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El Observatorio Cubano de Conflictos (OCC) definió como un “genocidio silencioso” la crisis sanitaria que vive Cuba, tras analizar protestas ciudadanas y denuncias del pasado mes de octubre.
Según el organismo no gubernamental, la combinación de negligencia estatal, falta de recursos básicos y opacidad informativa ha derivado en un colapso epidemiológico que afecta ya a todo el país y que el régimen de Miguel Díaz‑Canel se niega a reconocer en su magnitud real.
Aunque el ministerio de Salud Pública de Cuba (MINSAP) solo ha confirmado tres muertes vinculadas con los brotes virales, los reportes ciudadanos y la investigación del OCC indican que el número real de fallecidos es mucho mayor.
En nota de prensa enviada a esta redacción, la ONG mostró haber recopilado una lista preliminar de víctimas —compuesta ya por más de una decena de casos identificados en varias provincias— que el gobierno simplemente no reconoce.
“Nos están matando”, se repite en redes sociales con frecuencia. La frase resume la sensación de abandono que impera en la isla. Según el OCC, la crisis sanitaria no es consecuencia de un desastre natural o del embargo, sino de una gestión estatal marcada por corrupción y desprecio hacia la vida humana.
Basura, mosquitos y desabastecimiento
El informe del OCC recordó que desde agosto pasado, el diario Miami Herald reveló que el conglomerado militar-empresarial GAESA dispone de unos 18,000 millones de dólares en cuentas y paraísos fiscales.
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Sin embargo, ninguna parte de esos fondos parece haberse dirigido a la compra de camiones de basura, combustible o productos básicos para garantizar la higiene pública en la isla.
Esa inacción ha convertido los vertederos en paisajes habituales de las ciudades cubanas, multiplicando los focos de infección. Al llegar la temporada de lluvias de 2025, no había malatión ni abate, ni combustible para las motomochilas de fumigación: los mosquitos proliferaron sin control.
El resultado ya lo conocen los cubanos: la coexistencia en todo el país de arbovirus como el dengue (incluida la variante hemorrágica), el chikungunya, el zika, el oropouche y otras enfermedades infecciosas como la Hepatitis A.
Además, la falta de analgésicos, antipiréticos y reactivos diagnósticos empeora la situación. En localidades como Cárdenas (Matanzas) o Perico (Matanzas), prácticamente toda la población ha tenido “el virus”, como se dice ante la imposibilidad de saber cuál exactamente.
Esto ha sido documentado también en prensa local: por ejemplo, en la provincia de Matanzas se ha señalado que “hasta mis abuelos que ni tan siquiera salen a la calle cogieron dengue”.
Hospitales colapsados y silencio oficial
En provincias como La Habana, Matanzas, Cienfuegos o Holguín los hospitales —incluso los pediátricos— están colapsados. En Matanzas, un brote de arbovirosis obligó a habilitar un hospital anexo al pediátrico provincial ante la saturación de camas.
El MINSAP, por su parte, ha preferido recurrir al secretismo institucional, negando la existencia de muertes por dengue o chikungunya en ciertas provincias, pese a los testimonios en contrario.
En ese sentido, resultó elocuente la comparecencia de la viceministra de Salud Pública, Carilda Peña García, quien -durante una comparecencia televisiva en la Revista Especial de TV Yumurí- reconoció que “el dengue mata”, pero no reconoció ni un solo fallecimiento.
Días más tarde reconocía el fallecimiento de tres pacientes a causa del dengue en 2025.
Los nombres del silencio
El OCC ha hecho un llamado a los cubanos a que remitan los nombres, edades, lugares de residencia y fecha de defunción de aquellos compatriotas que hayan fallecido por alguno de los virus desencadenados por la indolencia estatal.
Entre los casos reportados se encuentran niños, ancianos y jóvenes de varias provincias: un niño de 13 años en Guanabacoa, una mujer de 63 años en Cifuentes (Villa Clara), una anciana de 87 años en Camagüey.
Estos nombres son solo la punta del iceberg del costo humano que ya está pagando el pueblo cubano: cada una de esas muertes es un grito silenciado.
Contradicciones y responsabilidades
La actitud del régimen es una mezcla de negación y distracción. Por un lado se habla de brotes epidémicos activos, y por otro se niegan muertes o se atribuyen los casos graves a “comorbilidades” en lugar de reconocer la carencia estructural del sistema.
Por ejemplo, aunque autoridades sanitarias de Matanzas aseguraron no haber registrado ningún fallecido por dengue o chikungunya, las denuncias ciudadanas y los reportes médicos independientes contradicen esas afirmaciones.
Una periodista vinculada al sistema estatal, Yirmara Torres Hernández, escribió en su perfil de Facebook: “No hay muertos, porque los muertos solo les duelen a quienes los pierden… Lo que pasa es que duele el abandono. Lo que pasa es que duele que insulten tu inteligencia. … No. No hay muertos, pero los hay”.
Estos testimonios exponen cómo han sido silenciadas las voces que señalaban la crisis.
¿Por qué “genocidio silencioso”?
