En su más reciente intento de manipular la realidad y confundir a la audiencia, el Noticiero Nacional de la Televisión Cubana (NTV) dedicó un extenso reporte a mostrar testimonios de cubanos en Estados Unidos que aseguran vivir con miedo ante las redadas de inmigración, la violencia policial y las dificultades para legalizar su estatus.
El objetivo, disfrazado de empatía, fue en realidad reforzar el viejo mensaje propagandístico de la dictadura: que fuera de Cuba la vida del emigrado es una pesadilla y que el “sueño americano” no existe.
El reportaje, presentado como una denuncia humanitaria, no fue más que otra pieza de manipulación ideológica con la que el régimen intentó desviar la atención de su propia responsabilidad en la tragedia migratoria.
Durante décadas, el régimen totalitario comunista ha expulsado —por represión, hambre y desesperanza— a millones de cubanos que hoy viven en el exilio. Es el mismo Estado que los tildó de "gusanos", que les confiscó sus casas, que les negó la entrada a su propio país y que aún les cobra tarifas abusivas por trámites consulares.
Ahora, con cinismo, pretende mostrarse como defensor de sus derechos en el extranjero.
La estrategia mediática del oficialismo es tan vieja como efectiva: seleccionar fragmentos de testimonios reales para construir un relato distorsionado.
Lo más leído hoy:
El NTV recurrió a videos de redes sociales, grabados por personas desesperadas ante la incertidumbre migratoria, pero eliminando cualquier contexto y, sobre todo, silenciando la causa original de su éxodo: el fracaso del modelo cubano.
Ninguno de los entrevistados habló del régimen, del salario en Cuba, de la represión o de la falta de libertades, pero el noticiero los convirtió en piezas de una narrativa cuidadosamente editada para reforzar la imagen de un Estados Unidos cruel e inhumano.
El mensaje final del reporte —que “el sueño americano se ha convertido en pesadilla”— buscó reactivar un viejo discurso paternalista: el del Estado que advierte a sus ciudadanos que la felicidad solo es posible dentro del sistema socialista.
Lo irónico es que quienes producen esas piezas jamás han tenido que enfrentarse a una redada de inmigración, ni a una fila de pan en La Habana, ni a la represión policial por opinar diferente.
El NTV, como portavoz del poder, no mostró los miles de videos de cubanos agradecidos por las oportunidades en Estados Unidos, ni las historias de éxito de los que levantaron negocios, estudiaron o simplemente viven con dignidad.
Tampoco mencionó que el miedo que sienten muchos emigrantes cubanos en el exilio —como el que aparece en los videos— es el mismo que los acompañó desde Cuba: el miedo al abuso de la autoridad.
El régimen necesita presentar a los emigrados como víctimas del enemigo externo para esconder que fueron víctimas suyas primero. Por eso utiliza la televisión pública, financiada con los impuestos de un pueblo empobrecido, para fabricar empatía falsa y fingir preocupación por aquellos a quienes condenó al exilio.
Mientras los medios oficialistas siguen editando lágrimas ajenas para su propaganda, en la isla continúan las mismas causas del éxodo: salarios miserables, apagones, censura y represión.
Ninguna campaña del NTV podrá ocultar que el verdadero drama cubano no está en Miami, sino en Cuba.
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