Prodal produce las croquetas que están lesionando a cubanos con sus explosiones. Foto © CiberCuba

Las croquetas explosivas de Prodal y el enemigo externo de Cuba

El miércoles pasado escribí a la empresa Prodal de Regla, productora de las croquetas explosivas que han causado quemaduras serias a consumidores cubanos. No me han contestado aún, pero entiendo que ante el impacto de la "violencia" de su producción no les ha quedado más remedio que dar la cara este jueves en las redes sociales.

En cualquier país civilizado, Prodal estaría en todos los periódicos y televisiones nacionales, bajo investigación de las autoridades de Consumo y demandada en los juzgados con peticiones de indemnizaciones a las personas que han perdido la piel intentando freír sus croquetas criollas.

No nos vale que la empresa admita que la masa de esas croquetas se abre con "violencia" y mucho menos nos sirve que echen balones fuera y que culpen a los consumidores de ser los culpables de que las croquetas estallen si no se fríen a 180 grados. Como si los cubanos fuéramos novatos en el arte de la fritanga.

La empresa ha simulado dar la cara, forzada por la prensa independiente. Los periodistas que trabajan para el Estado o no se han enterado o no se han interesado por el tema de los estallidos de las croquetas de Prodal. Nadie en el ICRT se ha preguntado frente a una cámara qué contiene una croqueta para que estalle con tal virulencia.

En Cuba tienen que acostumbrarse a que en el mundo civilizado hay que asumir responsabilidades. Si esos productos están causando lesiones, no pueden seguir a la venta y, por tanto, hay que parar de producirlos y revisar los ingredientes porque señores, alguno de sus componentes reacciona como si fuera dinamita. Eso es una realidad. Alguien tiene que dar la cara por esto y no pueden ser los quemados.

Sin embargo, no es eso lo que leemos en el perfil de Twitter de Prodal. Todo lo contrario. Se jactan de que van a incrementar la producción de sus croquetas TNT debido a la alta demanda de esos productos. Les falta humildad y empatía.

La gente no persigue las croquetas con pólvora que fabrican porque sean exquisitas sino porque no hay otra cosa que comer. Ojalá los cubanos pudieran elegir entre muchos productores de croquetas. En ese caso, no les quepa la menor duda, terminarían cerrando su kiosco.

Si Prodal va a seguir en esa línea, sería más honesto que vendieran el paquete de croquetas con una careta de soldador y una advertencia litografiada en rojo: "Por lo que pueda pasar".

En cambio, ofende que la estrategia de comunicación de Prodal se apunte al discurso del gobernante Partido Comunista, que achaca todos sus males al enemigo externo.

Las croquetas explotan porque la gente humilde que las compra no sabe freírlas. La economía cubana ha colapsado por el embargo y no por las limitaciones que desde 1959 ha impuesto el PCC a la iniciativa privada.

El culpable siempre es ajeno a los cuadros del Partido. Fíjense, todavía nadie nos ha pedido perdón en Cuba por la nacionalización de hasta el último puesto de fritura, que 60 años después autorizan tras darse cuenta de que el Estado no es capaz de manejar este tipo de negocios, que siempre han sobrevivido en nuestro país desde la clandestinidad. 

En Cuba se han vendido durofríos, cremitas de leche, papas rellenas, croquetas o maní toda la vida, con la anuencia de las mentes 'privilegiadas' que nos han dejado en la ruina más absoluta.

Sucede que los cubanos ya no nos creemos el discurso del enemigo externo porque sabemos que el enemigo está en casa. Las croquetas de Prodal son un cohete en el sartén porque algo les están echando que no les echaban antes o algo les están dejando de echar para que se conviertan en proyectiles.

Callarse no soluciona el problema. Todo lo contrario. Los retrata. Los cubanos estamos en un punto de no retorno. Que Prodal no dé explicaciones en la televisión cubana sobre la agresividad de sus croquetas demuestra que en Cuba los consumidores, como los opositores, no tienen derechos. Están indefensos y eso es intolerable en el siglo XXI.

Ya está bien de darse golpes de pecho hablando de revolución. No hay revolución. No existe. Se acabó. Cuba sigue sin ratificar el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos firmado en 2008. ¿Por qué creen que no lo ratifica un país que se sienta en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU?

Porque el día que lo hagan se acaban los regulados en Cuba; se acaban las detenciones arbitrarias, los asesinatos de reputación en el NTV; se acaban las detenciones arbitrarias para evitar manifestaciones públicas. El día que lo hagan se acabó la dictadura y con ella, se acaban los privilegios de una casta semianalfabeta, de gustos pueblerinos y aspiraciones mediocres.

Ese día llegará y no sólo Prodal tendrá que dar explicaciones. Están machacando a nuestra gente hoy con croquetas asesinas; ayer con las cocina Píker o las ollas y cafeteras INPUT.

En todos estos años no ha habido ni ceses ni dimisiones en esas fábricas mutiladoras. Silencio. Eso es lo que reina en Cuba cuando las cosas se hacen mal: el silencio. Se callan y se esconden detrás del enemigo externo. 

Y no queremos que eso siga pasando. Tienen que dar la cara. No basta con que le diga a mi madre que no se atreva a comprar las croquetas Prodal. La prevención ayuda, pero no soluciona el problema.

El director de la fábrica de Regla tiene que salir en televisión y pedir perdón. La culpa no puede ni debe ser de los consumidores cubanos que intentan freír la croqueta y terminan con media cara quemada. La culpa es de quien fabrica un producto que no es apto para el consumo; de quien permite que se siga haciendo y del Estado que hace oídos sordos a lo que está pasando.

Asúmanlo: ustedes son el enemigo externo.

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Tania Costa

(La Habana, 1973) vive en España. Ha dirigido el periódico español El Faro de Melilla y FaroTV Melilla. Fue jefa de la edición murciana de 20 minutos y asesora de Comunicación de la Vicepresidencia del Gobierno de Murcia (España)

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