
La salida de servicio de la termoeléctrica Lidio Ramón Pérez, "Felton", en Holguín, no solo hundió aún más al ya colapsado sistema eléctrico cubano, sino que también desató una ola de indignación entre los ciudadanos, que denuncian vivir en condiciones “inhumanas” por los apagones interminables.
Según la Unión Eléctrica (UNE), la unidad 1 de la planta sufrió una avería en el transformador que requerirá al menos 20 días de reparaciones, lo que agrava el déficit de generación que ya superaba los 1,800 MW en horario pico.
El resultado es que familias enteras han enfrentado cortes de hasta 30 horas continuas, sin apenas tiempo para recuperar la normalidad entre apagón y apagón.
En redes sociales, los cubanos describen la situación con palabras que retratan el drama cotidiano: “Insoportable, llevamos más de 30 horas sin corriente”, “es inhumano vivir así”, “muriendo lentamente como un paciente en enfermedad terminal”.
La desesperanza se repite en múltiples voces: “Ya no vemos luz ni al final del túnel”, escribió otra lectora, mientras otros aseguran que el país lleva años “hundido en la oscuridad” y que cada avería confirma un destino sin salida.
Entre rabia y reproches
Las críticas apuntan directamente al gobierno. “¿Qué funciona bien en Cuba aparte de la represión?”, se preguntó un usuario, mientras otro reclamaba la renuncia de “todos los dictadores y sus cómplices”.
La indignación no se limita a los cortes eléctricos, sino a la percepción de abandono: “Terrible, y ellos viviendo la dulce vida”, comentaron.
Otros cuestionaron el uso de la ayuda internacional y exigieron transparencia: “Todas las termoeléctricas están colapsadas, pero no dicen la verdad. ¿Dónde están los millones que han recibido de países aliados?”.
Aunque el gobierno intenta exhibir la instalación de parques solares, los cubanos consideran que se trata de un parche insuficiente. Algunos plantean alternativas más radicales, como expandir el uso de paneles solares en hogares y aprovechar los terrenos baldíos para generación renovable. Sin embargo, la mayoría coincide en que lo que falta no es tecnología, sino voluntad política y gestión honesta.
Un país a oscuras
En las calles y en los hogares, el panorama es el mismo: comidas que se pudren sin refrigeración, niños que duermen a oscuras en el calor sofocante y adultos que se resignan a cocinar a la luz de velas o teléfonos móviles.
Cada apagón prolongado golpea no solo la economía familiar, sino también la moral colectiva. “Esto no es vida, es un calvario”, resumió una lectora.
Y, mientras la termoeléctrica Felton permanece apagada, la sensación de que el país entero se hunde con ella se extiende entre un pueblo cansado de promesas incumplidas y palabras vacías.
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