Cuba cerró este domingo otra jornada de apagones masivos con un déficit eléctrico que volvió a dispararse, apenas unos días después de que el régimen celebrara a bombo y platillo el aniversario 99 del natalicio del dictador Fidel Castro.
En su última nota informativa, la Unión Eléctrica (UNE) reconoció que el sábado la afectación real alcanzó los 1,794 MW a las 21:00 horas, cifra que sobrepasó en más de 100 megavatios a los 1,675 MW que había pronosticado en la víspera.

Según la UNE, la salida de emergencia de la unidad 3 de la CTE Renté y un repunte en la demanda provocaron el desajuste, aunque los cubanos ya no se tragan el cuento.
La credibilidad de la empresa estatal está por los suelos. El vaivén constante de cifras —un día se promete un déficit, al siguiente se reconoce otro mayor— se ha convertido en un símbolo del descontrol y la falta de transparencia que marcan la gestión energética del régimen.
“Y siguen con la demanda superior a lo planificado. Están a la cara o planifican la demanda para el invierno de Canadá”, protestó un usuario en los comentarios al post de Facebook de este domingo.
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Asimismo, varios comentaron el breve “respiro” eléctrico de días atrás y denunciaron que no tuvo nada que ver con mejoras estructurales en el Sistema Eléctrico Nacional (SEN), sino que la reducción del déficit coincidió sospechosamente con los actos propagandísticos por el cumpleaños de Castro, cuando las termoeléctricas, como por arte de magia, parecieron revivir para rendirle homenaje póstumo al dictador.
Pasada la efemérides, la realidad volvió con toda su crudeza: la disponibilidad actual del SEN ronda los 1,840 MW, frente a una demanda de más de 3,100, lo que ya genera apagones prolongados desde la madrugada.
Para la noche de este domingo, el pronóstico de la UNE es un déficit de 1,645 MW y una afectación total de 1,715 MW, cifras que devuelven al país a las magnitudes críticas de semanas atrás.
Mientras tanto, se mantienen fuera de servicio varias unidades clave —Felton, Mariel, Nuevitas y Renté— y más de 60 centrales de generación distribuida paralizadas por falta de combustible.
Todo ello deja claro que el colapso del sistema eléctrico no se resuelve con aniversarios ni discursos, sino con inversiones, eficiencia y un modelo de gestión que el gobierno de Miguel Díaz-Canel no está dispuesto a cambiar.
La conclusión es amarga pero evidente: el apagón más prolongado no es el de las lámparas en los hogares, sino el de la credibilidad de un régimen incapaz de encender algo más que su maquinaria propagandística.
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