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La publicación de la nota “Vicente de la O Levy: el responsable del colapso energético en Cuba” desató una ola de comentarios en las redes sociales de CiberCuba, reflejo fiel del hartazgo de los cubanos ante una crisis eléctrica que no cesa.
Aunque muchos lectores coincidieron en que el ministro ha mentido y fracasado, la mayoría apuntó más alto: al gobierno, al sistema y al modelo comunista que, desde hace más de seis décadas, controla el país y perpetúa el colapso.
El debate digital, con cientos de intervenciones, no se centró solo en el ministro, sino en la estructura de poder que lo sostiene, y a la que sirve displicente como . Entre el sarcasmo, la frustración y la rabia, los usuarios mostraron un consenso que atraviesa generaciones: el problema no es un hombre, sino el sistema que lo produce.
“El culpable es el gobierno, no el ministro”
Una de las frases más repetidas entre los comentarios fue: “El culpable es el gobierno, no él”. Para muchos cubanos, De la O Levy es apenas un ejecutor, un vocero obediente sin margen de decisión.
“En ese régimen los ministros no pueden renunciar, los sustituyen. Todos son incapaces y mentirosos”, escribió un usuario, resumiendo la percepción de que los funcionarios son piezas reemplazables dentro de una maquinaria de poder intacta, controlada por los verdaderos mandamases del régimen y no por sus lacayos del gobierno nominal que dirige el líder de la “continuidad”, Miguel Díaz-Canel.
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Otra lectora fue aún más directa: “El ministro es un mandado, el que manda de verdad no se ve”. La idea se repitió en decenas de variantes: “No lo defiendan, pero tampoco lo culpen; la culpa es del sistema”, “Lo pusieron ahí para cargar con el muerto”, “Él solo repite lo que le dicen desde arriba”.
El patrón es claro: los cubanos ya no esperan soluciones técnicas ni creen en los relevos de ministros. Lo que identifican como raíz del problema es la continuidad de un modelo autoritario que, dicen, ha destruido la economía, la infraestructura y la vida cotidiana.
“Esto viene de Fidel y Raúl”
Muchos comentarios fueron más allá del presente. Para buena parte de los participantes, la crisis energética actual es la consecuencia directa de las decisiones tomadas desde los años 60.
“El culpable del colapso es Fidel Castro, no este hombre”, escribió un lector, mientras otro añadía: “Desde que Fidel decidió nacionalizar todo, comenzó el desastre. Nunca se invirtió en las termoeléctricas, solo en hoteles y propaganda”.
Otros recordaron la llamada “Revolución Energética” de los años 2000, calificándola de “farsa costosa” que “solo maquilló el problema”.
“Fidel y Raúl dejaron todo podrido. Ahora Díaz-Canel y sus ministros recogen los escombros”, resumió un internauta, con tono de ironía amarga.
También hubo alusiones a la “piedra barbuda”, “la dictadura de los Castro” y “la maldición de la continuidad”, expresiones que se han convertido en códigos populares para referirse al poder real del régimen, más allá de los nombres actuales.
“Un chivo expiatorio más”
Varios usuarios interpretaron la nota original como una maniobra política: “Ya encontraron al culpable de turno”.
“Cada vez que algo falla, buscan a uno para quemarlo”, escribió otro, recordando la destitución de ministros anteriores, como el desaparecido exministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil Fernández.
“Lo van a sacar para aparentar limpieza, pero el sistema sigue igual”. Otros lo dijeron con humor: “Ahora le toca a este, mañana será otro; el apagón sigue”.
La expresión “chivo expiatorio” apareció más de veinte veces en los hilos de comentarios, junto con frases como “peón del sistema”, “marioneta”, “instrumento” o “foca de la dictadura”.
Este tono de sospecha también alcanzó a la prensa independiente: algunos interpretaron erróneamente la crítica de CiberCuba como parte de una “operación” para distraer la atención de los verdaderos responsables.
“Culpan al ministro para proteger al régimen”, acusó un usuario, aunque la mayoría reconoció que la nota buscaba abrir el debate sobre la responsabilidad política del desastre.
“El pueblo ya no aguanta más”
Más allá del análisis político, la indignación popular es tangible. Los comentarios se llenan de relatos cotidianos de agotamiento, enfermedades, calor, mosquitos y desesperanza.
“Estamos enfermos, cocinamos con leña, dormimos sin ventilador. Ya no podemos más”, escribió una mujer de Pinar del Río. “En Camagüey estamos sin corriente 12 horas seguidas. Los ancianos sufren, los niños se enferman. Es inhumano”, añadió otro.
Los apagones, más que una molestia, son descritos como un símbolo del colapso total del país. “Nos tienen viviendo como en la edad de piedra”, “Los apagones matan tanto como el hambre”, “Esto no tiene nombre”, repitieron los comentarios.
También hubo resignación: “Da igual quién esté, seguiremos a oscuras”, “Ya este tema da asco”, “Cuba está condenada a la penumbra”.
“El sistema comunista no sirve”
Si algo unificó la conversación digital fue la condena al sistema político. “El comunismo no da resultados, nunca los dio”, escribió uno de los primeros comentaristas, seguido por docenas de respuestas en la misma línea.
“El problema es el Partido Comunista completo”, “El sistema está podrido”, “Cambien el modelo político y todo se arregla”, fueron frases recurrentes.
Varios usuarios compararon a Cuba con otros países: “Vietnam fue destruido por la guerra y nos da de comer”, “Hasta Haití vive mejor”, “Nadie aguanta tanto maltrato”.
La palabra “dictadura” apareció con frecuencia, acompañada de demandas de renuncia general: “Que se vayan todos”, “Renuncien Díaz-Canel y todos los ministros”, “Abajo el PCC”.
El tono colectivo no fue solo de crítica, sino de hartazgo acumulado. Lo que antes se decía en voz baja, hoy se publica abiertamente en redes.
“Ya nadie cree en nada”
Entre la ironía y el desencanto, muchos comentarios mostraron una pérdida total de confianza en las instituciones y los discursos oficiales.
“Prometieron mejorar en julio, en octubre, en diciembre… siempre mienten”, “Dicen que son apagones programados, pero el único programa es el desastre”, “Ni Mandrake el mago arregla esto”, ironizan los usuarios.
Algunos, con humor negro, sintetizaron la impotencia colectiva: “Que renuncien todos, que apaguen el país completo y nos dejen dormir tranquilos”.
Otros apelaron directamente a la fe: “Solo Dios puede con esto”, “Que el cielo nos ilumine, porque el gobierno no puede”.
Un país exhausto, un discurso en ruinas
El balance de cientos de comentarios deja una conclusión inequívoca: los cubanos ya no separan los apagones del sistema político que los genera.
De la O Levy es, para la mayoría, apenas el rostro visible de una estructura que no cambia, y su nombre se convierte en sinónimo de un Estado que se excusa, promete y fracasa.
La gente no discute si debe renunciar: discute si tiene sentido exigir responsabilidades parciales ante el fracaso sistémico de un régimen que detenta el poder desde hace más de 60 años, imponiendo de forma violenta una ideología de la que solo se desprenden políticas represivas y empobrecedoras.
Y entre insultos, súplicas y sarcasmos, se dibuja un consenso sin precedentes: el país vive en la oscuridad, pero la ceguera ya no es del pueblo, sino del poder.
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