El primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, afirmó que “Cuba tiene un gran potencial para el turismo rural y de naturaleza”.
Sus declaraciones fueron en un mensaje virtual enviado a la clausura del décimo Encuentro Iberoamericano de Turismo Rural y Agroturismo, que sesionó durante cinco días en el occidente del país. Sin embargo, la realidad que viven las comunidades rurales cubanas contrasta con el optimismo del gobernante comunista.
"El turismo en Cuba sigue siendo una prioridad como impulsor de programas sociales", declaró Marrero, quien apostó por “diversificarlo hacia modalidades que lo vinculen al desarrollo comunitario”.
Agradeció a los participantes su confianza en Cuba como sede del evento, y aseguró que “hay que seguir promocionando esta modalidad en el mundo” para posicionar a la isla como destino de turismo de naturaleza.
“Queremos aprovechar estas experiencias que tanto han contribuido al desarrollo turístico del país”, dijo y aprovechó la oportunidad para destacar la labor de las instituciones estatales del sector.
Sin embargo, la realidad sobre el terreno es muy distinta. Las comunidades rurales cubanas, empobrecidas, con infraestructuras precarias y servicios públicos mínimos, rara vez se benefician de las inversiones turísticas, gestionadas centralmente por el aparato estatal a través de empresas como Gaviota S.A., del conglomerado militar GAESA.
Turismo estatal y exclusión comunitaria
Los proyectos turísticos cubanos, incluso aquellos que se presentan como rurales o comunitarios, suelen estar dirigidos desde estructuras gubernamentales que acaparan la administración y los ingresos.
Las cooperativas agrícolas o instituciones campesinas, cuando participan, lo hacen como proveedoras de alimentos o recursos, sin acceso directo a las ganancias que deja esta actividad.
A pesar de que Marrero habló de “beneficios en comunidades rurales que ya reportan resultados”, no ofreció cifras ni ejemplos concretos que validen esa afirmación.
Por su parte, el ministro de Turismo, Juan Carlos García Granda, resaltó el evento como “un espacio de reflexión académica y de buenas prácticas” para impulsar un turismo rural que sea “instrumento de desarrollo territorial sostenible y de justicia social”.
“Ya no basta con hacer turismo en el campo. Debemos construir turismo desde el campo, para el campo y con el campo”, dijo.
Su declaración está lejos de la experiencia vivida por miles de cubanos que habitan zonas rurales donde apenas llegan recursos, inversiones o desarrollo real.
Un evento con promesas y pocas soluciones
El presidente del Instituto Iberoamericano de Turismo Rural (Iberoatur), Humberto López Tirone, anunció que la provincia de Cáceres, en Extremadura, España, será la sede del próximo encuentro en noviembre de 2026. Agradeció a las autoridades cubanas y delegados de los 22 países participantes.
La declaración final del evento llamó a fortalecer los vínculos con universidades y centros científicos agropecuarios, así como a incorporar la ciencia y la innovación, sin olvidar la preservación del patrimonio histórico y tradicional de las zonas rurales.
En Cuba persiste una brecha entre el discurso oficial y la acción estatal. Las prioridades del gobierno casi nunca coinciden con las necesidades básicas de la población. El campo cubano es uno de los ámbitos más golpeados por la crisis económica y energética en el país.
La escasez de insumos agrícolas, la falta de conectividad, la precariedad de la vivienda y el éxodo constante de jóvenes hacia las ciudades, o el exterior, reflejan una desconexión entre la política turística y el bienestar real de quienes viven en zonas rurales.
El impulso al turismo rural no se traduce en mejoras tangibles para las comunidades locales mientras el Estado sea el único beneficiario del modelo económico que impone.
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