Una joven cubana residente en Matanzas denunció en un video publicado en TikTok las condiciones laborales en el sector estatal, en particular los bajos sueldos y las pensiones. En su intervención, lamenta que el salario mínimo no cubre ni una semana de comida y critica el sistema de jubilación en la isla.
En el video se refirió a que el salario mínimo —entre 2,500 y 3,000 pesos— no cubre ni una semana de comida, y a que la jubilación, tras décadas de empleo estatal, apenas ronda los 1,500 pesos. Su conclusión es clara: las opciones reales están en el sector privado, donde las mipymes, cafeterías y negocios particulares ofrecen —cuando pueden— mejores ingresos y menos desgaste.
El video provocó una oleada de comentarios: desde comparaciones con Venezuela hasta preguntas sobre cómo los particulares logran pagar mejores sueldos. También hubo reacciones que aludieron al miedo a represalias por hablar con tanta claridad. Pero el fondo no cambió: el mensaje no sorprendió a nadie.
La precariedad del ingreso estatal ha sido ampliamente documentada. En marzo, un joven cubano mostró qué se puede comprar con el salario mínimo en Cuba: un pomo de puré de tomate, algo de sazón, sal, dos pizzas y poco más. “Tuve que poner un poquitico más para las pizzas porque no alcanzaba”, decía al final de su recorrido por los kioscos de barrio.
En junio, la ingeniera Yulieta Hernández publicó un cálculo exacto de lo que rinde una hora de trabajo en Cuba: ni siquiera alcanza para comprar un huevo. El análisis reflejaba que, mientras el salario promedio es de 5,200 CUP, los precios siguen escalando, y el poder adquisitivo se reduce a gramos de arroz o mililitros de aceite por cada hora trabajada.
La inflación hace el resto. En Cienfuegos, una libra de frijoles supera los 350 pesos, el aceite llega a 1,250 CUP y el pollo troceado roza los 3,600 CUP por paquete. El salario mínimo mensual, en ese contexto, es simbólico.
Sheyla habla como muchos otros lo han hecho: directo, sin rodeos. Su voz se suma a una larga lista de cubanos que han puesto en evidencia, desde redes sociales, la descomposición del modelo salarial estatal. En Cuba, cada vez son más quienes optan por el sector privado o por depender del exterior. El Estado, mientras tanto, sigue sin ofrecer respuestas ni dignidad a cambio de una vida de trabajo.
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