Campesino cubano, en una foto de archivo. Foto © Radio Taíno.

Levanten las manos, esto es un atraco

Hace poco escuchábamos al ministro de Comercio Exterior de Cuba, Rodrigo Malmierca, decir que los cubanos residentes en el exterior pueden invertir sin límites en la Isla. Algo que, según explicó, “infelizmente” han hecho muy pocos hasta la fecha.

Me sorprendió que dijera también que desde el Gobierno van a trabajar para revertir esta situación. No ha pasado una semana de aquello y los cubanos residentes en el exterior ya tenemos un motivo para no fiarnos de esa mano tendida.

Un campesino de la Isla de la Juventud acaba de perder la finca que su abuelo tenía desde antes de 1959. La misma a la que la Reforma Agraria le amputó un trozo. Ahora, 60 años después, la mayor parte de esos terrenos familiares han pasado a ser patrimonio del Estado cubano.

Como lo oyen. Osniel Fernández no podrá heredar los terrenos de su padre porque el responsable de una cooperativa del Estado asegura que él no ha cultivado esas tierras de forma “permanente y estable”.

Sí, se queda sin lo que pertenece a su familia porque un don nadie ha tenido una diarrea verbal y lo ha condenado a perder lo que es suyo y de los suyos.

La decisión del Ministerio de Agricultura cubano (¡ni siquiera de un juez!) de expropiar las tierras a un campesino se basa en el famoso decreto ley 125/91 que lleva la firma de Fidel Castro y que fija por norma que los terrenos agrícolas no podrán heredarse de generación en generación si la persona que los reclama no los venía trabajando al menos cinco años antes del fallecimiento del propietario.

Ni siquiera esa cláusula abusiva de ese decreto encaja en este caso. A él no le quitan las tierras por no trabajarlas desde 2015. Se las quitan por no haberlo hecho de “manera permanente y estable” y por no haber vendido sus productos al Estado.

¿Cuántas mujeres rurales que no han trabajado la tierra, pero que han cuidado de los animales de una finca, que se han dedicado a los hijos y la casa no han podido en todos estos años heredar las tierras de sus padres y sus maridos?

Vergüenza debería darles que a estas alturas el respeto a la propiedad privada siga estando en busca y captura en Cuba y que se note tan escandalosamente que este decreto ley está hecho para legitimar la expropiación forzosa de propiedades. 

Como lo oyen. Al campesino Osniel Fernández no le quitan la finca que fue de su abuelo y de su padre porque no sea suya, que lo es (compartida con un tío). Sino porque el representante del Partido Comunista de Cuba que está al frente de la cooperativa agropecuaria de la zona asegura que Osniel apenas les vendía productos.

Pero no contentos con quitarle las tierras, le quitan además los animales: tres vacas, dos terneros y un caballo porque dice el del Partido, único testigo del caso, que están mal alimentados. Por esa regla de tres podrían retirarle a muchos padres y madres de la Isla la tutela de sus hijos por estar bajos de peso y con la hemoglobina por los suelos porque el Estado no les garantiza ni la leche ni la carne. ¿Cómo se atreven a tanto?

Y luego nos preguntamos por qué tenemos los agros en Cuba a falta de la extremaunción. ¿Cuántos campesinos cubanos han pasado por la experiencia de Osniel? ¿A cuántos acosan con impuestos que hacen inviable la producción en un país que ve pasar un ciclón y grita: “Me lo quedo”? Así no se puede invertir.

Nunca me ha parecido normal que los limones y ajos cubanos parezcan sacados del museo de las microminiaturas de Guadalest (Alicante, España). No me creo que nuestra tierra sea estéril. Simplemente es una tierra triste, que se niega a dar más de sí. Los pájaros tristes no cantan.

Que en pleno siglo XXI estemos debatiendo en Cuba sobre el derecho a la propiedad privada es una falta de respeto a la decencia, al sentido común y a las ganas de prosperar. ¿Para qué quiere las tierras el Estado cubano? ¿Para que se llenen de marabú? ¿Para que se las coma la hierba?

Señor, ten piedad e ilumínalos, sácalos de la Plaza de la Revolución y del Segundo Frente y muéstrales el agro del reparto Bahía, en La Habana del Este. Haz un milagro y explícales que en Cuba la gente pasa hambre porque a las familias se les van 100 pesos en un mazo de cebollinos, dos boniatos y tres aguacates. Diles que aterricen, que suelten la soga, que están ahorcando a nuestra gente.

Da pena viajar por la Isla y ver terrenos baldíos a un lado y otro de la carretera. Y todavía creerán (los del Gobierno) que los cubanos en el extranjero no tenemos ganas de invertir nuestro dinero en Cuba. Claro que queremos, pero cuando al frente del país haya gente decente; gente seria; gente de fiar, que respete el artículo 17 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que consagra el derecho a la propiedad.

Ya basta del cuento de la propiedad social sobre los medios de producción. Miren cómo ha dejado nuestros centrales azucareros esa utopía de propiedad social. Hemos pasado de liderar la exportación de azúcar de caña en el mundo a comprar azúcar de remolacha a los franceses.

Ya basta de contar historias de ciencia y ficción. Lenin está muerto. Fidel Castro está muerto. Ninguno de los dos pudo ver con sus ojos las bondades de la propiedad social. Ustedes llevan años hablando de los Lineamientos y del proceso de rectificación. ¿De verdad les parece normal que quitar las tierras a un campesino sea la mejor manera de rectificar?

No son creíbles. Aprobaron una Reforma Agraria para supuestamente proteger a los trabajadores agrícolas y a los ganaderos y todas las familias que perdieron parte de sus tierras ese 17 de mayo de 1959 entendieron inmediatamente que esa ley no era trigo limpio. La historia les ha dado la razón.

En Cuba, por motivos paranoicos, que probablemente tienen mucho que ver con el miedo a perder el control del país, los campesinos se han convertido en el enemigo a batir. Mientras en España, durante la crisis del coronavirus las plantaciones agrícolas se han hinchado a ganar dinero produciendo alimentos como sector económico esencial, en Cuba encontrar una papa, una simple papa, sigue siendo un secreto de Estado.

Son unos ineptos. Es imposible que cada decisión que tomen sea peor que la anterior, pero aún así y sin esfuerzo, lo consiguen.

No es posible que la tierra en Cuba no produzca. No es de recibo que tengamos que importar frijoles, con lo fácil que se dan en nuestra isla. No es normal que nuestros tomates no sepan a tomates. No podemos permitirnos otra década perdida.

El caso de Osniel es una injusticia brutal. El hombre no sabe qué va a hacer con su vida. Los plazos administrativos que le han dado son de risa. Ahora tiene que esperar un año para que el Ministerio de Agricultura revise su decisión, siempre que él sea capaz de aportar documentos que dejen en mentira al directivo de la cooperativa que lo 'chivateó'. Si ese comunista infeliz tuviera vergüenza, le faltaría isla para esconderse. Cómo se puede ser tan malo.

Y lo peor es que tengo la respuesta a todas mis preguntas. Esto nos pasa porque nuestro país lo dirigen los mediocres que no tenían posibilidad de llegar a nada en sus respectivas carreras y decidieron dedicarse a la propaganda, a lamer culos y a abrazar farolas engalanadas con las banderas cubanas.

La mediocridad es una plaga peor que la mala hierba. Sólo necesita una rendija para colarse y luego, arrambla con todo lo que encuentra a su paso.

Hemos dejado el país en manos de la muerte y nos hemos marchado. No tenemos perdón.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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