Miguel Díaz-Canel volvió a exhibir la cercanía de su Gobierno con Beijing en un acto celebrado este lunes en el Palacio de la Revolución, donde conmemoró los 65 años del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y China.
En un discurso cargado de elogios, el mandatario definió la relación bilateral como una “amistad de hierro” y exaltó los logros de la potencia asiática, pero evitó cualquier referencia a los problemas que agobian diariamente a los cubanos.
“El pueblo cubano persiste en la construcción del socialismo en condiciones sumamente complejas. Resistencia creativa es nuestra fórmula frente a los intentos de asfixia”, dijo Díaz-Canel, antes de proclamar que “¡Viva la amistad de hierro entre China y Cuba!”.
Mientras el gobernante agradecía la cooperación china en sectores como la biotecnología, la energía o la seguridad, guardó silencio sobre la realidad en la Isla, en la que persisten los apagones interminables, el colapso del transporte, la falta de insumos en hospitales y unos salarios que no alcanzan para cubrir la canasta básica.
Una narrativa desconectada de la calle
El contraste entre la retórica oficial y el día a día de los cubanos es cada vez más evidente. Mientras Díaz-Canel hablaba de la “entrañable amistad” con China y de proyectos conjuntos para el futuro, millones de familias intentan sobrellevar los apagones de más de 10 horas, colas interminables para conseguir alimentos y la incertidumbre de no saber cómo sobrevivir al próximo mes.
El discurso se enmarca, además, en la intensificación de los vínculos con Pekín. Apenas un día antes, Xi Jinping calificó la relación con Cuba como “un modelo de solidaridad entre países socialistas” y aseguró que China está dispuesta a fortalecer la cooperación en todos los ámbitos. La Habana, por su parte, busca oxígeno económico y político en esa alianza, en momentos de aislamiento internacional y creciente descrédito interno.
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