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Lian Ernesto, un bebé de apenas un año, volvió a casa en Mayajigua, localidad del municipio Yaguajay, en la provincia de Sancti Spíritus, después de sobrevivir a una serie de diagnósticos y complicaciones que lo pusieron al borde de la muerte desde antes de nacer, en un país donde la atención de salud cada días es más precaria.
La historia fue relatada por Cubadebate, que recogió el testimonio de su madre, Ana Laura Perdomo, una adolescente que convirtió la sala de Hematonefrología del Hospital Pediátrico Provincial José Martí, en su segundo hogar durante meses.
Allí, entre médicos, enfermeras y máquinas de soporte vital, su hijo se convirtió en un guerrero.
El drama comenzó durante el embarazo, cuando a las 24 semanas los médicos detectaron una cardiopatía congénita: coartación de la aorta.
El parto fue una batalla: el niño llegó al mundo con hipoxia, necesitó reanimación inmediata y 18 días después fue trasladado al Cardiocentro Pediátrico William Soler, en La Habana, donde fue operado.
La cirugía fue exitosa, pero el bebé sufrió dos paros cardiorrespiratorios en 72 horas que casi terminan con su vida.
Lian pasó más de tres meses conectado a un ventilador mecánico. Contra todos los pronósticos, sobrevivió, aunque con secuelas: parálisis cerebral infantil y displasia broncopulmonar que aún hoy provocan crisis respiratorias.
Además, fue sometido a una traqueotomía y a una gastrostomía para poder respirar y alimentarse mejor.
Pese a las limitaciones, su evolución sorprende. Ya fija la mirada, reconoce voces, sonríe y ha ganado peso gracias a terapias de rehabilitación y a la dedicación incansable de su madre.
“Antes era casi un vegetal. Hoy me mira, me escucha, sonríe”, confesó Ana Laura.
Los médicos que lo atendieron reconocen que casos como este son un reto enorme en un sistema de salud golpeado por carencias y deterioro.
El doctor Víctor Martín, jefe en funciones de la sala de Hematonefrología, explicó que la evolución de Lian ha sido mejor de lo esperado y que cada pequeño avance constituye una victoria para el personal que lo atendió.
También las enfermeras, que enseñaron a la joven madre a manejar los cuidados de la traqueotomía y la alimentación, se despidieron del niño con afecto y orgullo.
Detrás de esta historia también está el rostro de la adolescencia truncada. Ana Laura tenía 17 años cuando dio a luz y hoy, con 18, carga con la maternidad y las rutinas médicas que garantizan la vida de su hijo.
Su experiencia refleja la persistencia del embarazo adolescente en Sancti Spíritus, un fenómeno que sigue siendo un problema social en la provincia.
Tras meses de hospitalización, Lian fue dado de alta y recibió la bienvenida en su comunidad. Su futuro dependerá de terapias constantes, controles médicos y del amor de su madre, que no se rindió cuando todo parecía perdido.
El regreso a casa de este bebé espirituano no borra las carencias del sistema sanitario cubano ni la incertidumbre que vive su familia, pero sí deja una lección de resistencia: incluso en medio de la debacle, la vida se abre paso.
En Cuba, cada historia médica que termina bien es un doble milagro: por la supervivencia misma y porque ocurre en un país cuyo sistema sanitario colapsa a diario.
Una recién nacida holguinera sobrevivió a una malformación congénita incompatible con la vida, gracias a una cirugía extremadamente delicada realizada apenas horas después del parto. La familia, oriunda de un entorno rural, debió enfrentar además la escasez de insumos y el deterioro de los hospitales.
Otro caso notable ocurrió en Cienfuegos, donde un bebé de solo 31 semanas sobrevivió a una operación de urgencia por obstrucción intestinal. El pequeño, prematuro extremo, fue sometido a cirugía tras complicarse su estado clínico.
Contra todo pronóstico, logró estabilizarse, en un contexto donde las unidades de neonatología enfrentan cortes eléctricos, falta de personal y medicamentos esenciales.
La provincia de Villa Clara también fue escenario de una intervención crítica cuando un bebé fue operado a las seis horas de nacido por una grave malformación digestiva.
La cirugía se realizó en el hospital pediátrico provincial, bajo condiciones técnicas mínimas. El éxito fue atribuido a la destreza del equipo médico y a una cadena improvisada de apoyo entre familiares y personal sanitario.
En La Habana, médicos lograron salvar a un niño que había aspirado una pieza metálica de un reloj. El caso, que por sí solo era complejo, se agravó por la demora en conseguir el instrumental adecuado, ausente en el hospital.
Aun así, el niño sobrevivió, gracias a la reacción rápida de un grupo médico que trabaja, cada día, con lo mínimo.
Preguntas frecuentes sobre la recuperación de Lian Ernesto y el sistema de salud en Cuba
¿Cuál fue el diagnóstico inicial de Lian Ernesto?
A Lian Ernesto se le diagnosticó una cardiopatía congénita: coartación de la aorta, y durante el embarazo, los médicos detectaron esta condición que complicó su salud desde antes de nacer.
¿Qué complicaciones enfrentó Lian Ernesto tras su nacimiento?
Después de nacer, Lian Ernesto sufrió hipoxia y dos paros cardiorrespiratorios tras una cirugía inicial, lo que lo dejó en estado crítico y conectado a un ventilador mecánico durante más de tres meses.
¿Cómo ha sido la recuperación de Lian Ernesto y qué secuelas tiene?
Lian Ernesto ha mostrado una recuperación sorprendente, fijando la mirada, reconociendo voces y sonriendo. Sin embargo, las secuelas incluyen parálisis cerebral infantil y displasia broncopulmonar, que aún provocan crisis respiratorias.
¿Qué desafíos enfrenta el sistema de salud cubano en casos como el de Lian Ernesto?
El caso de Lian Ernesto ilustra los desafíos del sistema de salud cubano, que pese a la dedicación de los profesionales, enfrenta carencias de recursos, personal médico limitado y un deterioro general que complica la atención a pacientes críticos.
¿Qué refleja la historia de Lian Ernesto sobre el embarazo adolescente en Sancti Spíritus?
El caso de Lian Ernesto pone de relieve el problema del embarazo adolescente en Sancti Spíritus, destacando el sacrificio de su madre, Ana Laura Perdomo, quien a los 17 años enfrentó la maternidad y los cuidados médicos de su hijo en un contexto complicado.
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