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Una ola de encuestas recientes muestra que el apoyo de los votantes latinos —un bloque clave que ayudó a Donald Trump a ganar en 2024— está disminuyendo con fuerza, lo que genera inquietud de cara a las elecciones de mitad de mandato en 2026 y la posibilidad de que el escenario se repita en el estado bisagra de Florida.
Según un sondeo del Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research realizado en octubre de 2025, solo el 25 % de los adultos hispanos tiene una opinión “algo” o “muy” favorable de Trump, frente al 44 % de principios de año.
La aprobación de su gestión entre los hispanos también se hunde: del 41 % en marzo al 27 % en octubre. Otra encuesta de UnidosUS, organización que representa a la comunidad latina, revela que aproximadamente el 70 % estima que el país va por el camino equivocado y responsabiliza a Trump.
Según análisis del columnista Andrés Oppenheimer para el Miami Herald, el retroceso latino se observa en distintos estados: por ejemplo, en Nueva Jersey el candidato republicano respaldado por Trump pasó del 46 % del voto latino en 2024 al 31 % en las elecciones estatales del 4 de noviembre.
El motivo de esta fuga se concentra principalmente en cuestiones económicas: inflación, costos de vivienda, salud y empleo. Los latinos señalan que las promesas de campaña de Trump no se han cumplido y sienten un mayor estrés financiero.
A ello se suman las políticas de inmigración de su administración, que generan rechazo en muchos latinos, incluidos ciudadanos, por temor a las redadas de ICE.
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Aunque en Florida el declive no es tan agudo —la encuesta de UnidosUS registró un 39 % de aprobación entre latinos del estado frente al 31 % nacional citado por Oppenheimer— el hecho de que Trump haya partido de una base más alta en ese estado lo convierte en un foco de riesgo.
¿Qué implicaciones tiene esto? Si la tendencia persiste, los demócratas podrían obtener una ventaja sustancial en 2026 y preparar el terreno para 2028.
El mensaje para los republicanos es claro: no basta con ganar el voto latino en un ciclo; hay que conservarlo. Si la economía se recupera podrían revertir parte del daño, pero la ventana de oportunidad se estrecha.
En resumen, la comunidad latina, otrora pilar del éxito electoral de Trump, está mostrando signos de retirada. Y aunque Florida aún resiste, ya aparecen grietas que podrían agrandarse en el próximo ciclo electoral.
De la conquista al desencanto latino con Trump
Desde su primer mandato, Donald Trump ha mantenido una relación compleja y ambivalente con la comunidad latina de Estados Unidos.
Su discurso inicial, marcado por promesas de mano dura contra la inmigración y la construcción del muro fronterizo, generó temor y rechazo entre millones de hispanos.
Aun así, la fortaleza de la economía y la reducción del desempleo durante sus primeros años de gobierno le abrieron una rendija de apoyo inesperado dentro de un sector que tradicionalmente ha favorecido al Partido Demócrata.
En los años siguientes, esa paradoja se profundizó. Mientras la Casa Blanca presumía de los beneficios económicos de sus políticas —salarios más altos, más empleos y créditos fiscales—, en los barrios latinos se multiplicaban los testimonios de redadas, deportaciones y discriminación.
Los medios de prensa y las encuestas recogían entonces el sentir de una comunidad dividida: agradecida por la bonanza económica, pero herida por una retórica que la señalaba como amenaza.
Aun así, hacia 2019 Trump logró un repunte en las encuestas, alcanzando la aprobación de la mitad de los latinos, gracias al impulso del empleo y la promesa de oportunidades.
En su campaña de 2020, redobló ese acercamiento, prometiendo millones de nuevos puestos de trabajo y afirmando que los hispanoamericanos serían “protagonistas de un papel increíble” en su segundo mandato. Pero no fue suficiente y EE. UU. dio la presidencia a Joe Biden.
Sin embargo, el mensaje dirigido a las comunidades de latinoamericanos funcionó en 2024, cuando el voto latino —especialmente en Florida— fue decisivo para su reelección.
Pero el espejismo duró poco. En su segundo mandato, la confianza se fue desmoronando. Las políticas migratorias más duras, los arrestos arbitrarios por perfil racial y la sensación de abandono económico durante la crisis de inflación de 2025 marcaron un punto de inflexión.
Incluso antiguos aliados latinos, como líderes del movimiento ‘Latinas por Trump’, comenzaron a expresar públicamente su desencanto y a denunciar el giro autoritario del presidente.
Hoy, las encuestas revelan lo que ya se percibe en la calle: una fractura entre Trump y buena parte de la comunidad que alguna vez lo vio como un empresario pragmático capaz de mejorar sus condiciones de vida.
La promesa del progreso se transformó en frustración. Los latinos, que alguna vez le dieron el beneficio de la duda, parecen haber concluido que el sueño americano de Trump no estaba pensado para ellos.
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