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Un nuevo vuelo de deportación desde Estados Unidos aterrizó el pasado jueves en La Habana, cargado no solo de más de 150 cubanos esposados y llorando, sino también de testimonios que retratan el costo humano de la mayor ola migratoria de la historia de la isla.
El Ministerio del Interior (MININT) se limitó a anunciar en sus redes sociales que se trató de la octava operación en lo que va de 2025 y la número 33 desde distintos países de la región, sin ofrecer detalles sobre quiénes viajaban, sus perfiles o su destino inmediato. Horas después, el periodista oficialista Lázaro Manuel Alonso habló de 161 migrantes irregulares (37 mujeres y 124 hombres), pero sin dar más precisiones.
Sin embargo, mientras el discurso oficial cubano insistía en el cumplimiento de acuerdos migratorios con Washington, un reportaje exclusivo del medio de comunicación independiente Belly of the Beast, en colaboración con CBS News, mostró otra cara de la historia, con detenidos esposados, lágrimas al bajar del avión y familias quebradas por la deportación.
Las cámaras captaron el momento en que los agentes recibían a los deportados en la pista del Aeropuerto Internacional José Martí. Poco después, surgieron los relatos de quienes fueron separados de sus hijos en Estados Unidos.
Una madre contó entre sollozos que la obligaron a dejar a su hija de dos años, ciudadana estadounidense, con su abuela. “Me maltrataron, me obligaron a dejar a mi hija. Dijeron que no podía salir del país”, comentó.
La misma mujer relató que migración la detuvo hace tres meses y la obligó a dar sus huellas mientras le impedían salir con su hija. “Siempre dije que no quería nada de Estados Unidos, que me dieran a mi niña. Pero si no me la devuelven, volvería a arriesgar mi vida y me voy, que me metan presa”, sentenció.
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Una mujer, por su parte, confesó que la deportación la dejó separada de su hijo y sus dos nietos. “Todavía estoy procesando esto”, dijo, y a la pregunta de ¿qué iba a hacer?, respondió: "Nada, mi casa, tengo mi prima acá y así seguir adelante en nuestro país”.
Otros deportados contaron que regresan con resignación a rehacer su vida en Cuba. Uno de ellos admitió que el “sueño americano” no fue lo que esperaba: “Cuando nos damos cuenta de la realidad cruda de lo que se vive, no hay país como este”.
El acceso de Belly of the Beast a las interioridades del vuelo fue inusual y solo pudo producirse con la autorización del régimen cubano. La propia funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX), Johana Tablada, compartió el reportaje en sus redes sociales, lo que demuestra el interés del oficialismo en amplificar esta narrativa. Sin embargo, lejos de neutralizar el impacto, las imágenes y testimonios recogidos exponen un drama humano que trasciende cualquier intento de propaganda.
Según CBS News, el vuelo del 28 de agosto transportó a 150 cubanos detenidos en centros migratorios estadounidenses. Fue el octavo de este año y uno más en la larga lista de retornos forzados que continúan bajo los acuerdos bilaterales firmados en las administraciones de Ronald Reagan, Bill Clinton y Barack Obama.
El gobierno cubano asegura que mantendrá su compromiso con esos convenios para garantizar un “flujo migratorio seguro, regular y ordenado”, aun cuando Estados Unidos interrumpió los diálogos bilaterales y la administración de Donald Trump endureció sanciones y eliminó programas que protegían a miles de migrantes.
En los últimos cinco años, más de un millón de cubanos han emigrado, la ola más grande en la historia del país. Muchos de ellos buscaron en Estados Unidos un futuro distinto, pero para cientos, como los pasajeros de este vuelo, la experiencia terminó con esposas en las muñecas y el desgarrador peso de la separación familiar.
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