“Merry Christmas, Serguéi”: El sarcasmo con que Marco Rubio adelantó la inacción rusa en Venezuela



En declaraciones a finales de diciembre, Rubio anticipó con humor la falta de acción militar rusa en Venezuela, destacando la limitada respuesta de Moscú ante la captura de Maduro y reforzando la hegemonía regional de EE. UU.

Serguéi Lavrov y Marco Rubio Foto © RTVE - Captura de video X / @StateDept

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Días antes de la captura de Nicolás Maduro, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dejó entrever que no esperaba una reacción militar real de Rusia ante un eventual ataque estadounidense en Venezuela.  

Sus palabras, pronunciadas el 19 de diciembre en una conferencia de prensa en Washington, han cobrado nueva relevancia tras constatarse que Moscú se ha limitado a emitir comunicados y condenas diplomáticas, sin dar un paso más allá.

En aquel encuentro, Rubio fue consultado por el riesgo de una escalada con Rusia después de que el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, advirtiera que sería “un error fatal” bloquear el petróleo venezolano o intentar derrocar al régimen chavista. Con tono socarrón, el secretario de Estado respondió: 

“No estamos preocupados por una escalada con Rusia. Siempre esperamos que dieran apoyo retórico a Maduro. Tienen las manos llenas en Ucrania. Y si me está viendo, Sergei [Lavrov], ¡feliz Navidad!”. 

Aquella ironía de Rubio, entonces percibida como una provocación diplomática, se ha revelado proféticamente precisa.  

Desde el inicio de la presión estadounidense contra Caracas, el Kremlin ha emitido una larga secuencia de comunicados condenando la “agresión imperialista” de Washington, pero sin acompañar esas palabras de ninguna acción efectiva. 


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Entre ellos, Rusia “presentó una solicitud diplomática” exigiendo a Estados Unidos abandonar territorio venezolano, y otra este 3 de enero, en la que Moscú “prometió una respuesta inmediata” al presidente Donald Trump, que nunca llegó.  

Paralelamente, la televisión venezolana difundió imágenes de sistemas antiaéreos rusos S-300, en aparente despliegue, que fueron inutilizados por el fuego estadounidense durante los bombardeos sobre Caracas y La Guaira. 

El patrón de “solidaridad sin intervención” recuerda, según analistas, la estrategia que Moscú adoptó en Siria tras 2020, cuando, pese a su respaldo histórico al régimen de Bashar al-Assad, comenzó a replegar recursos y limitar su participación militar a operaciones simbólicas.  

En ambos casos, la defensa de sus aliados quedó confinada al terreno diplomático y mediático. 

Mientras tanto, fuentes diplomáticas occidentales y analistas de defensa coinciden en que Rusia carece actualmente de capacidad operativa para proyectar poder militar en América Latina, una región que el propio Kremlin reconoce como “zona de influencia directa de Estados Unidos”.  

Las sanciones económicas derivadas de la guerra en Ucrania y el desgaste del conflicto han reducido el margen de maniobra de Moscú, limitando su apoyo a Venezuela a gestos simbólicos y declaraciones diplomáticas. 

Mientras tanto, el discurso oficial ruso ha transitado desde la beligerancia inicial hacia un tono más prudente. El 3 de enero, Lavrov llamó al “diálogo” y a evitar “una catástrofe regional”, reconociendo implícitamente que Moscú no intervendrá.  

Días antes, el propio Vladimir Putin había prometido un “apoyo total” a Maduro, asegurando que “Rusia no abandonará a sus aliados”. Los hechos lo desmintieron. 

La operación estadounidense —concluida en cuestión de horas y sin bajas propias— confirmó lo que Rubio había anticipado: que el poder ruso en el Caribe era puramente simbólico. En palabras del propio secretario, “la retórica de Moscú no es un factor en cómo consideramos esta situación”. 

Expertos en política internacional interpretan la falta de reacción rusa como un golpe a su narrativa de potencia global. Analistas coinciden en que Rubio anticipó con sarcasmo la falta de respuesta real de Rusia, exponiendo la debilidad de su influencia fuera del ámbito euroasiático. 

Para Washington, el resultado refuerza su hegemonía regional y evidencia la decadencia del eje Moscú–Caracas–La Habana, hoy debilitado por crisis económicas, sanciones y divisiones internas. 

Rubio lo dijo con una sonrisa: “Felices fiestas, Sergei”. Lo que parecía un comentario de salón se convirtió, días después, en una sentencia geopolítica: el Kremlin solo pelea batallas que puede narrar, no ganar. 

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.




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