La hipocresía del régimen: Cuba llorará a los “combatientes” que decía que no existían



El régimen cubano ha quedado en evidencia: tras años de negar presencia militar en Venezuela, ahora admite la muerte de 32 combatientes de la seguridad personal de Nicolás Maduro.

Efectivo de Tropas Especiales cubanas (imagen de referencia) Foto © Adelante / Leandro Pérez Pérez

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Durante años, el régimen cubano sostuvo con insistencia —y con tono indignado— que no había tropas de la isla en Venezuela.

Lo repitieron Miguel Díaz-Canel, Bruno Rodríguez Parrilla, el diario Granma y toda la maquinaria propagandística del Estado: “Cuba no tiene tropas ni participa en operaciones militares en Venezuela”.

Sin embargo, la versión oficial se derrumbó estrepitosamente este 4 de enero de 2026, cuando el propio diario Granma, órgano del Partido Comunista de Cuba, publicó un comunicado del llamado "gobierno revolucionario" confirmando lo que durante más de una década fue negado: la presencia activa de combatientes cubanos en operaciones militares dentro de territorio venezolano.

Perdieron la vida en acciones combativas 32 cubanos, quienes cumplían misiones en representación de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y del MININT (ministerio del Interior), a solicitud de órganos homólogos del país sudamericano”, reconoció el texto oficial.

Con esa frase, el régimen enterró su propia narrativa, aquella que desde al menos 2019 había calificado como “mentiras imperialistas” las denuncias de Washington y organismos internacionales sobre la participación cubana en la seguridad de Nicolás Maduro.

La nota de Granma evitó mencionar el contexto en que se produjeron las muertes. No hubo una sola referencia a la captura de Nicolás Maduro, ni a la operación militar estadounidense en la que se desarrollaron los combates.


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Tampoco se identifica el lugar —Caracas— ni el hecho de que los cubanos formaban parte del dispositivo de seguridad personal del gobernante venezolano, según confirmaron fuentes internacionales y el propio Donald Trump.

En su lugar, la prensa del régimen recurrió a un lenguaje genérico y propagandístico, describiendo los hechos como un “criminal ataque” y a los fallecidos como “víctimas del terrorismo de Estado”, en un hipócrita y patético intento de reformular una derrota militar como un sacrificio heroico, eludiendo reconocer la verdadera naturaleza de su presencia armada en Venezuela y la dimensión política del golpe sufrido junto a su principal aliado.

De la negación indignada al reconocimiento forzado

En mayo de 2019, Díaz-Canel exclamaba en Twitter: “¡Basta de mentiras! No hay tropas cubanas en Venezuela”.

Ese mismo año, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla tachó de “infames” las afirmaciones del entonces vicepresidente estadounidense Mike Pence, y el diario Granma ironizaba asegurando que “los únicos soldados cubanos en Venezuela son los médicos”.

Incluso tan recientemente como en diciembre de 2025, la diplomática cubana Johana Tablada de la Torre calificaba de “ignorante” a Marco Rubio, después de que el secretario de Estado estadounidense señalara que “el aparato de seguridad interna de Maduro está completamente controlado por cubanos”.

Ahora, el comunicado publicado por Granma confirma punto por punto las denuncias que La Habana había desmentido durante años.

Los 32 fallecidos —según fuentes de inteligencia estadounidense, integrantes de la escolta personal de Maduro— murieron “en combate directo” o bajo los bombardeos que acompañaron la operación de captura ejecutada por fuerzas estadounidenses en Caracas.

Hipocresía y propaganda

La retórica oficial, que intenta presentar a los caídos como “héroes internacionalistas” y “víctimas del terrorismo de Estado”, se enmarca en un intento desesperado de reformular una derrota como un acto de heroísmo.

Pero más allá de la épica propagandística, la admisión de su presencia militar es una confesión involuntaria: Cuba sí tenía fuerzas desplegadas en Venezuela, algo que agencias de inteligencia occidentales, la OEA y ONGs de derechos humanos venían documentando desde hace años.

El discurso de solidaridad se revela, así, como lo que siempre fue: la máscara de un intervencionismo militar directo, justificado por los intereses económicos y de supervivencia del castrismo, dependiente del petróleo venezolano.

Mientras La Habana decreta duelo nacional y enarbola la bandera a media asta, el mundo observa cómo el régimen que durante décadas se jactó de “no mentir jamás al pueblo” acaba de firmar su propia contradicción histórica.

La verdad, enterrada durante años bajo la retórica revolucionaria, ha salido finalmente a la luz —y con ella, el testimonio inapelable de 32 vidas cubanas perdidas en tierra extranjera en cumplimiento de órdenes que el régimen juró durante años que no existían.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.




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