En medio de las tensiones políticas y diplomáticas desatadas tras la operación militar estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Caracas, la presidenta interina Delcy Rodríguez hizo un anuncio llamativo.
Durante la inauguración este viernes de obras de salud en La Candelaria, Caracas, Rodríguez afirmó que su gobierno está explorando la reapertura de embajadas con Estados Unidos bajo el argumento de “reiterar la denuncia contra la agresión” que, según ella, sufrió el pueblo venezolano.
Durante su intervención, Rodríguez —en la que también agradeció el respaldo de líderes como los presidentes de Brasil, Colombia y España, y del emir de Qatar— insistió en que el objetivo de restablecer misiones diplomáticas es defender la paz, la estabilidad y la soberanía de Venezuela, y asegurar el retorno de Maduro y su esposa gracias al presunto poder y ejemplaridad moral de la "diplomacia bolivariana".
Sin embargo, su discurso presentó pausas y construcciones que, lejos de clarificar la postura oficial, mostraron las tensiones internas del chavismo frente al nuevo escenario político.
El anuncio se produce en un contexto donde tanto Caracas como Washington han dado señales de querer reconstruir relaciones internacionales después del ataque.
Funcionarios del Departamento de Estado de EE.UU. han viajado a Caracas para evaluaciones técnicas y logísticas de una “posible reanudación gradual” de las operaciones de la embajada estadounidense, cerrada desde 2019.
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Además, el régimen venezolano ha declarado su intención de enviar una delegación a Estados Unidos para avanzar en ese proceso.
Las posturas públicas de Rodríguez muestran un balance delicado entre condenar la acción militar de EE.UU. y aceptar, al mismo tiempo, la necesidad de dialogar con la potencia que lideró la incursión.
En varios comunicados previos, la funcionaria invitó a Washington a trabajar en una “agenda de cooperación orientada al desarrollo compartido” y sostuvo que Venezuela aspira a relaciones respetuosas basadas en igualdad soberana y no injerencia.
Expertos políticos señalan que este giro diplomático es parte de una estrategia pragmática del chavismo para proteger la estabilidad interna del país y sus intereses petroleros, mientras intenta mantener un discurso de firmeza frente a la población y a las facciones más radicales dentro del oficialismo.
La apertura de canales con Washington, que Rodríguez intentó revestir de denuncia y dignidad, refleja una adaptación del régimen a las nuevas realidades de poder regional: negociar con quien, apenas semanas atrás, lideró una operación militar que desarticuló el núcleo del régimen venezolano.
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