Díaz-Canel presenta como "orgullo" la termoeléctrica de Nuevitas, golpeada por paradas y averías

Díaz-Canel en la termoeléctrica de Nuevitas © X / Presidencia Cuba
Díaz-Canel en la termoeléctrica de Nuevitas Foto © X / Presidencia Cuba

El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel visitó la central termoeléctrica Diez de Octubre, situada en Nuevitas, Camagüey, y la calificó de "orgullo" por su aporte al sistema eléctrico nacional.

La planta debió parar el pasado fin de semana por limitaciones con el agua desmineralizada y después por una avería en el transformador de la casa de bombas.

Sin embargo, el periódico Granma subraya su "imagen alentadora" tras trabajos de embellecimiento, la capacidad de respuesta de su personal y la supuesta fortaleza de sus máquinas, que ya rozan las cuatro décadas de explotación.

Pero detrás del brillo de la nota institucional hay piezas concretas que desmienten esa complacencia: falta de insumos y piezas, roturas reiteradas y unidades que no alcanzan ni de cerca la potencia para la que fueron diseñadas.

Todo ello, mientras el país atraviesa una profunda crisis energética que deja a los cubanos con cortes que, según denuncias públicas, superan las 20 horas diarias en muchos territorios.

Situación de la planta (según datos oficiales)

De acuerdo con la información oficial, la Diez de Octubre está entregando actualmente algo más de 150 MW al SEN.

Ese aporte procede de dos bloques con comportamiento muy distinto: la unidad No.5 se reincorporó tras una parada por limitaciones en el suministro de agua desmineralizada y por una avería en el transformador de la casa de bombas, y hoy aporta 60 MW.

La Unidad No.6, que en teoría tiene una capacidad nominal de 120 MW, se mantiene generando de manera sostenida 95 MW.

El Ministerio de Energía y Minas anunció además un mantenimiento parcial ampliado en la Unidad No.5 con trabajos previstos por unos cuatro meses, durante los cuales ese bloque reducirá o detendrá su aporte para "recuperar más potencia", aunque se reconoce explícitamente que, una vez concluidos las obras, el bloque no llegará a su capacidad nominal de 120 MW.

El gobierno habla de limitaciones externas: máquinas con casi 40 años de explotación, la imposibilidad de importar piezas específicas -la razón oficial atribuida al "bloqueo"- y la necesidad de sostener la operación gracias a la creatividad de técnicos e investigadores.

Fallos, paradas y promesas

La cobertura institucional exhibe el protocolo de visitas: el gobernante fue informado por directivos sobre la organización y el "embellecimiento" de la planta.

Ese relato festivo, sin embargo, evitó cualquier diagnóstico serio sobre el agujero energético nacional, el déficit de energía acumulado y la realidad tangible de apagones masivos en la población.

Peor aún: se admite, con naturalidad publicitaria que la Unidad No.5 entrará en un mantenimiento de unos cuatro meses, una nueva reducción prolongada de capacidad, qué afectará el suministro eléctrico de hogares, centros laborales y educacionales y empresas.

Dejar fuera de servicio un bloque durante varios meses en las condiciones actuales no es un simple "trabajo técnico", es una decisión con consecuencias directas sobre la vida cotidiana de millones.

Lo que dicen las cifras: menos potencia, más riesgo de apagones

Los datos concretos deben leerse sin eufemismos. Si la Unidad 6 solo entrega 95 MW frente a un nominal de 120 MW, y la Unidad 5 opera en 60 MW y será sometida a una parada de largo aliento, la suma muestra una planta lejos de su rendimiento proyectado.

Esa brecha no es neutral: reduce la capacidad instalada del país justo cuando la demanda permanece y las "islas" de generación distribuida son insuficientes para cubrir déficits.

Además, los incidentes recientes -paradas por falta de agua desmineralizada, averías en transformadores, limitaciones para importar repuestos- configuran un patrón que no parece fruto del azar.

El envejecimiento del parque, la dependencia de soluciones improvisadas y la incapacidad para mantener repuestos críticos explican por qué los cortes y las afectaciones se repiten y se extienden.

Las cifras y las fallas describen decisiones estructurales que han quedado postergadas: inversión sostenida en renovaciones, compras de repuestos críticos, contratos de mantenimiento internacional, diversificación real de la matriz eléctrica y planes verificados para reducir la dependencia de centrales térmicas obsoletas.

Mientras, la población sigue pagando el costo de la inacción con apagones prolongados y servicios públicos intermitentes.

Mantenimiento anunciado, factura social inminente

La visita presidencial y los elogios a los equipos y trabajadores no cambian un dato elemental: la Diez de Octubre, más que motivo de alabanza, es un ejemplo de la fragilidad del sistema.

La salida próxima al mantenimiento de la Unidad No.5 por varios meses y el rendimiento limitado de la No.6 revelan que la oferta de generación se reducirá aún más, en plena crisis eléctrica.

A falta de un plan público y transparente para sustituir o reparar lo imprescindible, la gestión oficial se limita a proclamas y actos simbólicos mientras deja sin respuesta los apagones que afectan la vida diaria de la ciudadanía.

Si de verdad existe voluntad de solucionar el problema estructural, el camino pasa por priorizar inversiones reales, transparencia en los balances de generación y demanda, y decisiones que vayan más allá de la escenografía.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.



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