Murió por el virus: La dura denuncia de un cubano tras la muerte de su abuelo en Cárdenas

Hospital Territorial de Cárdenas (Imagen de Referencia) © Facebook/Hospital Territorial Cárdenas "Julio Miguel Aristegui Villamil"
Hospital Territorial de Cárdenas (Imagen de Referencia) Foto © Facebook/Hospital Territorial Cárdenas "Julio Miguel Aristegui Villamil"

La crisis sanitaria en Matanzas acaba de cobrar un nuevo rostro humano, cuando Ariel Cabrera, actor, dramaturgo y periodista independiente, denunció en redes sociales la muerte de su abuelo Juan en Cárdenas a causa de “el virus” que azota a la provincia.

“Acaba de fallecer mi abuelo Juan por causa del virus. Cárdenas, Matanzas”, escribió en su perfil de Facebook, en un mensaje que refleja el dolor de cientos de familias golpeadas por la epidemia y la falta de respuestas oficiales.

Captura de Facebook/Ariel Cabrera

El testimonio llega en medio de la expansión del chikungunya, confirmado por el Ministerio de Salud Pública en cinco provincias —Matanzas, Guantánamo, Santiago de Cuba, Pinar del Río y La Habana—, aunque las autoridades insisten en que no existen casos críticos ni fallecimientos vinculados directamente.

Matanzas, epicentro de la epidemia

Desde julio, la provincia vive una escalada de casos febriles que ha paralizado la vida cotidiana en municipios como Perico, Martí, Jovellanos y Cárdenas. La población enfrenta fiebre alta, vómitos y dolores incapacitantes, sin medicamentos suficientes para aliviar los síntomas.

Los hospitales, como el Provincial Faustino Pérez, se encuentran bajo presión creciente, mientras familias enteras quedan confinadas en casa cuidando a varios enfermos al mismo tiempo. La situación se agrava por la basura acumulada en calles y barrios, los apagones y la escasez de recursos para fumigación.

Dolor ciudadano y silencio oficial

Aunque la Organización Panamericana de la Salud y la propia Embajada de Estados Unidos en La Habana han alertado sobre los riesgos de la enfermedad —sobre todo en ancianos, embarazadas y personas con enfermedades crónicas—, las autoridades cubanas insisten en que el sistema de salud “no está colapsado” y que no hay pacientes críticos.

Sin embargo, denuncias como la de Cabrera ponen en evidencia la distancia entre el discurso oficial y la realidad de los hogares. “Cuando cae uno, caen muchos a su alrededor”, relataba días atrás una vecina de Santa Marta, barrio cercano a Varadero, donde los basureros rebosados conviven con círculos infantiles y policlínicos.

Una emergencia silenciada

El chikungunya no suele ser mortal, pero provoca dolores articulares persistentes y una sensación de quebranto físico que deja secuelas durante meses. En un país marcado por la falta de medicamentos y la desinformación, cada fallecimiento —como el denunciado por Cabrera— se convierte en símbolo de un sistema incapaz de proteger a sus ciudadanos en medio de la crisis.

En Matanzas, donde la gente habla ya de “alerta roja” frente al mosquito Aedes aegypti, la indignación crece al mismo ritmo que los contagios. La muerte del abuelo Juan no solo es una tragedia familiar, sino un llamado de atención sobre una emergencia sanitaria que las autoridades prefieren maquillar mientras la población sigue pagando el precio más alto.

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