Ulises Toirac lanza una advertencia al gobierno sobre el creciente malestar de los cubanos por los apagones

Toirac no habla desde la rabia, sino desde la lucidez de quien lleva años observando cómo el país se apaga.

Ulises Toirac (i) y Apagón en Cuba (d) © Collage Facebook/Ulises Toirac - Facebook/Juan C. Núñez
Ulises Toirac (i) y Apagón en Cuba (d) Foto © Collage Facebook/Ulises Toirac - Facebook/Juan C. Núñez

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El reconocido humorista Ulises Toirac ha publicado un texto que, más que una opinión, suena a advertencia.

En medio de los prolongados cortes eléctricos que han marcado el verano cubano, Toirac describió la situación del país como “una navaja sobre la que caminar”, y alertó que el agotamiento social ha llegado a un punto peligroso.

“Lo lógico no es que aguante. Lo simplemente humano es que estalle”, escribió en una extensa reflexión en Facebook en la que mezcló su habitual ironía con un retrato de la desesperanza que avasalla a todo un país.

Del humor a la advertencia

Toirac no habló desde la rabia, sino desde la lucidez de quien lleva años observando cómo el país se apaga, y desde la perspectiva, además, que le aporta ser graduado de ingeniería eléctrica.

“Meses antes del verano, viendo lo que sucedía y aplicando una lógica de bodeguero... vaticiné un verano duro con el tema de la corriente”, recordó.

Asegura que no era una profecía, sino una cuenta simple: “En ese campo 2+2=4. Ni cuatro coma dos, ni tres coma ocho.”


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Con esa frase, el comediante dejó claro que los apagones no son una sorpresa ni una fatalidad, sino el resultado previsible de un sistema obsoleto y sin mantenimiento.

“El sistema no hay que darle mucho ‘cranque’ pa' portarse mal porque es del año de la corneta y no recibe los mantenimientos del librito”, escribió con su habitual tono sarcástico.

Lo que comenzó como una observación sobre el SEN (Sistema Electroenergético Nacional) se transformó en un diagnóstico político: Cuba funciona como su red eléctrica, entre parches, improvisaciones y averías acumuladas.

“La gente ve mosquitos y comida echá a perder”

Toirac explicó que los cubanos ya no escuchan justificaciones ni aceptan explicaciones técnicas.

“La gente no ve los procesos ni las decisiones, ni el bloqueo o embargo, ni si el petróleo viene de Tombuctú o se está cotizando a la alta en Nueva York. La gente ve mosquitos y comida echá a perder", aseveró.

Esa descripción, tan gráfica como real, muestra cómo la crisis energética ha pasado del plano técnico al humano. Las personas sienten los apagones en el cuerpo: en el calor sofocante, en el sueño interrumpido, en la leche que echa a perder o en el pollo que se pudre.

“Y también ven que la cosa, en vez de mejorar, empeora. Obvio, que no son subnormales”, añadió, en un mensaje dirigido tanto a las autoridades como a quienes subestiman el cansancio del pueblo.

El humorista, que suele abordar los problemas con ironía, esta vez dejó poco espacio para el chiste. Su tono es grave y su mirada pesimista. La corriente no falta solo en las casas: falta en la moral colectiva.

En su análisis, Toirac describe la fragilidad del sistema eléctrico con precisión: “La combinación de bajo nivel de combustible e instalaciones vencidas es una navaja sobre la que caminar porque obliga a una sobreoperación.”

Cada apagón, explica, no es solo un corte sino una agresión al propio sistema.

“Cada vez que se cierra un circuito y se abre otro suceden fenómenos aburridos de explicar que hacen inestable el sistema”, observó desde un punto de vista técnico.

Esa “sobreoperación” se repite a escala social: el país entero vive forzado, desgastado, improvisando para sobrevivir.

A pesar de la pericia y las horas de trabajo de los que se ganan los frijoles en esa pincha, no pudo evitarse el blacao total”, reconoció, subrayando que la capacidad individual ya no basta para sostener un sistema estructuralmente roto.

“Lo humano es que estalle”

Pero es en su advertencia final donde Toirac alcanza el tono más crudo. Después de repasar la falta de combustible, el deterioro de las instalaciones y la sobrecarga del sistema, el humorista pone el foco donde más duele: en la gente.

“La muela no mata los mosquitos ni conserva los pocos alimentos que le cuestan un güevo al normal de los cubanos", afirmó, dejando claro que la retórica política ya no calma el hambre ni la frustración.

A nivel nacional, el humorista advirtió que “La Habana no se comporta como provincia", y apuntó "es un poco más polvorín que el resto.”

Con esa advertencia, sugirió que la capital, donde los apagones son vividos como afrenta, podría convertirse en el epicentro del estallido social.

“Lo lógico no es que aguante. Lo simplemente humano es que estalle”, concluyó, advirtiendo que ningún pueblo puede vivir eternamente a oscuras, ni literal ni simbólicamente.

Fuente: Captura de Facebook/Ulises Toirac

En el texto de Toirac, el Sistema Electroenergético Nacional es una metáfora del país: Viejo, ineficiente, parchado, sostenido por el esfuerzo individual y condenado por la falta de inversión y transparencia. Reina la sensación de que, sin importar la causa, todo sigue empeorando.

El país entero camina sobre esa “navaja” que el humorista menciona, y cada apagón es un paso más cerca del filo.

A mayor crisis, mayor represión

Las palabras de Ulises Toirac llegan en un momento de creciente tensión social.

En los últimos días, el gobernante Miguel Díaz-Canel ha advertido públicamente que el Gobierno “tomará medidas” contra quienes protesten o bloqueen calles en La Habana.

“Los reclamos de la población son legítimos, pero tienen que hacerse en los lugares establecidos: en el Partido, en las instituciones del Gobierno y del Estado. Nadie está autorizado a cerrar una vía pública... se tomarán medidas al respecto. Es inadmisible el desorden público”, afirmó durante una reunión de seguimiento a la crisis de servicios básicos.

El mensaje, emitido tras varios días de apagones, escasez de agua y montañas de basura en los barrios habaneros, marca un giro represivo frente al creciente malestar ciudadano.

Díaz-Canel reconoció que los problemas son “de envergadura” y que “no se resuelven en un fin de semana”, pero insistió en el control antes que en la solución: ordenó inspecciones a los centros del sector no estatal para verificar el cumplimiento de los planes de consumo eléctrico y advirtió que “lugar que incumpla su plan se cierra”.

El discurso oficial criminaliza la protesta -una válvula de escape en un contexto de carencias- y desplaza la discusión de fondo: los apagones prolongados, la intermitencia del abasto de agua y la acumulación de desechos.

A la par de su advertencia, Díaz-Canel encabezó una reunión extraordinaria del Comité Provincial del Partido Comunista en La Habana, acompañado por ministros, jefes militares y altos dirigentes del Buró Político.

Allí anunció la integración de equipos mixtos con funcionarios y organizaciones de masas para “atender directamente” las demandas vecinales, pero también movilizó efectivos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y del Ministerio del Interior (MININT), reforzando la presencia militar en la gestión de la crisis.

La advertencia de Toirac y la reacción de Díaz-Canel forman, en conjunto, el retrato de un país al límite: una población exhausta por los apagones y un Gobierno que responde a la desesperación con amenazas.

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