El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel se encuentra en Beijing, donde fue recibido por el mandatario chino Xi Jinping en el Gran Palacio del Pueblo.
La reunión se presentó oficialmente por el régimen castrista como un encuentro "productivo", en el que se firmaron varios compromisos de cooperación que abarcan desde la agricultura y la inteligencia artificial hasta la medicina tradicional, la infraestructura y la esfera cultural y mediática.
"Al término del encuentro se anunció la firma de once documentos de cooperación. Entre ellos los relacionados con la Franja y la Ruta de la Seda, las consultas políticas, la cooperación práctica, los intercambios culturales y la Iniciativa para la Seguridad Global", dijo la Presidencia de Cuba en X.
Díaz-Canel, en su acostumbrado tono de gratitud hacia los aliados políticos de La Habana, declaró en X que había agradecido "profundamente" a Xi por su "implicación personal y sensibilidad" en el manejo de los asuntos de Cuba.
Sus palabras reflejan la dependencia del régimen hacia los apoyos externos mientras en la Isla la población sigue enfrentando apagones, inflación y desabastecimiento.
Una gira con escenografía política
Tras el encuentro con Xi, el dirigente cubano continuó su programa oficial con un recorrido por espacios cuidadosamente diseñados para reforzar la narrativa de amistad inquebrantable entre ambos regímenes.
Visitó el Museo del Partido Comunista de China, una institución dedicada a exaltar la historia del órgano y a legitimar su hegemonía política, el cual "constituye un referente para Cuba", según Díaz-Canel.
El mandatario también fue a la sede en Beijing de la empresa mixta BPL, un proyecto de biotecnología con participación cubana que produce y comercializa medicamentos en miles de hospitales chinos.
En el encuentro se alabaron "logros", como la exportación del anticuerpo monoclonal cubano Nimotuzumab y el inicio del traslado del proceso de producción de la vacuna CIMAVAX contra el cáncer de pulmón.
Sin embargo, para la gran mayoría de los cubanos es contradictorio que Díaz-Canel presuma de éxitos empresariales en China mientras en la Isla los hospitales carecen de los medicamentos e insumos más básicos.
El poderío militar como telón de fondo
El viaje de Díaz-Canel coincidió con un acto cargado de simbolismo geopolítico: el desfile militar en la Plaza de Tiananmen por el 80 aniversario de la victoria china contra Japón en la Segunda Guerra Mundial.
Desde un palco de honor, Xi Jinping mostró al mundo un arsenal de cientos de armas avanzadas y más de 10,000 soldados, que para el líder comunista demostró que "el ascenso de China es imparable".
El evento estuvo marcado por la presencia del ruso Vladimir Putin y el coreano Kim Jong Un, aliados de Beijing en su pulso con Occidente, configurando una imagen de bloque autoritario que aparente busca desafiar el orden global liderado por Estados Unidos.
Mientras tanto, Díaz-Canel se sumaba a esta escenografía, alineando nuevamente a Cuba con regímenes señalados por violaciones de derechos humanos y uso del poder militar como carta de presentación.
Una visita con doble lectura
Díaz-Canel llegó a China procedente de Vietnam, adonde viajó la semana pasada con Lis Cuesta en un avión arrendado que cuesta 11,000 dólares la hora.
Se trata del Airbus A330-200 con capacidad para 299 pasajeros, con número de cola EC-KOM de la aerolínea española Plus Ultra que el gobernante ha usado en otras ocasiones.
De China partirá hacia Laos, en una gira oficial por sus aliados ideológicos de Asia que refuerza la dependencia de La Habana, mientras en la Isla la población continúa atrapada en una crisis estructural.
Integran la delegación Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores; Emilio Lozada García, jefe del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central; y Oscar Pérez-Oliva Fraga, ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera.
Aunque Lis Cuesta no figura en la nómina oficial, como es costumbre acompaña a su esposo en el viaje.
En medio de la crisis estructural que padece la sociedad cubana, esta gira es otro pedido de ayuda de La Habana a sus aliados.
El gobierno exhibe acuerdos y proyectos de cooperación, pero en el terreno la realidad es otra: hospitales sin insumos, escasez de alimentos y energía, deterioro de la infraestructura y represión a la disidencia.
El viaje fue un despliegue de gestos políticos y militares donde el mandatario cubano, lejos de responder a las urgencias de su pueblo, prefirió alinearse con potencias que exhiben músculo bélico y control autoritario como modelo de fortaleza.
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