El término puede parecer extremo, pero el Observatorio Cubano de Conflictos lo utiliza con plena conciencia de su peso. No se refiere a una tragedia repentina ni a una catástrofe inevitable, sino a una política sostenida de abandono planificado, una desatención crónica que ha ido cobrando vidas lentamente mientras el poder mira hacia otro lado.
En el corazón de esta acusación está la paradoja de un país cuya élite, representada por el conglomerado militar-empresarial GAESA y por el propio MINSAP, acumula miles de millones de dólares en reservas y cuentas extranjeras, mientras los hospitales carecen de analgésicos, sueros o simples guantes de látex.
Las imágenes de salas abarrotadas, pacientes en camillas improvisadas y familiares desesperados son hoy parte cotidiana de la vida en la isla, al mismo tiempo que contrastan con la afirmación del régimen, que asegura invertir en el sistema de salud pública las multimillonarias ganancias que les deja la contratación de servicios médicos a terceros países a través de GAESA.
La exportación masiva de personal médico, un negocio estatal que priva a los hospitales cubanos de profesionales mientras llena de divisas las arcas del régimen, ha alcanzado proporciones obscenas y constituye la principal carencia estructural provocada por el aberrante afán de divisas del régimen. Los médicos que quedan, agotados y mal pagados, deben lidiar con la escasez de materiales y con enfermos que se multiplican cada día.
El deterioro del control vectorial es otro eslabón en esta cadena de negligencia. Las campañas de fumigación se retrasan o se cancelan por falta de combustible y malatión, y los criaderos de mosquitos se expanden sin que nadie los enfrente. Las lluvias de la temporada fueron el detonante perfecto para que los virus se propagaran con una rapidez devastadora.
Mientras tanto, el silencio oficial se mantiene como una política de Estado. Las autoridades reconocen apenas tres muertes, cuando las redes sociales, los médicos y los familiares reportan decenas. La transparencia brilla por su ausencia y la información se dosifica o se manipula con el propósito de sostener la narrativa de que “todo está bajo control”
Por eso el OCC habla de un genocidio silencioso: porque cada omisión, cada mentira y cada muerte negada son parte de una estrategia que coloca la vida humana en segundo plano, subordinada a la preservación de la imagen internacional del régimen. Es el exterminio lento de un pueblo a través del abandono, el descuido y la indiferencia.
El costo humano del silencio
Mientras los cubanos continúan enfrentando fiebre, dolor, largas esperas en hospitales sin diagnosticar y sin medicamentos, el régimen insiste en que “todo está bajo control”.
Esa brecha entre la realidad del terreno y el discurso oficial es una forma de violencia indirecta. La crisis sanitaria en Cuba ya no es sólo una falla del sistema: es un acto sistemático de abandono.
El OCC ha tocado un nervio: “No hay muertos, pero los hay”. Reconocerlos, documentarlos y visibilizarlos será un paso clave para que la comunidad internacional y la opinión pública global dejen de tratar esta tragedia como una anomalía pasajera. Porque no lo es. Es parte del costo humano del sistema cubano.
Hasta tanto ese reconocimiento no se logre, los cubanos seguirán pagando con sus cuerpos y sus vidas la indiferencia de quienes tienen el poder para evitarlo.
Listado completo de fallecidos por virus en Cuba, según el OCC
- Juan, abuelo del actor Ariel Cabrera, Cárdenas (Matanzas), fallecido el 2 de octubre de 2025.
- Paqui, 50 años, barrio San Cayetano, Santa Marta, municipio Cárdenas (Matanzas), murió alrededor del 12 de octubre de 2025.
- Joven no identificado, 22 años. barrio San Cayetano, Santa Marta, municipio Cárdenas (Matanzas), fecha no precisada.
- Niño no identificado, 13 años, Guanabacoa (La Habana) 15 de octubre.
- Yuniel, joven trabajador, edad no precisada, Cárdenas (Matanzas), 11 de octubre.
- Adelaida Yanes, 63 años, Cifuentes (Villa Clara), 15 de octubre.
- Ernestina Aróstegui Varona, 87 años, abuela de la activista Anamely Ramos, ciudad de Camagüey, 13 de octubre.
- Katherine, abuela de César Roche Torres, 76 años, ciudad de Matanzas, 7 de octubre.
- Hombre, 70 años, esposo de la abuela de una exprofesora universitaria, ciudad de Matanzas, fecha no precisada.
- Niño, edad no precisada, Manzanillo (Granma) 24 de octubre.
- Olga Rosa López Sardiñas, 75 años, madre del artista exiliado Eduardo Antonio, Placetas (Villa Clara), 23 de octubre.
- Hombre, 35 años, hijo de Doris Rodríguez, La Habana, 18 de octubre.
- Maritza Herrera Soler, opositora, La Habana, 29 de octubre.
- Niña no identificada, 6 años, hija de Fernandito, Rafael Freyre, Holguín, 21 de octubre.
- Agustín Luis Patricio, Callejón Vásquez entre 20 de mayo y San Rafael, Camagüey, 23 de octubre.
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