El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, anunció este martes en la Casa Blanca la disposición de la compañía española a triplicar su producción petrolera en Venezuela y a reforzar su presencia en Estados Unidos.
El directivo de la petrolera española celebró ante el presidente estadounidense Donald Trump el ambicioso plan impulsado por este para reactivar la industria energética del país caribeño tras la captura de Nicolás Maduro.
“Estamos listos para invertir más en Venezuela y triplicar la producción allí en los próximos dos o tres años”, afirmó Imaz durante una reunión en Washington convocada por Trump, en la que participaron los máximos ejecutivos de Chevron, ExxonMobil, Shell y Repsol, entre otros gigantes del sector.
El objetivo del encuentro fue definir la hoja de ruta para la reconstrucción del sistema energético venezolano, devastado tras años de corrupción, mala gestión y sanciones internacionales.
El mandatario estadounidense urgió a las principales petroleras a movilizar hasta 100,000 millones de dólares en inversiones privadas para reactivar la extracción y refinación de crudo en Venezuela, sin participación directa de fondos públicos, pero bajo garantías de seguridad jurídica, protección política y respaldo militar de Washington.
“El petróleo venezolano no volverá a estar en manos del crimen y la tiranía”, dijo Trump en su intervención, aludiendo al colapso energético bajo el chavismo, según reporte de El País.
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En este contexto, Imaz destacó la doble apuesta estratégica de Repsol: consolidar su presencia en Estados Unidos y aumentar su producción en Venezuela.
“Somos una empresa española, pero plenamente comprometida con Estados Unidos. En los últimos 15 años hemos invertido 21,000 millones de dólares en la industria del petróleo y el gas, desde Texas hasta Alaska”, subrayó.
Asimismo, recordó que Repsol ha sido uno de los principales actores en el descubrimiento del campo Pikka, en Alaska, considerado clave para revertir la caída histórica de la producción en ese estado.
Respecto a Venezuela, el ejecutivo detalló que Repsol mantiene una alianza con la italiana Eni, a través de la cual produce el gas que “garantiza la estabilidad de la mitad de la red eléctrica venezolana”.
Actualmente, la compañía española produce 45,000 barriles diarios brutos, pero según Imaz, “está lista para multiplicar por tres esa cifra en los próximos dos o tres años, invirtiendo fuertemente en el país, siguiendo las recomendaciones del presidente Trump”.
El anuncio llega en un momento decisivo para el futuro del petróleo venezolano. Desde la detención de Maduro el 3 de enero por una operación de la Delta Force estadounidense, Washington ha tomado el control del proceso de transición y ha impulsado una política energética centrada en atraer capital extranjero para reactivar el sector.
Días antes, Trump había ordenado un bloqueo petrolero total al régimen de Maduro y la incautación de buques y cargamentos de crudo con destino a aliados del chavismo, como China e Irán. Posteriormente, reveló que parte del petróleo confiscado sería redirigido a las reservas estratégicas de EE. UU. o vendido en el mercado internacional.
En paralelo, el presidente estadounidense anunció que Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos como parte de los acuerdos con las nuevas autoridades interinas lideradas por Delcy Rodríguez, bajo supervisión directa de Washington.
Las medidas han reconfigurado el tablero energético global y abierto oportunidades inéditas para las grandes petroleras occidentales. Venezuela, que posee las mayores reservas de crudo del planeta, se perfila nuevamente como un escenario de alto potencial, aunque cargado de riesgos.
La infraestructura del país sigue deteriorada tras años de desinversión y corrupción, y el nuevo marco legal propuesto por EE. UU. aún genera incertidumbre entre los inversores.
Aun así, el compromiso expresado por Repsol y otras multinacionales refleja el nuevo alineamiento del capital energético internacional con la estrategia de Trump, que busca no solo recuperar la producción venezolana, sino también reforzar el control estadounidense sobre el flujo y comercialización del petróleo latinoamericano, con impacto directo en los precios globales, y en potencias rivales como China y Rusia.
“Gracias, señor presidente, por abrir la puerta a una mejor Venezuela”, concluyó Imaz, ante un Trump visiblemente satisfecho.
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