
La indignación ciudadana por la crisis energética en Cuba continúa creciendo. Esta vez fue la fotógrafa matancera Belice Blanco Garcés quien alzó su voz para denunciar los apagones extremos que mantienen a su comunidad sumida en la oscuridad, el calor y la desesperanza.
En un mensaje desgarrador publicado en Facebook, Blanco Garcés describió cómo en su pueblo -antiguo central azucarero que en su momento fue pionero en abastecer de electricidad al naciente balneario de Varadero- hoy la población sobrevive con cortes de hasta 30 horas seguidas sin luz, recibiendo apenas una o dos horas de corriente.
"Las noches y madrugadas enteras nos las pasamos en el calor inmenso, matando mosquitos y preguntándonos qué clase de vida es esta que nos están obligando a vivir", escribió.
"Esto es un genocidio"
La artista independiente, habitualmente dedicada a compartir publicaciones de arte, amor y servicio al prójimo, confesó que no podía seguir callando ante el sufrimiento cotidiano.
"Lo que estamos viviendo es un genocidio", afirmó, apuntando directamente a la injusticia de que Matanzas, sede de la termoeléctrica más grande del país, padezca apagones abusivos mientras la capital y el polo turístico de Varadero gozan de un suministro más llevadero.
Su denuncia puso en el centro la desigualdad y el cinismo del régimen: "¿Cómo hago para atender a mi madre anciana y enferma en medio de tanta tiniebla, cuando lo que necesita es descansar dignamente y no pasarse las noches penando por un poco de aire y agua fría? ¿Cómo se puede alimentar a los ancianos y a los niños si lo poco que se compra se echa a perder por el calor excesivo?".
En su mensaje también compartió la herida de la migración forzada, que afecta a miles de familias cubanas: "¿Por qué mi hijo se tuvo que ir de su tierra con los ojos llenos de lágrimas para poder ayudarnos a vivir este infierno?".
El testimonio de Blanco Garcés refleja una realidad extendida en toda la Isla: un pueblo sometido a apagones de más de 20 horas diarias, con consecuencias directas en la salud, la alimentación y la convivencia familiar, mientras el gobierno insiste en culpar a factores externos y se niega a reconocer la magnitud de su propia negligencia.
Silencio oficial, grito ciudadano
La artista concluyó su publicación con una afirmación de dignidad: "¡Me niego a callar! Exijo vivir una vida digna con los derechos humanos que merecemos". Y aclaró que no respondería comentarios, "mucho menos de odiadores de cualquier índole".
Su voz se suma a la creciente ola de denuncias en redes sociales, donde ciudadanos de distintas provincias exigen explicaciones y soluciones a un Estado que, lejos de garantizar servicios básicos, privilegia el confort de las élites y los enclaves turísticos en detrimento de la población común.
El régimen, responsable directo de la crisis energética más severa de las últimas décadas, mantiene al pueblo cubano en un castigo colectivo de apagones interminables, empujando a miles a la desesperación y al exilio, mientras se aferra a un modelo ineficiente y sin futuro.
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