Una joven cubana acogida bajo el formulario migratorio I-220A ha conmovido a miles de personas en redes sociales tras publicar un video donde lee una carta dirigida a su madre, desde Estados Unidos, donde permanece en espera de una solución a su estatus legal.
“Puse mis sueños en una maleta, te di un abrazo y me despedí con un ‘nos vemos pronto’, y mírame aquí, ya voy por tres años”, dice @bea_reyes1924, mientras comparte cómo ha vivido la separación. Confiesa sentir temor de que todo su sacrificio no valga la pena, pero asegura que, aunque podría fallarse a sí misma mil veces, “a ti jamás”, en referencia a su madre.
En poco más de un minuto y medio, la autora describe la ansiedad de vivir lejos de sus seres queridos, el dolor de saber que su madre necesita cosas que ella no puede proveer, y la impotencia de no poder regresar. “No pasa bocado por mi garganta sabiendo que tú lo anhelas y no lo tienes… no es la comida, es la compañía; no es la casa, es la familia”.
El video ha generado cientos de respuestas de cubanos con trayectorias similares, especialmente de mujeres que también dejaron hijos o madres en la isla. “Mi misma historia, pero sufriendo por mi mamá y por mi niño”, comenta una. Otra dice: “Yo también llevo tres años, con una bebé, y mi mamá y mi abuela no la conocen”.
Varios testimonios relatan el mismo patrón: años de espera bajo I-220A, separación familiar, miedo a fallar, sentimiento de abandono institucional. Una mujer cuenta que no pudo despedirse de su madre, fallecida en Cuba por mala praxis. Otra describe cómo prometió libertad a su hija de tres años antes de emigrar, pero ya tiene seis y sigue sin poder cumplirlo.
Frente a esas historias, la autora responde una y otra vez: “Así estoy yo también, luchando por mi pequeña”, o “dejé a mi hija con dos añitos y medio, y me estoy perdiendo todo de ella”. Su voz se ha convertido en eco de una comunidad rota por la distancia, pero unida por el mismo anhelo.
La publicación se suma a otras expresiones recientes de cubanos en el exilio bajo I-220A, como la carta abierta del locutor Alejandro Quintana, quien en mayo publicó un video en el que afirmaba: “Cuando medio millón espera, el silencio de los demás también duele”. Su llamado a la unidad entre migrantes y profesionales legales fue ampliamente replicado y aplaudido. Sus palabras llegaron tras un fallo reciente de la Junta de Apelaciones de Inmigración (BIA), que aunque refiere a una ciudadana china, ha despertado expectativas sobre su posible aplicación a casos cubanos. Activistas y abogados ven en él una posible vía legal para revisar la situación de miles de personas bajo I-220A.
La carta audiovisual de esta joven no busca culpables, pero sí refleja el costo humano de una espera prolongada. “Aquí estoy resistiendo… con la esperanza de despertar algún día con la mejor noticia del mundo”, dice hacia el final. Su mensaje no se limita a una historia personal: expone, sin adornos, una herida abierta para cientos de miles de cubanos.
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