
La Universidad de La Habana anunció este miércoles la activación de un “sistema de protección” para enfrentar la contingencia energética tras el colapso del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), que mantiene al país casi paralizado.
Según la nota oficial publicada por la institución, se implementarán rondas de vigilancia de ocho horas en la Colina Universitaria y en el SEDER, integradas por cinco personas, además de que cada área deberá garantizar la seguridad de sus instalaciones.
Los equipos estarán conformados por estudiantes y trabajadores, bajo la dirección de un cuadro. La vida universitaria se convierte así, oficialmente, en una especie de cuartel energético.
En las residencias estudiantiles, se mantendrán los servicios, pero bajo estrictas órdenes de ahorro de agua y gas.
Además de los directivos, se asignará un profesor para supervisar a diario las becas, y las Unidades Presupuestadas deberán ajustar los alimentos disponibles, priorizando a los estudiantes internos.
La dirección universitaria precisó que la institución cuenta con un grupo electrógeno destinado a garantizar las comunicaciones mínimas, siempre “en función de la disponibilidad de combustible”, una frase que parece más un reconocimiento de la fragilidad que una garantía de estabilidad.
Estas medidas se mantendrán “hasta nuevo aviso”, en un contexto donde la docencia, la investigación y ahora también la vigilancia recaen sobre los mismos estudiantes y profesores, obligados a asumir un papel que poco tiene que ver con la vida académica.
Por otro lado, la viceministra de Salud Pública, Carilda Peña García, admitió delante de las cámaras de la televisión estatal que las operaciones programadas y otros procedimientos médicos electivos han tenido que ser suspendidos, mientras se priorizan las urgencias y emergencias.
Según la funcionaria, el país no enfrenta en este momento una situación crítica en hospitales, aunque admitió que existen instituciones con menos de 24 horas de combustible disponible, a las que se les da atención prioritaria.
La viceministra también señaló que el suministro de agua es uno de los principales problemas. Varias instituciones médicas ya dependían de pipas antes del apagón debido a la sequía, lo que agrava la situación actual.
De igual forma, la precariedad del curso escolar se agudizó con el apagón masivo; no obstante, el gobierno local en Villa Clara asegura que las escuelas y universidades médicas mantienen la docencia con normalidad.
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