Los cubanos estallan contra Lis Cuesta: “No hay huracán más fuerte que la cara de ustedes”

Cada comentario, desde el más sarcástico hasta el más visceral, repitió la misma idea: la llamada "revolución" se quedó sin credibilidad moral. Más allá de la figura de Lis Cuesta, el episodio revela un fenómeno más amplio: la pérdida del monopolio narrativo del poder del régimen.

Huracán Melissa y Lis Cuesta Peraza © X / NHC - Facebook / Presidencia Cuba
Huracán Melissa y Lis Cuesta Peraza Foto © X / NHC - Facebook / Presidencia Cuba

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La “no primera dama” cubana, Lis Cuesta Peraza, volvió a ser el centro de la tormenta —esta vez digital— tras publicar en X (antes Twitter) una frase que pretendía inspirar heroísmo, pero terminó desatando una ola de indignación y sarcasmo masivo.

No hay huracán más fuerte que la voluntad de este pueblo. Oriente volvió a demostrar lo que somos: amor, coraje y Revolución”, escribió la esposa de Miguel Díaz-Canel, acompañando un mensaje de la cuenta oficial de la Presidencia de Cuba.

Captura de pantalla Facebook / CiberCuba

La publicación vio la luz días después del devastador paso del huracán Melissa por el oriente cubano, donde miles de familias enfrentan pérdidas materiales, epidemias y apagones sin fin. En ese contexto, su mensaje fue percibido como una burla al sufrimiento de un país exhausto.

Cuando CiberCuba Noticias compartió la nota en su página de Facebook, la respuesta fue explosiva: más de 2,400 comentarios en menos de 24 horas, casi todos de repudio.

El tono fue tan masivo y uniforme que se convirtió en un retrato colectivo de cómo la figura de Cuesta Peraza encarna, para muchos, el cinismo, la hipocresía y la desconexión del poder cubano.


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“Mientras el pueblo duerme en el fango, ella posa con flores”

El análisis de las reacciones reveló un patrón claro: la mayoría de los lectores no dirigieron su ira tanto al tuit en sí, sino a lo que simboliza.

La esposa de Díaz-Canel —que no ostenta cargo oficial, pero actúa como una “primera dama” de facto— aparece como una figura privilegiada, incapaz de empatizar con la tragedia de su propio pueblo.

Cientos de comentarios repitieron una idea común: la voluntad no reconstruye casas, ni cura enfermedades, ni llena los estómagos vacíos.

“Hablen menos de voluntad y más de comida, medicinas y techo”, escribió un usuario, en un sentir ampliamente compartido. Otro resumió con mordacidad: “No hay huracán más fuerte que ustedes, que arrasaron con la isla entera durante 66 años”.

En muchos mensajes, el sarcasmo popular cubano se convierte en crítica política: “Ella tiene razón, si hemos sobrevivido a ustedes, sobrevivimos a cualquier huracán”; “El pueblo sí tiene voluntad, pero ustedes no tienen vergüenza”; “Zapaticos apretados, corazón de piedra”.

De musa de la “continuidad” a símbolo de desconexión

Cuesta Peraza, oriunda de Holguín, fue durante años una figura menor del aparato cultural, pero su ascenso mediático desde que su esposo llegó al poder la ha convertido en símbolo de la frivolidad del castrismo tardío.

En redes, los cubanos la comparan con figuras de lujo y despilfarro del pasado: “la Imelda Marcos del Caribe”, “María Antonieta tropical”, “la Machi de los zapatos de marca”.

Cada una de esas etiquetas resume el mismo sentimiento: repudio hacia una mujer que, desde su burbuja de privilegio, parece encarnar la desconexión total del poder con la vida cotidiana.

Muchos le reprochan no haber aparecido en las zonas afectadas, pese a ser de esa región. “¿Dónde está la holguinera Lis Cuesta? ¿Por qué no se pone botas y va a ayudar a su pueblo?”, se preguntaron los usuarios.

Una lectora escribió con dureza: “Si no tiene nada mejor que ofrecer que frases vacías, mejor permanezca callada, disfrutando de la opulencia que ahora la rodea. Que Dios la perdone”.

El huracán de la indignación

Los comentarios más repetidos expresan una mezcla de rabia, burla y desencanto: “El huracán más fuerte no es Melissa, es el comunismo que destruyó Cuba desde 1959”; “No hay viento más devastador que su marido”; “Esa mujer vive de la miseria del pueblo, sin pudor”.

Otros ironizan sobre su estilo y su rol público: “En vez de fango, se embarró de Photoshop”; “Primera dama de los viajes, no del pueblo”; “Tiene tiempo para posar, no para ayudar”.

La ausencia de voces que la defiendan es llamativa. En un universo de miles de comentarios, apenas unos pocos pidieron “no darle fama” o “no perder tiempo con ella”. Ninguno la justificó.

El rechazo fue total, transversal y emocionalmente homogéneo.

Una fractura entre propaganda y realidad

El caso 'Cuesta-Melissa' expone con nitidez la brecha abismal entre la narrativa oficial y la realidad cubana.

Mientras el gobierno intenta capitalizar la tragedia con discursos de resistencia y unidad, la ciudadanía percibe esas palabras como insulto.

Las redes —una de las pocas esferas donde el cubano puede expresarse libremente— se han convertido en el escenario de una rebelión simbólica: un espacio donde el humor y la indignación reemplazan al miedo.

Uno de los comentarios más compartidos resume ese espíritu: “Si la voluntad del pueblo fuera tan fuerte como dice, ya ustedes no estarían en el poder”.

La derrota comunicacional del régimen

El intento de la Presidencia de proyectar optimismo terminó como un boomerang comunicacional. Que tome nota Leticia Martínez Hernández.

En lugar de reforzar el mensaje de unidad, la intervención de Cuesta Peraza multiplicó el desprecio. Cada frase suya es ahora objeto de parodia, memes y burlas que circulan con fuerza tanto dentro como fuera de Cuba.

El humor popular ha convertido a la “no primera dama” en el blanco favorito de la sátira política cubana contemporánea. Más allá de la figura personal, el episodio revela un fenómeno más amplio: la pérdida del monopolio narrativo del poder del régimen.

La propaganda ya no se impone; se desmonta en tiempo real, comentario a comentario, por un pueblo que habla desde el cansancio, la pobreza y la rabia contenida.

“No hay huracán más fuerte que la indignación de este pueblo”

Si el régimen pretendía exhibir cohesión, el resultado fue el contrario: una avalancha de repudio que desnuda el hartazgo social.

Cada comentario, desde el más sarcástico hasta el más visceral, repite la misma idea: la llamada "revolución" se quedó sin credibilidad moral.

Una lectora lo escribió con palabras que resonaron entre miles: “Ustedes viven rodeados de lujos mientras Oriente llora. No hay huracán más fuerte que la cara de ustedes, ni desgracia más grande que su indolencia”.

En la Cuba real —esa que no sale en la Mesa Redonda— la voluntad del pueblo ya no se mide por consignas, sino por la capacidad de resistir no solo los ciclones naturales, sino también el huracán político que lo ahoga desde hace más de seis décadas.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.




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