La publicación de la lista oficial con los nombres y rostros de los 32 militares cubanos fallecidos en Venezuela durante la captura de Nicolás Maduro, difundida por el régimen de La Habana a través de medios estatales y replicada por CiberCuba Noticias, generó una avalancha de reacciones en redes sociales, marcadas por la indignación, el sarcasmo y el dolor.
El post alcanzó en pocas horas más de 30,000 reproducciones y cientos de comentarios, convirtiéndose en uno de los temas más debatidos desde que el régimen cubano reconociera por primera vez la presencia de tropas en territorio venezolano.
Una parte significativa de los comentarios apuntó a la hipocresía del régimen, que durante años negó categóricamente su presencia militar en Venezuela.
“Bastante que lo negaban, y ahora publican sus fotos con uniforme y grado”, escribió un usuario, mientras otro ironizó: “Según Bruno Rodríguez, en Venezuela no había militares cubanos; ahora hay 32 muertos. ¿Cómo se explica eso?”.
Otros criticaron duramente el carácter mercenario de la misión: “El gobierno cubano no envía soldados por principios, los vende. Murieron defendiendo a Maduro, no a Cuba”, escribió un comentarista, que calificó el suceso como “trata humana con uniforme”.
El tono de muchos mensajes fue abiertamente hostil. “Treinta y dos chivatos menos”, escribió un usuario; “Dios es justo, murieron los mismos que golpeaban al pueblo el 11J”, agregó otro. Varios compararon la operación con un ajuste de cuentas: “Los enviaron a morir; sabían demasiado”.
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Sin embargo, también hubo voces que pidieron respeto. “Eran seres humanos, cubanos con familia; en momentos así hay que tener compasión”, apuntó una mujer desde La Habana. Otros lamentaron que jóvenes fueran enviados a “morir por un país que no era el suyo”.
El comentario más compartido fue el del historiador Jorge L. León, quien calificó de “indecente” llamar héroes a los caídos: “No murieron por la patria ni por la soberanía, murieron defendiendo a un dictador extranjero. Eso no es heroísmo, es mercenarismo impuesto por el hambre”, escribió.
También hubo espacio para la burla y el desencanto. “Pensé que eran jóvenes, pero parecen salidos de un hogar de ancianos”, ironizó un internauta. Otro resumió el sentimiento generalizado: “La mentira les explotó en la cara. Durante años hablaron de médicos; hoy enseñan coroneles”.
El anuncio oficial, lejos de unificar al país, reavivó las fracturas entre quienes defienden la “solidaridad internacionalista” y quienes ven en estos hechos la prueba definitiva de que La Habana usa la vida de sus ciudadanos como moneda de cambio.
Mientras el régimen intenta glorificar las muertes, la indignación en las redes muestra una narrativa opuesta: la de un pueblo que ya no cree en los símbolos de una épica revolucionaria agotada.
Como escribió una comentarista: “Murieron como víctimas de un sistema que los empobreció, los engañó y los sacrificó. Y eso es lo que el gobierno nunca va a reconocer”.
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