Primer ministro de Cuba, Manuel Marrero Cruz, de pie. Foto © Cubadebate

Ocurrente primer ministro de Cuba ve puercos y manda a sembrar patios

El compañero Manuel Marrero Cruz está desaprovechado como primer ministro, privando a Cuba de un humorista fino y polifacético que los martes elogia una granja de cerdos semivacía, los miércoles pide un esfuerzo para construir más casas que faciliten el aislamiento ante el coronavirus, los jueves descubre que la aduana maltrata a los cubanos, y los sábados sugiere llamar a las puertas de casas con patio para sembrarlos.

La inteligencia emocional de Marrero Cruz rebasa cualquier expectativa y debe traer de cabeza a la estación CIA en Cuba, intentando desentrañar cómo un primer ministro se atreve a elogiar una granja porcina, cuando el precio de la carne de cerdo en la isla anda por las nubes y provoca quejas de muchos ciudadanos.

Las ocurrencias del premier Marrero no son nuevas, pues ya en 2020 avisó de su ingenio político, llamando a los cubanos a construir más casas porque contribuyen al aislamiento frente al coronavirus; que ha alcanzado cotas incompatibles con una potencia médica que salva, mientras Cuba se destruye por la mala gestión del comunismo de compadres impuesto por la casta verde olvida.

Pero como no hay dos sin tres, el primer ministro acaba de descubrir el agua tibia, pidiendo a los cubanos que llamen a las puertas de casas con patios, para sembrarlos; detalle novedoso la petición de llamar antes de entrar a las viviendas, circunstancia obviada por el castrismo durante años en su invasión constante a domicilios y familias, a las que dividió en buenos y malos, según su simpatía o antipatía con el proceso revolucionario.

La humorada de Marrero Cruz desató carcajadas y chistes entre los cubanos, pero provocó rictus amargos en las bocas de sus compañeros de viaje porque las casas con mejores patios de Cuba, incluidas piscinas que garantizan la abundancia de agua para regadío son las de Raúl Castro Ruz y sus descendientes, Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, generales, ministros, miembros del Buró Político del partido comunista y la del ocurrente premier que -desde su penúltima patochada- debería abrir de par en par las puertas de su mansión a paisanos deseosos de trabajar la tierra.

Vista aérea del Laguito, zona residencial de La Habana, donde viven altos cargos del castrismo / Foto: Google maps

Obviamente, la genialidad de Marrero Cruz supera con creces la del precavido espía fracasado Gerardo Hernández Nordelo con su apuesta por las calabazas de aceras y la orden sembrar una piña por cederista, plan que debe haber descarrilado por culpa del bloqueo norteamericano; pero que tiene la ventaja de mantener alejado de las dachas mayimberas a los empobrecidos de la tierra cubana.

Si Fidel viviera, no pasarían estas cosas, suelen decir atropellados veteranos revolucionarios por la Tarea ordenamiento, para consolarse ante los continuos chistes del compañero Marrero Cruz, ascendido tras destruir el disfuncional turismo cubano, con una brutal subida de precios, al calor del embullo Obama, desoyendo a empresas y turoperadores extranjeros con años de implantación en la industria sin chimenea de Cuba.

La designación de Manuel Marrero Cruz como primer ministro evidenció la subordinación del Partido comunista y gobierno cubanos al General de Brigada Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, que impuso a su peón sobre otras opciones para garantizarse la aplicación de su plan para hacerse rico y proteger los dineros de la familia Castro-Espín.

Si Miguel Díaz-Canel Bermúdez fue el único sobreviviente de la política de cuadros del Partido comunista, con asombrosa capacidad para producir cuadros corruptos aficionados a las mieles del poder -¿con quiénes habrán aprendido estas mañas, en la Ñico López?- Marrero Cruz es una criatura incapaz, servil y atrevida Made in GAESA.

Lástima que Manuel Marrero Cruz aún no haya alcanzado su consagración como humorista; si en público hace tan geniales chistes sobre patios a sembrar, puercos y conejos alimentados con plantas proteicas, pero ausentes de las mesas cubanas, en la intimidad debe ser un banquete para los anónimos oídos de la Contrainteligencia, ansiosos porque el primer ministro llegue a casa, se meta en el patio e improvise, con la "sensillez" que lo caracteriza.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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