada durante la infancia. Limita significativamente los años de vida de los afectados. Afecta a 1 de cada 5.000 niños en el mundo (alrededor de 20.000 casos nuevos cada año).

 

 

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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