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El gobernante Miguel Díaz-Canel acudió este viernes a la escalinata de la Universidad de La Habana para asistir al concierto de Silvio Rodríguez, dedicado en confusa manera a la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) por su protagonismo durante las protestas de jóvenes contra las tarifas de ETECSA.
En un tuit publicado tras el evento, celebró la velada como una “pausa poética antes de retomar la desafiante cotidianidad”, palabras que generaron inmediata indignación en un país hundido en una crisis sin precedentes.
Mientras el gobernante designado por el “dedazo” del general Raúl Castro se dejaba ver en el acto cultural junto a su esposa, la “no primera dama” Lis Cuesta Peraza, millones de cubanos enfrentaban apagones de más de 20 horas, colapso en el suministro de agua y escasez generalizada.
La misma jornada en que Díaz-Canel compartía su entusiasmo por las canciones de Silvio, y pedía a la Unión Eléctrica que repartiera “mejor” los cortes de luz, en lugar de ofrecer soluciones reales al colapso del sistema electroenergético nacional (SEN).
Sin dinero para pagar las patanas turcas contratadas para sostener el sistema eléctrico o para la construcción de nuevas termoeléctricas, el régimen cubano derrocha recursos en un concierto plagado de guardaespaldas y medidas de seguridad para que el máximo responsable del desabastecimiento de agua en Centro Habana (a escasa distancia del escenario) y demás municipios del país, se “refresque” de su “ardua labor” con un instante de “pausa poética”.
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La contradicción es aún más evidente si se recuerda que, apenas horas antes, Díaz-Canel y el primer ministro Manuel Marrero Cruz encabezaban una reunión de emergencia con dirigentes provinciales para analizar la crisis energética y de agua.
Allí reconocieron que el SEN vive un “momento crítico”, con interrupciones que superan las 24 horas en varias provincias, y que el 50% de los problemas de abasto de agua derivan de la falta de electricidad.
Sin embargo, en lugar de anunciar medidas concretas, el gobernante volvió a insistir en la necesidad de “vigilancia revolucionaria” y “resistencia”, repitiendo un discurso vacío para una población agotada.
La “pausa poética” del gobernante llega en un contexto de creciente malestar social, con protestas en Santiago de Cuba, Gibara y barrios de La Habana, donde los ciudadanos exigen electricidad, agua y alimentos.
La represión y el miedo no han impedido que el descontento se haga visible, en un país donde la promesa oficial de “salir adelante” carece de respaldo en la vida cotidiana.
El contraste también se agrava con las imágenes del nieto de Raúl Castro disfrutando de una fiesta de lujo en un cayo turístico, difundidas esta misma semana. Mientras el pueblo sobrevive en la penuria, los símbolos del poder se exhiben en conciertos, hoteles y playas exclusivas, desconectados de la realidad nacional.
En definitiva, el mensaje de Díaz-Canel en X (antes Twitter) se percibió como una burla para quienes soportan la oscuridad y la sed. Cuba, lejos de ser “amor y Revolución”, como proclamó el gobernante, atraviesa uno de los momentos más oscuros de su historia reciente, donde las “pausas poéticas” parecen privilegios reservados para la élite.
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