El régimen cubano intentó maquillar el distanciamiento político y económico con Venezuela manipulando un comunicado oficial emitido por la Cancillería venezolana el 11 de enero de 2026, en el que Caracas ratificaba su “postura histórica” en las relaciones con Cuba.
La versión transmitida por el Noticiero Nacional de Televisión (NTV) distorsionó el contenido, eliminando referencias diplomáticas e introduciendo una narrativa ideológica centrada en el “legado de Chávez y Fidel”.
El texto original del gobierno venezolano, difundido en la red social X, destacaba la autodeterminación y la soberanía nacional “conforme a la Carta de las Naciones Unidas y al Derecho Internacional”, e incluía un llamado al “diálogo político y diplomático” para resolver controversias pacíficamente.
Sin embargo, el comunicado no hacía mención a Estados Unidos ni contenía frases de confrontación.
El NTV, en cambio, eliminó las referencias al Derecho Internacional y al diálogo, reemplazándolas con afirmaciones inexistentes en el documento original.
Entre las interpolaciones más evidentes, el medio oficialista incorporó pasajes sobre “el proyecto latinoamericano visionado por Bolívar y Martí” y una exaltación al “legado de Chávez y Fidel”, además de introducir un párrafo en el que acusaba a Washington de intentar “fragmentar la unión de nuestras naciones”.
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Ninguna de esas frases aparece en el texto oficial de la Cancillería venezolana.

La versión cubana buscó reforzar la imagen de una alianza inquebrantable entre ambos regímenes, justo cuando esa relación atraviesa su momento más frágil en dos décadas.
El comunicado venezolano fue una respuesta directa a las declaraciones del presidente Donald J. Trump, quien ese mismo día advirtió desde su red social Truth Social que Estados Unidos pondría fin inmediato al envío de petróleo y dinero procedentes de Venezuela a Cuba.
“No habrá más petróleo ni dinero para Cuba: cero”, escribió Trump, recordando que durante años La Habana dependió de los recursos venezolanos a cambio de apoyo de inteligencia y seguridad.
Esa advertencia, sumada a la captura de Nicolás Maduro y a la instauración del gobierno interino de Delcy Rodríguez bajo supervisión de Washington, ha modificado drásticamente el equilibrio regional.
El nuevo gobierno venezolano mantiene una línea diplomática más prudente, orientada a la estabilidad interna y al cumplimiento de las condiciones impuestas por Estados Unidos para la transición democrática.
En ese contexto, la manipulación del comunicado por parte de La Habana evidenció un intento desesperado de mantener la apariencia de unidad ideológica. La eliminación de referencias legales y diplomáticas, junto con la inserción de símbolos revolucionarios, responde al interés del régimen cubano de sostener la narrativa de continuidad bolivariana pese al colapso material de la alianza.
Desde finales de diciembre, el suministro de crudo subsidiado desde Venezuela hacia Cuba se ha reducido casi a la mitad, y los acuerdos de cooperación en salud y seguridad se encuentran bajo revisión.
Sin ese apoyo, la economía cubana enfrenta una crisis energética aún más profunda, con apagones prolongados, escasez de combustible y un escenario de inestabilidad que amenaza la sostenibilidad del modelo impuesto por el castrismo.
El contraste entre el texto oficial venezolano —diplomático, prudente y orientado al diálogo— y la versión propagandística del NTV —ideológica y confrontacional— revela hasta qué punto el aparato mediático cubano intenta controlar la percepción pública para ocultar un cambio histórico.
La era Chávez-Fidel, que sostuvo durante dos décadas el eje Caracas-La Habana, se apaga definitivamente bajo la presión de Washington y el nuevo mapa de poder regional.
La manipulación no solo distorsiona la realidad política, sino que delata el miedo del régimen cubano a reconocer su aislamiento. El mensaje de fondo es claro: la “hermandad revolucionaria” ya no existe, y La Habana intenta prolongar un relato que Caracas ya empieza a dejar atrás.
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