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La reciente decisión del gobierno estadounidense de suspender el acceso al Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP), conocido como 'Food Stamps', a los inmigrantes que ingresaron bajo el programa de parole humanitario, ha provocado una ola de reacciones entre los cubanos en Estados Unidos.
En redes sociales, muchos expresaron frustración, malestar y resignación ante lo que consideran una medida injusta y discriminatoria.
El Departamento de Agricultura notificó el pasado 3 de abril que, tras la expiración del parole humanitario el próximo 24 de abril, los cubanos y haitianos beneficiarios del programa perderán el acceso al SNAP, a menos que hayan adquirido otro estatus migratorio válido.
Las reacciones no se hicieron esperar. “Me maravilla leer tantos comentarios de cubanos que un día también necesitaron del gobierno, criticando hoy a los que, por los motivos que sean, se benefician de los 'Food Stamps'”, expresó una usuaria, quien defendió su derecho a recibir la ayuda tras llegar con el parole humanitario y empezar a trabajar inmediatamente para sostener a su familia.
Otro internauta lanzó una crítica directa a quienes continúan recibiendo beneficios sin necesitarlos: “Conozco personas que trabajan, no tienen hijos y siguen pidiendo beneficios. Luego los ves en carros buenos y pagando con EBT”.
Este tipo de comentario evidenció la polarización dentro de la comunidad cubana en torno al uso de la asistencia estatal.
Entre los mensajes más frecuentes se repite la idea de que “el patrocinador debió hacerse cargo desde el principio”, recordando que los solicitantes del parole humanitario firmaron una declaración jurada (affidavit) comprometiéndose a no convertirse en carga pública.
En ese sentido, algunos usuarios consideran que el gobierno actuó con lentitud al entregar beneficios que, según ellos, nunca debieron concederse.
Sin embargo, también hay quienes critican con dureza a la Administración Trump, acusándola de tomar decisiones que afectan directamente a familias que llegaron legalmente y comenzaron a integrarse al sistema.
“Lo doloroso no es que quiten esto o aquello, lo verdaderamente triste es que ahora muchos no pueden ver a sus familias en Cuba”, escribió un usuario en tono de lamento.
Otros mostraron preocupación por las consecuencias de la medida, que consideran injusta para quienes dependen de esta ayuda para alimentarse: “Ya no saben cómo más perjudicar a estas personas”, señalan.
Las organizaciones que defienden los derechos de los inmigrantes han calificado la medida como un golpe para los más vulnerables, advirtiendo que podría aumentar la inseguridad alimentaria en las comunidades afectadas.
La eliminación de este beneficio afecta directamente a cerca de 321,000 personas de ambas nacionalidades, que hasta ahora habían accedido a servicios temporales de reasentamiento, entre ellos, la ayuda alimentaria.
Más de 110,000 cubanos entraron a Estados Unidos con parole desde el inicio del programa, pero muchos aún no han logrado cambiar su estatus migratorio, lo que los deja en una situación de incertidumbre ante la inminente pérdida de acceso a alimentos básicos.
La suspensión de los Food Stamps no es un hecho aislado, sino parte de una serie de políticas más estrictas impulsadas por la actual administración, que también revocó permisos de trabajo y exigió la salida voluntaria de los beneficiarios antes del 24 de abril.
Las voces de los cubanos en Estados Unidos reflejan un abanico de opiniones marcadas por la experiencia personal, la posición política y la lucha diaria por establecerse en una nueva tierra.
Lo que queda claro es que la decisión de la Administración Trump ha removido no solo beneficios económicos, sino también fibras emocionales y sociales dentro de esta comunidad.
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