
“Ser madre en Cuba duele”. Así comienza una publicación que ha tocado una fibra sensible en redes sociales este martes.
El texto fue compartido por Enlavozdeellas, una plataforma de mujeres en Camagüey que busca “hablar sin miedo” sobre las realidades que viven a diario muchas cubanas.
El relato expone con crudeza cómo la maternidad en la isla se ha convertido en un ejercicio de resistencia y sacrificio.
“Duele cuando pasan 20 horas sin corriente y las 4 que sí tienes apenas alcanzan para cocinar, lavar, planchar”, afirma el texto, que ha sido ampliamente replicado en redes sociales.
La publicación describe el desamparo que sienten muchas madres al ver cómo se echa a perder la poca comida que logran comprar “haciendo magia con un salario que no alcanza”, y cómo deben dejar a sus hijos al cuidado de los abuelos para poder trabajar múltiples empleos.
Uno de los pasajes más estremecedores aborda el miedo constante a una enfermedad infantil.
“En la farmacia no hay ni una tirita. No hay antibióticos, no hay termómetro, no hay nada”, señala el mensaje, aludiendo a la grave crisis del sistema de salud pública.
El texto también denuncia la represión implícita en la vida cotidiana: “Porque si te quejas, si alzas la voz, puede volverse en tu contra. Porque en Cuba hasta el reclamo más básico se vuelve político”.
A pesar de ello, resalta el papel activo de muchas madres que salen a la calle con “cubos en la mano y niños en brazos” para exigir servicios básicos como agua o electricidad.
En medio de la incertidumbre, las autoras subrayan que la maternidad se sufre “como una enfermedad sin cura o tratamiento”, y lamentan que algo tan esencial y humano como criar se haya convertido en un “sacrificio constante”.
Aun así, concluyen con una nota de resistencia: “Aquí estamos. Aun con el alma hecha trizas, seguimos. Porque nuestros hijos no tienen la culpa de nada”.
La crisis alimentaria en Cuba ha llegado a un punto en el que comer dignamente se ha convertido en un lujo.
Food Monitor Program recientemente presentó un informe sobre el elevado costo de la canasta básica alimentaria calculado, situando en 40,000 pesos el dinero que necesita una pareja de adultos al mes, solo por concepto de alimentación. La cifra está muy por encima del salario promedio.
La misma organización ha emitido alarmas crecientes sobre el deterioro de los hábitos alimentarios, señalando que muchos cubanos apenas logran hacer una sola comida al día debido a la escasez y la inflación.
Más de nueve millones de personas cocinan en condiciones precarias, según informes que destacan la falta de acceso a combustibles y equipamiento básico.
Esta situación agrava aún más la inseguridad alimentaria, ya que limita no solo qué se puede comer, sino también cómo se prepara la comida en los hogares cubanos.
En paralelo, una de cada cuatro personas admite haberse acostado sin cenar, en una muestra cruda de cómo el hambre se ha normalizado en el país.
Las cifras no solo hablan de pobreza, sino de una precariedad alimentaria estructural que golpea a millones de familias cada día.
Todo esto ocurre en un contexto donde la situación económica es comparada con el Período Especial, pero con menos garantías estatales, mayor dependencia del mercado informal y un sistema de racionamiento prácticamente simbólico.
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