Maduro organiza tropas de guerrillas pero no puede ni alimentarlas

Venezuela despliega 200,000 militares en un intento de mostrar fuerza ante Estados Unidos, mientras se prepara para una guerra de resistencia que sus propias tropas dudan poder sostener.

Ministro de Defensa Vladimiro Padrino López y unidades de guerrilla © Captura de video Instagram / padrinovladimir
Ministro de Defensa Vladimiro Padrino López y unidades de guerrilla Foto © Captura de video Instagram / padrinovladimir

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La tensión militar en el Caribe continúa escalando. Mientras Estados Unidos mantiene su despliegue naval frente a las costas venezolanas, el régimen de Nicolás Maduro movilizó este martes a 200,000 efectivos en todo el país, según anunció el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, en un mensaje transmitido por la televisión estatal.

El ejercicio, iniciado a las cuatro de la madrugada, incluye operaciones terrestres, aéreas, navales, fluviales y misilísticas, con participación de la Milicia Bolivariana, cuerpos policiales y comandos territoriales.

“Se han desplegado casi 200,000 efectivos y esto no va en desmedro del despliegue cotidiano que lleva el Comando Estratégico Operacional combatiendo otras amenazas”, afirmó Padrino López, sin ofrecer detalles sobre los recursos materiales utilizados.

La maniobra busca demostrar músculo militar frente a lo que Caracas califica como “amenazas imperiales” de Washington. En paralelo, la Asamblea Nacional chavista aprobó una nueva Ley del Comando para la Defensa Integral de la Nación, destinada a coordinar la respuesta civil y militar ante un eventual ataque extranjero.

Una defensa “prolongada” con sabor a desesperación

Fuentes militares consultadas por Reuters y documentos internos del ejército venezolano revelan que el gobierno planea una respuesta de tipo guerrillera si Estados Unidos lanza una ofensiva.

La doctrina, bautizada como “resistencia prolongada” –y copiada de la “guerra de todo el pueblo” del régimen cubano-, instruye a pequeñas unidades a dispersarse, esconderse y ejecutar sabotajes en más de 280 puntos del país.


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El plan incluye también una segunda estrategia denominada “anarquización”, mediante la cual los servicios de inteligencia y grupos armados leales al chavismo provocarían disturbios en Caracas para volver el país ingobernable a ojos de cualquier fuerza invasora.

Un oficial citado por Reuters lo resumió con crudeza: “No duraríamos dos horas en una guerra convencional. No tenemos cómo enfrentar a uno de los ejércitos más poderosos del mundo”.

Ejército en ruinas

La situación interna de las fuerzas armadas venezolanas contradice la retórica de Maduro. Los soldados ganan menos de 100 dólares al mes, una quinta parte del costo de la canasta básica, y muchos comandantes se han visto obligados a negociar con productores agrícolas para alimentar a sus tropas.

El parque militar —mayoritariamente de origen ruso— está obsoleto y mal mantenido. De los 20 cazas Sukhoi comprados en los 2000, apenas cuatro o cinco estarían operativos. Los helicópteros, tanques y misiles portátiles también datan de hace más de dos décadas.

Pese a ello, Maduro ha ordenado desplegar 5,000 misiles Igla-S en todo el territorio nacional y ha instruido a las unidades a replegarse o esconderse “tras el primer golpe de los gringos”.

“Cualquier fuerza militar del mundo conoce el poder del Igla-S”, proclamó el mandatario en televisión, asegurando que sus operadores están desplegados “hasta la última montaña y la última ciudad”.

Propaganda y debilidad

El despliegue masivo anunciado por Padrino López tiene tanto de operación militar como de maniobra política.

A nivel internacional, busca enviar una señal de resistencia ante el avance estadounidense. Pero dentro del país, los ejercicios sirven para mantener cohesionada la estructura de poder militar, que sigue siendo el principal sostén del régimen.

La retórica belicista también apunta a movilizar a la base chavista con el discurso del asedio externo. “La agresión será respondida con unidad nacional”, dijo el ministro, mientras Maduro repetía su llamado a la “defensa de la patria bolivariana”.

Sin embargo, analistas señalan que el llamado “ejército del pueblo” no tiene capacidad real para sostener un conflicto prolongado. La corrupción, la deserción y el hambre minan la moral de las tropas. “Estamos ante un ejército con hambre y sin gasolina”, comentó un exoficial citado por medios independientes.

Washington observa

La administración de Donald Trump mantiene su despliegue militar con más de 10,000 efectivos, siete buques de guerra y el portaviones USS Gerald Ford de camino a la región.

Washington insiste en que su operación busca combatir el narcotráfico, pero fuentes diplomáticas no descartan que pueda evolucionar hacia una acción directa si la situación se agrava.

Mientras tanto, Maduro parece confiar más en la propaganda que en sus fusiles. Organiza guerrillas sin poder alimentarlas, proclama independencia mientras depende de Moscú, y agita la bandera del patriotismo en un país donde la mayoría solo piensa en sobrevivir.

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