Que 2021 nos traiga el fin de la oscuridad

Que 2021 nos traiga salud y trabajo para aguantar lo que venga, "coraje para vivir, generosidad para convivir y prudencia para sobrevivir". Que el año nuevo nos dé la oportunidad de participar en la reconstrucción de una Cuba que nos necesita a todos.

Joven, sentado en el muro del malecón habanero, en un a Foto © CiberCuba

Mi abuela, que vivía junto al río Cauto y murió muy joven, solía lanzar un ¡solavaya! cada vez que se avecinaba tormenta porque nunca superó el desastre del ciclón Flora. Quiso el destino que yo echara raíces en Murcia (España), una tierra árida, pero generosa, donde llueve rara vez y cuando lo hace, la lluvia cae con barro. Aquí no hay agua, pero esta gente ha sabido convertir sus bancales secos en la huerta de Europa. De aquí salen los mejores tomates que podrás probar jamás. 

Eso me ha enseñado que no importa cuán austeros sean los recursos que te tocan. No podemos pasarnos el tiempo lamiéndonos las heridas. Hay que trabajar, hay que esforzarse, hay que innovar y hay que creer que el cambio que necesitamos es posible; que una vida mejor es posible.

Si todo el dinero que en Cuba se ha empleado en propaganda contra el embargo de Estados Unidos, se hubiera destinado a desarrollar la agricultura, no tendríamos que importar frijoles de Valencia (España), una tierra, como la murciana, donde también escasea el agua.

El Gobierno cubano tiene otras prioridades y ha desviado recursos ingentes a la divulgación ideológica y a la represión. Hoy hay ambulancias paradas y camiones policiales por todo el país. Algo se ha hecho mal. Hoy la represión es la única industria en Cuba que tira la casa por la ventana.

Este 31 de diciembre termina un año durísimo para todos. No sólo para los cubanos. El coronavirus nos ha sacudido a todos. A unos más que a otros. Hoy hay al menos 1,8 millones de familias, en duelo en todo el mundo, por culpa de la pandemia. Puede que haya más, pero casi todos los países se las han agenciado para contar los muertos a conveniencia. Cuba no es una excepción.

Sería blasfemo decir que la pandemia ha tenido algo positivo, pero los optimistas siempre vemos algo bueno incluso donde es difícil verlo. El coronavirus nos ha demostrado que desde un pueblo remoto, en el otro confín del planeta, se puede cambiar el mundo. Wuhan ha cambiado, para mal, todo lo que considerábamos "normal". 

Hoy vivimos una nueva normalidad. Encerrados en casa o en la calle con mascarillas, sin abrazos y guardando, por prudencia, la distancia social. Vivimos a la espera de que nos toque ponernos la vacuna, que en el capitalismo malvado ha llegado primero y gratis para todos. No es sólo la tecnología lo que nos hace diferentes, ahora también, el acceso a la cura de una enfermedad que mata.

Cuba ha mantenido a raya la epidemia a un precio muy alto: cerrando aeropuertos. Pero no se puede vivir de espaldas a la globalización. La economía del país se ha resentido de manera brutal durante el cerrojazo. Viene un 2021 muy duro. Sabemos que habrá escasez, pero también sabemos que hoy muchos cubanos tenemos esperanzas de que acabe la era de la oscuridad, la era verdeolivo, de lo feo, de lo malo, de lo cutre.

Podemos hacerlo juntos. Ninguno de nosotros es mejor que todos juntos, pero hay que creer en esa posibilidad. Tenemos que arrinconar a los que difunden el odio. Tenemos que conseguir que les dé vergüenza vender la división entre los cubanos de Cuba y los cubanos de afuera. Se ha intentado enfrentando gusanos a ciberclarias y lo único que se ha conseguido es más odio, más radicalización de una y otra parte. Para conseguir resultados diferentes hay que hacer cosas diferentes.

Los partidos acostumbrados a la oposición no saben gobernar. Llegan al poder y siguen haciendo oposición. Venden confrontación, están siempre a la defensiva. El Partido Comunista de Cuba lleva años vendiendo el llanto de la víctima. No paran de vender lo que podrían haber sido si no hubieran tenido el embargo. Venden lo que nunca serán.

Cuba no está hundida sólo por el veto al intercambio con Estados Unidos en determinados renglones económicos. Está hundida por la mala gestión, por una economía hipercontrolada por el Estado y porque los cuadros del PCC son malpagadores. ¿Se acuerdan de aquel discurso de Fidel Castro de que la deuda externa es impagable? De aquellos polvos, estos lodos. Hoy tenemos que pagar al contado. 

En 1998 Reino Unido nos perdonó 795,9 millones de dólares de deuda. En 2013, Uruguay, 31,5 millones. En 2015, Francia condonó a Cuba una deuda de 4.000 millones de dólares y Japón, otros 996 millones. ¿De qué ha servido todo eso? Han dilapidado todas las oportunidades. Y ahora nos empujan a la dolarización, a un corralito bancario y a una terapia de choque, que hundirá definitivamente al país.

Eso se puede parar, cubanos. Se puede parar con unidad ante la barbarie. Todos juntos, con nuestras diferencias. Cuba merece volver a ser próspera. Levantamos un país después de la Guerra de Independencia y lo convertimos en 1958 en la tercera economía del continente por detrás de Venezuela y Uruguay. 

Vamos a juntarnos en torno a un sólo objetivo común: lo mejor para Cuba y los cubanos. Esto que tenemos dista mucho de ser lo que soñamos. Ya basta de estar regados por todos los rincones del planeta huyendo del desastre. Vamos a unirnos en nombre del amor a nuestra tierra y a nuestras familias. Hay que apartar el odio. Ellos (los comunistas) nos quieren en pie de guerra. Ese no es el camino. Vamos a demostrarles que una transición pacífica a la democracia, a la prosperidad, es posible desde la serenidad, la prudencia y el amor por Cuba.

¿Y qué puede hacer usted que no quiere meterse en problemas para ayudar a su país? Silencie la propaganda del Partido Comunista. Cierre sus ojos y sus oídos al discurso del odio. No deje que la toxicidad y las mentiras entren en su hogar. No les crea. Dude de quien un día le presenta las mejores tarifas eléctricas para este momento histórico y al siguiente da marcha atrás y le dice que ha escuchado al pueblo y por eso reduce un tarifazo, que de que va, va. ¿En qué quedamos? Ni eran buenas las primeras tarifas, ni eran las mejores ni eran justas. Mienten. No lo olvide. Siempre mienten.

Hoy, desde CiberCuba, enviamos un abrazo muy fuerte a todas las familias que sufren la separación, la división y la pérdida de un ser querido. A todas las que siguen esperando justicia por sus muertos y sus vivos y justicia también para los que están presos injustamente. Su dolor es hoy nuestro dolor. No olvidamos a los que ya no están.

A este nuevo año 2021 le pedimos que nos traiga salud y trabajo para aguantar lo que venga, "coraje para vivir, generosidad para convivir y prudencia para sobrevivir". Que el año nuevo nos dé la oportunidad de participar en la reconstrucción de una Cuba que nos necesita a todos. ¡Solavaya! con el odio y los que nos dividen. 

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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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