Mientras estudiantes universitarios cubanos se movilizan con valentía contra el abusivo tarifazo de ETECSA, enfrentando censura, amenazas y la posibilidad real de represalias, Gerardo Hernández Nordelo, coordinador nacional de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), opta por mirar hacia otro lado.
En lugar de pronunciarse sobre el creciente malestar juvenil en Cuba, Hernández se dedica a criticar la represión policial contra manifestantes propalestinos en universidades de Estados Unidos, en un intento evidente por desviar la atención de lo que sucede dentro de su propio país.
"Qué bueno hubiera sido que los que hoy -viviendo en USA- 'se preocupan' tanto por los megas de los estudiantes cubanos, hubiesen dicho algo cuando a los estudiantes de allá les caían a palos por defender a Palestina", escribió el exespía en Facebook.

La comparación es completamente hipócrita.
En Estados Unidos, como le explicaron varios internautas en los comentarios, las protestas son posibles, incluso cuando se tornan controversiales.
En Cuba, en cambio, ni estudiantes, ni trabajadores, ni ciudadanos comunes tienen derecho a manifestarse pacíficamente, mucho menos a organizar un paro académico o expresar públicamente su descontento sin correr el riesgo de ser citados por la Seguridad del Estado, despedidos o encarcelados.
Los universitarios no son el enemigo
La reacción popular al post de Hernández fue contundente. "Nos preocupan porque los mantenemos nosotros, hasta con el papel sanitario", le respondió un emigrado en Florida.
Un exprofesor señaló que en Cuba "hay una antidemocracia filofascista" y que quienes opinan diferente son sistemáticamente criminalizados.
Una internauta subrayó que los verdaderos clientes de ETECSA están fuera de Cuba, y que tienen derecho a criticar la política de recargas abusivas de un sistema económico disfuncional. "Ellos son los que ponen los USD que necesita ETECSA".
"En Cuba somos 9 millones, 8 millones 900 mil son miserables (no pobres). ¡Y así y todo siempre se la pasan hablando de los EEUU! Serán descarados, ah y además quieren que los cubanos pobres que viven en EEUU recarguen, manden remesas y combos! Descarooooo", dijo un emigrado.
Más aún, varios usuarios señalaron la doble moral del poder: mientras los hijos de los dirigentes estudian en universidades extranjeras, los jóvenes en Cuba deben depender de recargas de familiares para acceder a clases, investigar o simplemente comunicarse.
Las protestas son legítimas y necesarias
Los estudiantes cubanos han mostrado un coraje inusual y admirable al encabezar una protesta contra el nuevo esquema tarifario de ETECSA, que dolariza el acceso a Internet y lo vuelve inaccesible para quienes no reciben remesas o ingresos en divisas extranjeras.
El silencio de Gerardo Hernández ante esta realidad es revelador. Prefiere hablar de represión en Yale o Columbia que asumir que en Cuba no se puede marchar ni con una flor sin permiso del Estado.
La represión aquí no ocurre solo cuando "ocupan ilegalmente un campus", sino por simplemente disentir, por publicar en redes, por organizarse.
El rechazo a estas medidas ha sido amplio y transversal con los jóvenes, que no solo luchan por megas, sino por dignidad y justicia social.
Una táctica ya conocida: proyectar hacia afuera lo que no se quiere ver dentro
No es la primera vez que Gerardo Hernández recurre a este tipo de discurso distractor.
A finales de abril, utilizó el apagón que afectó temporalmente a partes de España y Portugal para lanzar una arenga propagandística, tildando a Europa de "continente fallido", con el objetivo de desacreditar el hashtag #CubaEstadoFallido.
Esa comparación también fue ampliamente criticada por usuarios en redes: mientras los cortes de luz en Europa fueron excepcionales, en Cuba son parte de la vida diaria.
Pero Hernández, en su papel como propagandista del régimen, evita sistemáticamente hablar de los problemas reales del país, optando por un antiimperialismo selectivo y convenientemente enfocado en el exterior.
El cinismo tiene límites
Gerardo Hernández puede seguir usando su tribuna para denunciar lo que sucede fuera de Cuba. Pero su falta de voluntad para defender a sus propios estudiantes, sus propios ciudadanos, lo convierte en cómplice del sistema represivo que los ahoga.
Los universitarios cubanos no están pidiendo privilegios: están exigiendo derechos básicos en una sociedad que se dice socialista.
Y aunque los voceros del régimen insistan en mirar para otro lado, el país real está hablando. Y lo está haciendo desde las aulas, con firmeza y sin miedo.
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