
El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) anunció este sábado la deportación del cubano Henry Negrín Bolaño, de 33 años, desde Nueva Orleans, tras cumplir una condena en el país por un delito de agresión bajo “trastorno emocional extremo”.
La agencia detalló en su cuenta de X que el joven había sido sentenciado a cinco años de prisión y posteriormente puesto bajo custodia de inmigración.
Documentos públicos del condado de Clay, Indiana, confirman que Negrín fue fichado el pasado 2 de septiembre por “retención de inmigración”, antes de ser trasladado para su expulsión hacia un país que no fue especificado.
En los últimos meses, el gobierno de Donald Trump ha endurecido las políticas migratorias enviando a cubanos a lugares tan lejanos y hostiles como Esuatini o Sudán del Sur, pero ICE ha anunciado que tiene convenios con Uganda o incluso la megacárcel de El Salvador, exponiendo a los deportados a violencia, represión y condiciones extremas.
En la imagen divulgada por ICE, se observa al cubano frente a un avión, minutos antes de su deportación, como parte de un operativo de remoción ejecutado por la oficina de Nueva Orleans.
El caso de Negrín se produce apenas horas después de que ICE incluyera a otros dos cubanos en la lista de “lo peor de lo peor”, por delitos graves de homicidio y agresión cometidos en Texas y Michigan.
En ambos casos, la agencia los catalogó como “delincuentes extranjeros violentos”, reforzando el mensaje de tolerancia cero hacia inmigrantes con historial criminal.
La política migratoria estadounidense hacia los extranjeros con antecedentes ha endurecido los procedimientos de arresto y deportación, en un contexto donde miles de cubanos permanecen a la espera de resolver sus procesos legales.
Contexto político y legal
En junio pasado, un fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos dio luz verde a la Casa Blanca para aplicar deportaciones incluso hacia terceros países, debilitando las protecciones legales que limitaban la remoción de inmigrantes a lugares donde pudieran correr riesgo de tortura o persecución.
Aunque Cuba ha aceptado vuelos de repatriación de sus nacionales, la política migratoria estadounidense continúa siendo un terreno de tensión y polémica, especialmente entre quienes cuestionan la falta de garantías para los deportados.
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