El grupo musical D’Cuba, liderado por Miguel Díaz-Canel Villanueva, hijo del gobernante cubano, ofreció un concierto en Caracas como parte de las actividades de la delegación oficial de la isla en la Ronda de Negocios Internacional celebrada en Venezuela.
El espectáculo, reseñado en la Televisión Cubana, estuvo dirigido a los llamados ‘colaboradores cubanos’ que cumplen ‘misiones’ en ese país (desde médicas hasta represoras), en un acto que mezcló música con propaganda política.
El evento se celebró en el Poliedro de Caracas y fue auspiciado por el ministerio de Turismo de Venezuela y coordinado por la embajada de La Habana en ese país. Según el viceministro de Cultura cubano, Fernando León Jacomino -quien viajó a Venezuela-, se trató del mismo concierto que se realizó durante la inauguración del foro económico, ahora replicado para los cooperantes cubanos.
Curiosamente, desde agosto de 2024, el ministerio de Turismo venezolano lo dirige Leticia Cecilia Gómez Hernández, una cubana nacionalizada venezolana, que llegó a Venezuela en 2001 de la mano del primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, y rápidamente comenzó a escalar posiciones dentro del sector.
La agrupación D’Cuba, integrada por músicos jóvenes sin una trayectoria consolidada en la escena nacional, abrió la velada con un repertorio que incluyó temas de su primer y único disco, y adelantos de un álbum en preparación. Luego, compartió escenario con el sexteto santiaguero Ecos del Tívoli.
En sus declaraciones, Díaz-Canel Villanueva no perdió la oportunidad de imprimir un marcado tono político. “Es una oportunidad tremenda de cantarle a los colaboradores cubanos, a los hermanos nuestros de la patria, que hacen una labor tan importante, tan desprendida, tan de gente buena”, afirmó, calificando el concierto como uno de los más significativos de su vida. S
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Sus palabras, cargadas de referencias patrióticas y a la “labor” de los cooperantes, contrastan con la modestia artística de su grupo, al que la crítica independiente ha señalado como beneficiado por el apellido del padre más que por su calidad musical.
El hecho de que D’Cuba haya sido seleccionado para representar a la cultura cubana en un escenario internacional no ha pasado desapercibido. En un país con abundancia de músicos de gran nivel, la elección de una banda prácticamente amateur dirigida por el hijo del gobernante refuerza las acusaciones de nepotismo y favoritismo en la esfera cultural.
No es la primera vez que la presencia del joven en actos oficiales genera controversia. En fechas recientes, se le vio sentado junto a Nicolás Maduro en una conmemoración del natalicio de Fidel Castro, y su participación fue criticada en redes sociales por la opacidad sobre si actuaba como artista o como representante oficial.
El concierto en Caracas se inscribe en la estrategia de La Habana de reforzar la alianza con Caracas en medio de la crisis que atraviesan ambos regímenes. Pero también muestra cómo la familia presidencial se abre espacios privilegiados en terrenos donde otros artistas, con mayor trayectoria y reconocimiento, permanecen excluidos.
Del 11J a los escenarios
Miguel Díaz-Canel Villanueva, conocido artísticamente como Miguel DeCuba, ha desarrollado su carrera musical bajo la protección institucional.
Su banda, fundada en 2017, ha contado con espacios en universidades, festivales y actos oficiales donde su presencia ha sido promovida como parte del “arte joven” auspiciado por la oficialista Asociación Hermanos Saíz.
Más allá de su faceta artística, el hijo del gobernante designado por Raúl Castro ha expresado públicamente lealtad política a su padre.
Tras las protestas masivas del 11 de julio de 2021, que fueron reprimidas con violencia en la isla, publicó un mensaje en redes sociales en el que asumió la consigna oficial: “¡Pa’ lo que sea pipo, pa’ lo que sea! ¡Patria o muerte!”.
En ese mismo texto, respaldó el llamado presidencial a enfrentar en las calles a los manifestantes, una postura que fue cuestionada por artistas y ciudadanos dentro y fuera de Cuba.
Desde entonces, su discurso ha mantenido un tono abiertamente alineado con la narrativa oficial, exaltando la “defensa de la patria” y el rol de la cultura como herramienta para sostener el sistema.
Este posicionamiento político, unido a las oportunidades que recibe su banda en escenarios oficiales dentro y fuera del país, alimenta la percepción de privilegios asociados a su apellido en un contexto de creciente malestar social y crisis económica en Cuba.
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